| Poesía
del momento, Nº 108 c |
Tercera
de julio de 2005 |





Me esperarás, y volveré a tu lado,
no como amigo ya, mas como amante;
mi fantasía del amor distante
humo ha sido, en el aire evaporado.
Ya no miro hacia atrás; estoy cansado
de dar sin recibir; voy, caminante,
hacia tu mundo azul, donde el instante
se transforma en sendero prolongado.
Has esperado tanto…, y esa espera,
tan injusta y cruel, mi compañera,
ha llegado a su fin; en ti me vierto.
Agua para tu sed hay en mi vaso,
y en la ceniza gris de mi fracaso,
la última llama tímida se ha muerto.
Soneto Nº 910, "Has esperado tanto".
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Breverías
1371
Rodeados de muros, pero abiertos al cielo,
libres somos de mente, que nos juzguen cautivos;
nuestro espacio en la tierra lo recubre un pañuelo,
pero aún esos confines resultan excesivos.
¿Para qué preocuparnos de entronizar la arcilla
si es la luz de su lámpara lo que la noche ahuyenta?
Duérmanse entre los muros temor y pesadilla,
y álcese en vuelo el alma, de libertad hambrienta.

1372
Eres mi linea curva, qué hermosa geometría
de sedosos contornos, sin vértice ni arista;
la linea recta hiere, y es desdeñosa y fría,
pero la curva es arco triunfal de la conquista.
Circúndeme tu abrazo, rócenme tus caderas,
y ofrézcanse desnudas tus firmes semiesferas.

1373
Tiene mi larga noche dos almohadas,
una me acoge y besa a su manera,
la otra, inmóvil, espera, espera, espera
escuchar el rumor de tus pisadas.
Y al no llegar, su lado de la cama
se enfría más y más, silencio y hielo
en la calma sin calma del desvelo,
y en voz de trémula ansiedad te llama.

1374
Me afirmo en el regazo inconfundible
de tu febril palabra sigilosa;
no tengo más de ti, tan luminosa
y al mismo tiempo tan inaccesible.
Palabra escrita, hablada, que me abraza
con estrechez de anillos de serpiente;
palabra tan contigua y tan ausente
que me acuna y también me despedaza.

1375
Agua soy que, aunque dance en surtidores,
tengo destino hacia la horizontal;
sumérgete en mi estanque, no demores
fracturar mi epidermis de cristal;
deshoja sobre mí todas tus flores
en mudo reventón primaveral.
Entrégame tu espalda, flota, yace,
desnuda piel que al tacto se deshace.
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Poemas
Para el ayer dormido
Tengo en ti la certeza de ese único momento
detector de la estrella fugaz que se diluye;
como si sólo viera circunstancial fragmento
de tu alma desprendido, que apenas llegar, huye.
Un instante, una rueda del tren de tu existencia
con su ruido y sus vueltas, sin ayer ni mañana,
palabra henchida de aire, veloz, sin permanencia,
golpe aislado en la quieta mudez de la campana.
Eres un hoy tan sólo, viejo eslabón aislado
que ni enlaza al amante, ni al cautivo encadena,
un drama que ha tenido su guión mutilado,
quedando únicamente la trama de una escena.
Aún puedo estar contigo, porque una vez tuvimos
la misma sed ardiente, y el agua compartida;
o tal vez lo soñamos, pero si lo creímos,
aún es, en cierto modo, parte de nuestra vida.
Me quedaré esta noche, sin volver la mirada
a las rosas que un día crecieron en mi huerto;
sin esperar que broten otras a la alborada,
para el ayer dormido, sólo para hoy despierto.
Los Angeles, 22 de julio de 2005

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1316 - Llovizna
Amparada en la pálida neblina,
como al acecho de mi piel, te veo
improvisando tenue ronroneo
que no se escucha, pero se adivina.
Resbalas sobre mí, llovizna fina,
con tacto de caricia, de aleteo;
qué suave incitación, qué galanteo
sutil de cortesana o concubina.
Cerrado mi paraguas, y yo abierto
a tus dedos minúsculos, advierto
cómo cada uno en levedad me toca.
No sé si me apaciguas o estremeces,
pero al cubrirme de humedad, pareces
un beso ligerísimo en la boca.
Los Angeles, 23 de julio de 2005
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1317 - Tatuaje
Un tatuaje, la rosa recostada
casi al pálido pie de la vertiente
del seno, semiesfera adolescente
en pleamar de madurez anclada.
Apenas ostensible a la mirada,
con esa ingenuidad medio inocente
de quien camufla y a la vez consiente,
finge el repliegue y tiende la emboscada.
Oh, la belleza oscura de la rosa,
impúdica a la vez que pudorosa,
semioculta en temblor tras el encaje.
Ay, descuidé tus ojos y sonrisa,
alondras olvidadas en la brisa,
absorto en la visión de tu tatuaje.
Los Angeles, 24 de julio de 2005

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Sin retoques
Sin máscara, limpio el rostro,
sin biombo de colores,
sin pinceladas barrocas
que el semblante distorsionen,
tal como eres, cristalera
transparente, que no esconde
si se avergüenza, fragancia
tan pura como las voces
que no saben disfrazarse,
tan natural como el bosque,
luciendo sus propios tonos,
sin adornos, sin retoques.
Te prefiero desprovista
de artificios que deformen
la tersa naturaleza
de tus rasgos; no hay visiones
más legítimas, ni adagios
más melódicos, ni hay flores
más auténticas que el brillo
sin limar de que dispones.
El maquillaje es limosna
que se proporciona al pobre,
empalizada, aunque tenue,
que entre amantes se interpone.
Llegue mi tacto sedoso
a tu piel virgen, en donde
no hayan dejado sus huellas
dedos falsificadores;
desnuda también de rostro,
luna llena a medianoche,
sin pinceladas barrocas,
sin adornos, sin retoques.
Los Angeles, 29 de julio de 2005
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