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Llevo un beso escondido, tímida mariposa
que aún no ha iniciado el vuelo, pero tiembla y espera
que se le abran las alas; mientras tanto, reposa,
en la quieta blandura de su cuna de cera.
Llevo un beso escondido que te sueña y presiente
como voz que convida, se ofrece y casi toca;
beso de ritmo lento y amplitud ascendente
del marfil de los muslos al brocal de la boca
Brevería Nº 1205
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A tu llegada
Después de tantos años de haber vivido muerto,
hoy, que a mi lado habitas, resucitado vivo;
al tocarme la vida sobre el hombro, se ha abierto
en torno a mí un paisaje que siempre fue evasivo.
Llegaste sin estruendo, pacífica marea
rodando en insistencia, cada vez más cercana,
cigüeña rastreando la torre de la aldea,
nueva luz que despierta creando la mañana.
No te esperaba, estaba de espaldas al futuro,
sobre el presente, ciego, y hacia el ayer dormido;
me había circundado de inaccesible muro,
y era mi propio espacio destierro del vencido.
A tu arribada súbita se quebraron los hierros
del silencio, estallando salmodias y rumores;
se fundieron las nieves, verdearon los cerros,
y poblaron los campos rosas y ruiseñores.
De la bruma y el hielo brotó la primavera,
de la muerte la vida, de la inercia el vigor,
y a tu voz y contacto mi vida recupera
cada sueño perdido, cada viejo temblor.
Los Angeles, 12 de marzo de 2006
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