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Original de
- Como
el sol en el mar va mi descenso,
- alzando
sombra, despertando bruma;
- de
la caricia leve de la espuma
- surge
un adiós arrebatado, intenso.
-
- Ha
de volver a ti una nueva aurora,
- refulgente
de luz y de belleza;
- y
ese dolor brutal, esa tristeza,
- cederán
a otra brisa soñadora.
-
-

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Número 77b
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Segunda entrega
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Diciembre 02
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- 989
- Quise
huir a las zonas donde el placer
dormita,
- en
búsqueda de tibia, plácida
indiferencia;
- mas
no tengo madera de ascético eremita,
- ni
podría tampoco sobrevivir tu
ausencia;
- y
he quedado a tu lado, donde la carne
agita
- su
estandarte rebelde, bogando en
turbulencia;
- no
quiero inocularme contra ti o tu
contagio,
- o
iré a flote contigo, o contigo al
naufragio.
-
-
- 990
- Tú
en torno a mí, yo empiezo a
oscurecerme,
- me
haces el mundo externo inaccesible,
- borras
cuanto es visible,
- y
aún lo invisible se disipa o duerme,
- como
si un manto de tiniebla densa
- cerniera
sobre mí sombríos pliegues...
- aunque
enjaules mi mente, aunque me ciegues,
- no
encontrarás mi línea de defensa.
-
-
- 991
- Hay
una soledad de la corona,
- y
hay una soledad de la tiara;
- soledad,
una y otra, que razona,
- soledad
que confina, que separa;
- mi
soledad conmigo te arrincona,
- como
si en mí, sin ti, me desplomara.
- Ay,
esta soledad que a ti me lleva,
- mi
vieja soledad, siempre tan nueva.
-
-
- 992
- Flota
en el aire lúcido el recuerdo
- de
aquel lugar tan nuestro, de aquel día;
- llega
a mí como suave melodía,
- y
en su armónica ráfaga me pierdo.
-
- Cierro
los ojos, se alza tu figura
- en
tembloroso surtidor de fuego,
- y
a su vibrante convulsión me entrego,
- ahuyentando
su luz mi noche oscura.
-
-
- 993
- Como
el sol en el mar va mi descenso,
- alzando
sombra, despertando bruma;
- de
la caricia leve de la espuma
- surge
un adiós arrebatado, intenso.
-
- Ha
de volver a ti una nueva aurora,
- refulgente
de luz y de belleza;
- y
ese dolor brutal, esa tristeza,
- cederán
a otra brisa soñadora.
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- 994
- Una
mitad de mí estuvo perdida,
- cautiva
de otros sueños, de otros ojos,
- y
al fin apareció, rota y herida,
- perdiendo
el alma a borbotones rojos.
-
- Yo
la abracé, y se reclinó en mi
abrazo;
- no
murió su dolor, y lo hice mío;
- me
siento entero ahora en este lazo
- de
risa y llanto. Ya no tengo frío.
-
-
- 995
- Cómo
duele el amor que no se tiene,
- y
el amor que nos llama y no se
alcanza;
- cómo
duele el amor sin esperanza,
- y
el amor que, esperándose, no viene.
-
- Cómo
me dueles tú, barco en la noche,
- navegando
por ruta paralela...
- Mi
alma se abrasa y a la vez se hiela
- sin
fe, sin optimismo, sin reproche.
-
- 996
- Te
di cuanto tenía, no me queda
- nada
de mí, pero no estoy vacío;
- te
desbordaste en mi alma como un río
- de
fuego y luz, con suavidad de seda;
- y
me has dejado
- de
hoy para siempre ardiendo, iluminado.
-
-
- 997
- Las
paredes del alma se me agrietan,
- y
entra la lluvia aupada por el viento,
- y
el frío, la congoja, el desaliento...,
- cuantas
cosas sin ti duelen o inquietan.
-
- Hazte
presente en júbilo y promesa,
- restaura
lo que ausencia y tiempo abaten,
- que
tus brazos me cerquen y arrebaten
- y
permanezcas en mi piel impresa.
