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- Vuelvo
el rostro hacia atrás, como si oyera
- tus
pasos a mi espalda, y no te veo.
- ¿Tal
vez ya no me sigues? Más bien creo
- que
hacia dentro te llevo, no hacia afuera.
-
- Si
alguna vez te murieras,
- llévate
mis pensamientos,
- y
las huellas de tus manos,
- mi
añoranza, mis recuerdos;
- y
así, quedando vacío,
- estaré,
como tú, muerto.
-
- Si
alguna vez tú, que fuiste
- carne
de todos mis besos,
- alma
de mis soledades,
- y
razón de mis desvelos,
- desplegaras
nuevas alas
- abandonando
tu cuerpo,
- antes
de partir, arranca
- de
mi interior tus reflejos,
- el
tono de tus palabras,
- las
raíces de mis sueños,
- las
lágrimas que tus ojos
- junto
a los míos vertieron;
- porque
así estaré vacío,
- quedando,
como tú, muerto.
-
- Y
si alguna vez partieras
- sin
morirte, como el viento,
- con
un rastro de hojas secas
- rodando
por el sendero,
- dejando
mi primavera
- transformada
en frío invierno,
- no
tendrás que arrancar nada,
- porque
me estaré muriendo.
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- Los
ojos son llegada, la espalda es despedida,
- los
brazos el reposo, y el juego, y el placer;
- ven
a mí y entrelaza tu vida con mi vida,
- y
nunca me permitas ver tu espalda, mujer.


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