El Cid

“¡Dios, qué bon vasallo, si oviera bon señor!” (Poema de El Cid)

Al pie de las murallas de Zamora
Lloré sobre el cadáver de un hermano,
De un amigo, de un Rey, que por la mano
De Bellido murió, mano traidora.

En aquella sangrienta y triste aurora
Ya el rumor apuntaba, no a la mano
Que esgrimió el arma, sino al soberano
De fratricida voz conspiradora.

Y en Burgos, sobre el ara del altar,
Como proclamación de su inocencia,
Al Rey Alfonso lo obligué a jurar.

Tomó mi rectitud por insolencia,
Me arrojó de Castilla, fui a luchar,
Y un día le dí el Reino de Valencia.

Los Angeles, 29 de Julio de 1997
 


  (Para información sobre el autor, click en su nombre)



 


Estatua de El Cid en Burgos

 

Romance de la Jura de

Santa Gadea

En santa Gadea de Burgos,
do juran los hijosdalgo,
allí le toma la jura
el Cid al rey castellano.

Las juras eran tan fuertes
que al buen rey ponen espanto;
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo:

—Villanos mátente, Alfonso,
villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,
que no sean Castellanos;
mátente con aguijadas,
no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas,
no de contray ni frisado;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
vengan cabalgando en burras,
que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel,
que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas,
que no en villas ni en poblado;
sáquente el corazón vivo
por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad
de lo que eres preguntando,
si fuiste ni consentiste
en la muerte de tu hermano.—

Jurado había el rey
que en tal nunca se ha hallado,
pero allí hablara el rey
malamente y enojado:

—Muy mal me conjuras, Cid,
Cid, muy mal me has conjurado;
mas hoy me tomas la jura,
luego besarme has la mano.

—Por besar mano de rey
no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre
me tengo por afrentado.

—Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no vengas más a ellas
desde este día en un año.

—Pláceme, dijo el buen Cid,
pláceme, dijo, de grado,
tú me destierras por uno,
yo me destierro por cuatro.—

Ya se parte el buen Cid,
sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros,
todos eran hijosdalgo,
todos son hombres mancebos,
ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño
y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas,
con borlas de colorado;
mas no le faltó al buen Cid
adonde asentar su campo.

 

(Romance viejo)

 


 
 
 


 

Castilla

 

El ciego sol se estrella
en las duras aristas de las armas,
llaga de luz los petos y espaldares
y flamea en las puntas de las lanzas.
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
el destierro, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro- , el Cid cabalga.
Cerrado está el mesón a piedra y lodo.
Nadie responde. Al pomo de la espada
y al cuento de las picas el postigo
va a ceder... ¡Quema el sol, el aire abrasa!
A los terribles golpes,
de eco ronco, una voz pura, de plata
y de cristal responde... Hay una niña
muy débil y muy blanca
en el umbral. Es toda
ojos azules y en los ojos lágrimas.
Oro pálido nimba
su carita curiosa y asustada.
“¡Buen Cid, pasad...! El rey nos dará muerte,
arruinará la casa,
y sembrará de sal el pobre campo
que mi padre trabaja...
Idos. El cielo os colme de venturas...
¡En nuestro mal, oh Cid no ganáis nada!”
Calla la niña y llora sin gemido...
Un sollozo infantil cruza la escuadra
de feroces guerreros,
y una voz inflexible grita “¡En marcha!”
El ciego sol, la sed y la fatiga.
Por la terrible estepa castellana,
al desierto, con doce de los suyos
-polvo, sudor y hierro-, el Cid cabalga.

 

Manuel Machado (1874-1947)

 

 
El Cid (Rodrigo Díaz de Vivar) (c. 1043-1097), militar español. Nacido en el seno de una pequeña familia de la nobleza castellana, es uno de los mitos  más sobresalientes de la cultura hispana. El término 'Cid' deriva de la  transcripción del árabe sayyid, que significa amo o señor. Al servicio de Sancho  II (1065-1072) desempeñó un papel fundamental. El Cid, conocido también con el sobrenombre de Campeador, contribuyó a resolver el litigio fronterizo con  Navarra al vencer en un duelo judicial a Jimeno Garcés. Contra Alfonso VI de León participó en diversas batallas y en el asedio de Zamora, donde murió  asesinado su señor. Tras la muerte de Sancho II, la Corona de Castilla pasó al  monarca leonés Alfonso VI, sobre quien recaía la sospecha de haber participado en el asesinato del rey Sancho. Por ello, Alfonso VI fue obligado a prestar un juramento expurgatorio en Santa Gadea de Burgos delante del Cid.