-
-
- 998
- Desconozco
designios y razones
- que
a amar conducen o al amor motivan;
- más
que las excelencias, me cautivan
- sus
infortunios y limitaciones.
-
-
- 999
- Emboscado
en la bruma enmarañada
- del
querer sin poder o sin saberlo,
- cada
sombra se anuncia enamorada,
- y,
enamorado yo, no sé ofrecerlo.
-
- Ay,
que el amor que peca de indeciso
- naufragará
antes de llegar a puerto;
- muerto
estará si, tímido, no quiso,
- y
si quiso y no supo estará muerto.
-
-
- 1000
- He
ascendido hacia ti por una escala
- de
imperceptibles, íntimos peldaños,
- en
posesión gradual, portento y gala,
- del
ímpetu rodando por tus años;
- gracias
doy a tu piel, que me regala
- una
verdad de gozo sin engaños.
- Gracias
por despertarme de una vida
- casi
cadáver, por estar dormida.
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- (Índice)
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- He
de morir un día
-
- He
de morir un día, mas no será testigo
- la
figura que abrace, remota e imposible;
- moriré
en el silencio que me sirve de abrigo,
- con
un temblor de besos apenas
perceptible.
-
- Con
un temblor de besos que yo hubiera
ofrecido,
- que
intactos resistieron el ciclo de los años
- y
sus blancos aludes de apatía y olvido,
- sin
desgaste de roces con amigos ni extraños.
-
- Sin
desgaste de roces proseguí mi sendero,
- leal
a los recuerdos en su tacto amasados;
- para
unos, a mi paso, no fui sino
extranjero,
- una
incógnita absurda para los allegados.
-
- Una
incógnita absurda tal vez para quien
hizo
- de
quimeras y ensueño mágica realidad;
- por
quien era traslúcido el cielo más
plomizo,
- para
quien mi presencia fuera necesidad.
-
- Para
quien mi presencia no tuvo lejanías,
- no
obstante los kilómetros de la
separación;
- que
las grutas del alma colmó de melodías,
- y
de formas inquietas caldeó la razón.
-
- Y
de formas inquietas viví en estas
orillas,
- y
en su forma de sombra me quisiera
morir,
- pero
lo haré en silencio, saliendo de
puntillas,
- para
que nunca sepa que tuve que partir.
-
- Los
Angeles, 11 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- 698
- Ocaso
-
- Desde
la cota de mi edad cansada
- mis
ojos
ven tu edad efervescente;
- tú
en ascenso tenaz de la vertiente,
- yo
en la fase final de mi jornada.
-
- En
el crepúsculo, la luz dorada
- matiza
de colores el ambiente,
- frenando
el paso lúgubre, inminente,
- de
la noche que anuncia su llegada.
-
- No
hay más claro esplendor, más puro
encanto,
- que
el principio del fin, antes del llanto,
- cuando
la vida en paz se nos derrama.
-
- En
este ocaso vivo, luminoso,
- ajeno
a sombras, criptas y reposo,
- arde
en mí para ti la última llama.
-
- Los
Angeles, 13 de diciembre de 2002
- (Índice)
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-
- Nunca
para ti el grito
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- Es
discordante el odio y armónico el
amor,
- apático
el silencio calza la indiferencia
- que
no sabe de huellas ni sabe de calor,
- ni
de ansias ni de sueños, sólo de
somnolencia.
-
- Dialoga
el odio a gritos, el amor en
murmullo,
- como
quien no quisiera compartir lo
sentido;
- son,
en la misma rosa, primoroso capullo,
- y
aguja hiriente, madre del temor y el
gemido.
-
- Ambos
tienen su origen en la misma semilla,
- y
uno madura en gozo mientras otro en
injuria,
- la
caricia y el golpe que sobre la
mejilla
- la
suavidad estampa, o descarga la
furia.
-
- Sobre
mí y en mí entona su canto la
armonía,
- te
hablo en el tono afable de quien
modula besos,
- con
el miedo del pétalo que sólo vive
un día,
- con
el dolor oculto que tritura los
huesos.
-
- No
hay tambores ni cantos de guerra en
mis jardines,
- ni
botas con cadencia marcial sobre las
flores,
- hay
una sinfonía de flautas y violines,
- y
hay otra sinfonía callada de
colores.
