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(Tríptico
de sonetos)
Original
de


- ¿En
qué sueño trivial tu alma se esconde
- cuando
mi piel en soledad te llama
- desde
la estepa helada de mi cama,
- y
sólo el eco de su voz responde?
-
- ¿Por
qué rutas de olvido vas? ¿En dónde,
- o
sobre quién profusa se derrama
- la
lluvia de tu esmero? ¿Quién reclama
- ese
amor que a mí sólo corresponde?

-
-
- A
la puerta
(I)
-
- Llamé
a tu puerta en soledad de día,
- y
partí sin el beso anticipado.
- “Qué
ausente está”, pensé. “Todo
cerrado.
- ¿Será
animadversión? ¿Será apatía?”
-
- Respondiste
a la puerta. Sonreía
- la
luz de la mañana en el terrado.
- “Qué
extraño”, te dijiste. “Aunque han
llamado,
- nadie
aguarda, y la calle está vacía.”
-
- Y
cerraste la puerta delantera.
- Esa
puerta que siempre y sólo espera
- mano
cortés, saludo comedido.
-
- Y
yo en la puerta de servicio estaba,
- por
donde entra el amor; y agonizaba
- por
darte el beso del amor prohibido.
-
-
-
-
- A
la ventana
(II)
-
- No
se entreabrió tu puerta a mi reclamo,
- mi
tentativa inadvertida o vana;
- pero
llamé tenaz a la ventana,
- como
otras veces desde el alma llamo.
-
- Mi
llamada inicial fue como un ramo
- de
claveles temblando en la mañana,
- tan
suave en el cristal, que la persiana
- pensó
que el viento le decía: “Te amo”.
-
- Mi
segunda llamada, algo más fuerte,
- con
la impaciencia del que anhela verte,
- tembloroso
en los labios y en los dedos.
-
- Pero
tal vez soñabas…, o dormías,
- y
al constatar que no me respondías,
- mi
propio insomnio se colmó de miedos.
-
-
-
-
- Al
interior
(III)
-
- Pude
verte hoy al fin, mas sin llamarte,
- habiéndote
esperado no sé dónde;
- quizá
porque tu ser en mí se esconde,
- y
eres de mí vital, íntima parte.
-
- Tu
hogar vacío está; ¿cómo culparte
- si
nadie a mi señal abre o responde?
- quien
conocerte quiera, que en mí ahonde,
- porque
yo soy tu hogar, y tu baluarte.
-
- Por
eso hice un sondeo en mi consciencia,
- revelándose
al punto tu presencia
- donde
debiera haber buceado antes.
-
- Ya
no saldré en tu búsqueda. Te tengo.
- Contigo
voy, y soy, y estoy, y vengo;
- perfecto
acoplamiento: Dos amantes.
-
- 27
de junio de 2001

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