 En 1074 se casó Díaz de Vivar con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo. Al servicio del nuevo rey Alfonso, el Cid fue comisionado para cobrar las parias de Sevilla, labor que ejerció enfrentándose incluso al conde de Nájera, García Ordóñez. Agradecido por ello, al-Mut'amid de Sevilla pagó las parias debidas y añadió una cantidad para entregar a Rodrigo como premio personal a su  actuación. Este hecho, unido al prestigio militar del Cid, causó la primera  ruptura entre éste y su rey.

 Convertido en un desterrado, Rodrigo entró al servicio de Yusuf al-Mu'tamin de Zaragoza y derrotó al aragonés Sancho Ramírez. La invasión almorávide y  la derrota de Alfonso VI en Sagrajas (1086) propiciaron un nuevo  acercamiento entre rey y vasallo, a quien se le encargó la defensa de la zona levantina. Sin embargo, en el sitio de Aledo (1089-1092) el Cid acudió con demora a ayudar a las tropas reales, lo que provocó su segundo extrañamiento del monarca. Asentado en el Levante peninsular, Rodrigo intervino en Valencia en nombre propio, esforzándose por construir un señorío personal. El Cid fue derrotando a sus competidores en esta zona, e incluso apresó al conde de Barcelona, Berenguer Ramón II (1090). Una nueva presión de los almorávides propició otro acercamiento del rey Alfonso VI, cuyos ejércitos  fueron derrotados en la batalla de Consuegra (1097), donde murió el único hijo varón del Cid, Diego Díaz.

 En Valencia, la presión norteafricana favoreció una revuelta dentro de la
ciudad. Los sublevados entregaron el poder al cadí ibn Yahhaf, que se avino a un compromiso con los almorávides a cambio de la ayuda de éstos para luchar contra Rodrigo. Las huestes del Cid, sin embargo, derrotaron a sucesivas expediciones almorávides. Dentro de la ciudad una nueva revuelta dio el poder a ibn Wayib, quien dirigió la última resistencia de Valencia, que finalmente  capituló en 1094. Poco después de la entrada del Cid en la ciudad, el cadí ibn Yahhaf fue quemado vivo en la plaza pública y la mezquita fue convertida en catedral. Establecido ya firmemente en Valencia, Rodrigo se alió con Pedro I de Aragón y con Ramón Berenguer III de Barcelona con el propósito de frenar
conjuntamente el empuje almorávide. Las alianzas militares se reforzaron
además con vínculos matrimoniales. La hija del Cid, María (doña Sol en el  poema), se casó con el conde de Barcelona y su otra hija Cristina (Elvira) con  el infante Ramiro de Navarra. Tras la muerte del Cid, sin un heredero masculino que hiciera posible su legado, Alfonso VI tuvo que evacuar en 1102 la ciudad de Valencia.

La figura del Cid y sus hazañas merecieron el honor de protagonizar el primer cantar de gesta de la literatura castellana, el Cantar de mío Cid.
 

 

 

Biografía:

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/cid.htm

http://acosomoral.org/cid2.htm

 

Cantar de Mío Cid:

http://www.cervantesvirtual.com/bib_obra/Cid/

 

Romances:

Romance de cómo El Cid vengó a su padre
Doña Jimena pide al Rey venganza
Doña Jimena pide justicia al Rey
Romance de la carta de Doña Jimena al Rey
Romance de la Infanta Doña Urraca
Romance de Doña Urraca
Romance de Doña Urraca cercada en Zamora
Romance de Vellido Dolfos
Romance del reto de Diego Ordóñez
Romance de Arias González
Romance del entierro de Fernando Arias
Romance de la Jura de Santa Gadea
Romance del Rey Don Sancho
Romance de Fernán D’Arias
 

 


 



El poema titular de esta página es original de
Francisco Alvarez Hidalgo.

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