| Poesía
del momento, Nº 124 b |
Segunda
de noviembre de 2006 |







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Qué tristeza, mujer;
anhelante, desnuda y a la espera,
incapaz de atrapar la primavera
que entre las manos sientes florecer.
Brevería Nº 850
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Breverías
1581
Es corta la memoria, y es larga, y selectiva,
y cada cual recuerda lo que evocar prefiere;
y se escribe la historia como cada uno quiere,
con absurda ignorancia, o intención subversiva.
El imbécil repite las cosas que no entiende,
que ha bebido otro imbécil en fuentes de rencor;
no importa si es mentira, o es verdad, o es error,
sólo importa la idea que cada cual defiende.
1582
Hay niños de seis años que nunca han sido nada,
y quieren de repente ser rey o ser león;
y hay pies que hacerse quieren cabeza acreditada,
y gente, pobre gente, que se piensa nación.
1583
Estás hecha del aire, del agua, del sonido,
todos colaboraron en tu naturaleza;
yo te respiro y bebo y escucho, y me he dormido
en el sereno abrazo donde tu vida empieza.
1584
Me conociste un día sin conocerme apenas,
y aprendiste mi nombre muchos años más tarde;
tantas cosas tuvimos, personales y ajenas,
que no identificamos, uno y otro cobarde.
Cuando al fin el relámpago reventó en osadía,
vimos quebrarse el negro hierro de los grilletes,
y liberados ambos, nuestra ofrenda tardía
fue una infancia madura de ritos y juguetes.
1585
La luz no es el silencio que parece;
al hacerse la luz, se engendró el ruido;
el caos era sombra, enmudecido,
al encenderse, el orden ensordece.
A oscuras, sin palabras, sin rumores,
en la calma infinita, programada,
que precede a la nueva llamarada,
cíñete a mí, perfil de mis amores.
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Poemas
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Presencia
La sala es como un alma adormecida,
y oigo rítmicos, suaves, sus latidos.
A nadie veo, pero sé que pasas
por su penumbra. Tibios remolinos
en el aire denuncian tu presencia,
aunque el espejo es un cristal tranquilo.
Siete sillas se acercan a la mesa,
pero la octava rompe el equilibrio,
separada y en ángulo. Me acerco
con el leve sigilo
de quien se atreve y a la vez fluctúa;
mis dedos son temblores; los deslizo,
flotantes en el aire,
esperando el contacto del vestido,
de tu espalda, el cabello derramado
sobre tus hombros, pero no percibo
la fricción o relieve anticipados,
y recojo la mano, la retiro.
Sé que aún estás, sin verte, sin tocarte,
eres tan evidente…, cada indicio
de tu presencia no produce imagen,
ni tacto, ni perfume, ni el crujido
de la tarima bajo el pie tan leve,
y sin embargo sé que estás conmigo,
casi a mi alcance, como cuando observo
ligera oscilación en los visillos.
Te hablo en voz baja, porque sé que me oyes,
no puedes responder, pero sonrío
adivinando tu sonrisa tenue
cada vez que a tu espíritu me arrimo.
O quizá lo atravieso, o permanezco
dentro de ti a la vez que te persigo.
Ah, qué abrazo integral, no superpuestos,
sino en acoplamiento posesivo.
No siempre estás aquí, pero hoy qué claro
diciéndomelo está el sexto sentido.
Me sentaré en tu silla,
te sentarás conmigo,
y cerraré los ojos, sin dormirme,
y habrá, no sé si un solo, o dos suspiros.
Los Angeles, 9 de noviembre de 2006
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Cementerio
En este cementerio no hay tristeza,
ni soledad tampoco, ni alegría,
ni los muertos están, ya sólo barro,
ni se acercan los vivos de visita.
Sólo hay serenidad imperturbable,
como una niebla fina
flotando sobre lápidas y estatuas,
que tantas cosas en silencio gritan.
Las fechas no hablan ya, ¿qué han de decirnos?,
nació, murió, los años y los días
ni definen al muerto cuando muerto,
ni perfilan su imagen cuando en vida.
Los nombres guardan un recuerdo en piedra
que casi siempre se perdió en la brisa.
Sobre la tierra, el mármol o el granito,
la división de clases, jerarquías,
más para beneficio de los vivos,
los muertos ya igualados en cenizas,
incapaces de ver la diferencia
entre rosas lozanas y marchitas.
Trepa la hiedra por los muros pardos
de la vieja capilla,
reliquia del pasado,
que se ha quedado en el ayer dormida.
La hiedra, vivo abrazo donde todo
lo que una vez vivió, ya está sin vida.
Siempre el ciprés, adusto centinela,
mas sin saber por qué o a quién vigila.
El cementerio es hoy ese sosiego
que sigue al abandono, a la partida,
cuando el dolor ya se ha desvanecido
y se vuelve de nuevo a la rutina
Los Angeles, 9 de noviembre de 2006
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1586 - Fantasma
Me dijo que me amaba todavía.
¿Quién ama desde el centro de la muerte?
¿Es la guadaña ardid que nos convierte
en amantes de nuevo? ¡Qué ironía!
El tiempo viene y huye. Nace el día,
para morir más tarde, y si revierte
mañana en nueva luz, no es que despierte
lo que ayer se durmió; nunca podría.
Se suicidó a la orilla de mi vida,
y la enterré. Tal vez arrepentida,
solicitó en la sombra redención.
Y ahora es fantasma que en la noche clama
por el amor de este hombre, y por la cama
que alberga en desnudez otra pasión.
Los Angeles, 10 de noviembre de 2006

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1588 - Vuelo
Resuelto hilvanaré plumas y cera,
Dédalo en fuga de mi laberinto;
se me ha quedado estrecho este recinto,
y por volar el alma desespera.
Qué ancho mar entre mi isla y tu ribera,
tu paisaje del mío, qué distinto,
allí el clavel, la orquídea y el jacinto,
aquí el ladrillo, el yeso y la madera.
Las cosas ordinarias, repulsivas,
parecen carecer de alternativas,
y se aceptan, se sufren, nos invaden.
Dos alas hoy a fabricar empiezo
que me arranquen del tedio, del bostezo,
y a tu radiante orilla me trasladen.
Los Angeles, 11 de noviembre de 2006
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1589 - Tocado
Como una rama me rozó la frente,
como una gota humedeció mi cara,
brilló en mis ojos como luna clara,
hirió mi oído como voz urgente.
Hoy he sido tocado. De repente,
todo a mi alrededor es algazara,
invierno en primavera se declara,
la sombra es luz, la oposición consiente.
No sé qué mano cálida, invisible,
¿ángel?, ¿ninfa?, se me ha hecho disponible
por los cinco senderos del sentido,
por las rutas del alma más discretas.
En mi muralla se han abierto grietas,
y soy, a través de ellas, invadido.
Los Angeles, 11 de noviembre de 2006

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Música de fondo: "Creación", de Fernando Sor/Haydn
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