-
- Y
si la noche negra de mí te
arrebatara,
- seguiría
en la noche, sin color ni sonido,
- en
retirado insomnio, para que no
engendrara
- falsos
sueños mi sueño, mientras esté
dormido.
-
- Y
una nueva armonía, elegíaca y
grave,
- como
de marcha fúnebre, de réquiem
gregoriano,
- me
aislaría del mundo, cerrando bajo
llave
- la
voz, y las ideas, y el tacto de la
mano.
-
- Nunca
para ti el grito, ni el
adormecimiento,
- nunca
el olvido, nunca la nota discordante;
- seguirás
siendo amada desde mi desaliento,
- tal
como lo estás siendo este preciso
instante.
-
- Los
Angeles, 20 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- Vienes
-
- Vienes
como la noche, en insistencia
- que
no admite retrasos,
- despertándome
el alma a la cadencia
- del
eco de tus pasos.
- Vienes
en irrupción arrebatada,
- marea
reventando en mi escollera,
- cresta
de espuma tibia, accidentada
- en
intentos de hundir cada barrera.
- Vienes
a mí como yo a ti vendría,
- pero
al verte venir así, intercepto
- mi
impulso de agresión, pues tu osadía
- seduce
y doma, y como tal la acepto.
- Vienes
a mí, dinámica amazona,
- desmontada
de tu cabalgadura,
- con
la fogosidad que se apasiona
- por
galopar de nuevo otra montura.
- Pero
vienes también como yo vengo,
- corazón
desgastado, desvalido,
- con
la misma carencia que yo tengo,
- y
con el mismo espíritu vencido.
- Vienes
con la palabra afable y tersa
- de
quien sabe abrazar con la mirada,
- y
besar con la mano, y se dispersa,
- lluvia
gentil, en piel alborozada.
- Vienes
a mí, esta vez para quedarte,
- punto
final de estéril trashumancia;
- para
mí, tan cansado de esperarte,
- punto
final también...en la distancia.
-
- Los
Angeles, 20 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- Un
nuevo canto
-
- No
mojaste tus pies en mi corriente
- en
mis años de arroyo irresoluto,
- bajando
de la sierra entre jarales,
- sombra
de álamos, látigo de arbustos.
- Fui
torrente estrechado en roquedales,
- rígido
abrazo en caminar abrupto,
- y
no te vi saltando entre mis aguas,
- ni
sentada a mi orilla en el crepúsculo.
- Llegué
a ser río rumoroso y firme,
- adormeciendo
el campo en mi murmullo,
- y
en mí desembocaron afluentes,
- dejando
sólo anónimos tumultos.
- Tu
curso no afluyó entre mis riberas,
- y
seguí descendiendo, vagabundo.
- Hoy,
dejados atrás tantos paisajes,
- sin
haber sido contenido en uno,
- es
más ancho el abrazo de mis márgenes,
- y
el caudal de mis aguas más profundo;
- siento
que el mar me llama, y ya no puedo
- remontarme
a mi fuente; sólo un turno
- se
nos ofrece al despuntar el alba
- de
nuestras vidas, entre llanto y luto,
- entre
burbuja y desembocadura,
- balbuceo,
fragor, silencio oscuro.
- Y
en este punto percibí en mis aguas
- tu
zambullida de perfil desnudo,
- como
quien salta irremediablemente,
- impasible
a pretérito y futuro.
- Te
lleva mi corriente, hoy eres mía,
- flota,
sumérgete, bracea... Cubro
- tu
cuerpo en mí, no nades al pasado,
- sólo
soy el presente, y con él fluyo.
- Ahora
llevaré al mar un nuevo canto,
- por
ti más íntimo, por ti más puro.
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- Los
Angeles, 21 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- 699
- Ciego
por ti
-
- Ciego
por ti, sin ver cuanto no es tuyo,
- tú,
mi noche cerrada, noche oscura,
- negándome
la luz. No hay amargura,
- pues
de la luz, sin ti, yo mismo huyo.
-
- En
tu sombra, en ti misma, me diluyo,
- sombra
que es luz en que mi fe perdura,
- luz
que convierte en sombra la más pura
- claridad,
si en tu sombra me recluyo.
-
- No
quiero ver la luz si residente
- de
la sombra eres tú; no se arrepiente
- mi
vista de adoptar esta ceguera.
-
- Cuanto
miro, y admiro, y cuanto creo,
- lo
acepto sólo porque en ti lo veo;
- lo
que no se halle en ti, quédese
fuera.
-
- Los
Angeles, 21 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- 700
- Ruptura
-
- La
luz de la mañana ha sorprendido
- tu
más íntima, extraña paradoja:
- cuerpo
que del vestido se despoja,
- rostro
de sueño hipnótico vestido.
-
- Al
arrancar la rosa del sentido
- incrustada
en tu piel, hoja por hoja,
- sube
a mi playa una marea roja,
- llanto
sangriento de quien ha perdido.
-
- Se
ha quebrado el cristal de la campana
- que
nos aisló del mundo; esta mañana
- tu
cuerpo se quedó, voló tu mente.
-
- Y
antes, tal vez, de oscurecerse el día,
- tu
cuerpo romperá mi compañía;
- ida
serás, mas quedarás presente.
-
- Los
Angeles, 28 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- 701
- Seguiré
andando
-
- Deshabitada
estás, y estás oscura,
- manos
sin tacto y ojos en ceguera;
- con
tan poca esperanza, y a la espera
- de
quien logre arrancarte esa
amargura.
-
- Pero
no ves la luz que se apresura
- a
llamar a tu puerta; quién pudiera
- desclavar
las ventanas; quién supiera
- descerrajar
tu propia cerradura.
-
- Paso
ante ti, golpean mis nudillos
- en
tus cristales; tiemblan los
visillos,
- y
tiemblo yo por ansiedad de verte.
-
- Sólo
el silencio inmóvil me responde;
- seguiré
andando, aunque no sé hacia dónde;
- otro
vendrá tal vez y te despierte.
-
- Los
Angeles, 28 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- Qué
tarde
-
- Anochece
lloviendo en mi hemisferio;
- qué
sombría humedad tan soledosa;
- es
mediodía en ti, y hay una rosa
- en
cada esquina abriéndote un
misterio.
-
- Qué
tarde a ti he llegado, qué
retraso
- trajo
tu amor, cuánto camino anduve
- que
no me llevó a ti, aunque mantuve
- mi
oído atento al eco de tu paso.
-
- Cuánto
sendero oculto, polvoriento,
- copió
la planta de tu pie, y ahora
- que
pisas en mis huellas, cómo
implora
- el
alma la extensión de este momento.
-
- Corre
la vida y nada la detiene,
- porque
la muerte con la edad se alía;
- sólo
un dolor me aquejará ese día:
- dejarte
aquí cuando a buscarme viene.
-
- Qué
tarde a mí llegaste, cuántos sueños
- quedarán
en esbozo, malogrados;
- pero
aquéllos que sean recabados,
- espléndidos
serán, como sus dueños.
-
- Suéñame
cada noche, cada instante
- de
tus días alegres o abatidos;
- suéñame
con el alma y los sentidos,
- como
amiga leal, y como amante.
-
- Tenemos
tanto que vivir, sufrimos
- tan
corto tiempo, tan incierta vida...
- Ya
en la distancia, o junto a mí
tendida,
- amémosnos,
amor, mientras vivimos.
-
- Y
un día, en la penumbra del dolor,
- pensarás
entre júbilo y temblores:
- Lo
amé, me amó, y los demás amores
- pálida
imagen fueron de ese amor.
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- Los
Angeles, 28 de diciembre de 2002
- (Índice)
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- Flota
en el aire lúcido el recuerdo
- de
aquel lugar tan nuestro, de aquel día;
- llega
a mí como suave melodía,
- y
en su armónica ráfaga me pierdo.
-
- Cierro
los ojos, se alza tu figura
- en
tembloroso surtidor de fuego,
- y
a su vibrante convulsión me entrego,
- ahuyentado
su luz mi noche oscura.
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