El retorno a Ítaca

 

 

Ulises

 
Maestro de la intriga y del engaño,
Fui un luchador también, a mi manera.
La muerte fue mi odiosa compañera
En los campos de Troya, año tras año.
 
Tanto dolor, y pérdidas, y daño,
Y en Grecia, las familias a la espera…
Yo propuse el caballo de madera
Que algunos vieron sin honor y extraño.
 
La diplomacia ha de llevar consigo
Normas y reglas, y un sabor de historia,
Pero la guerra es siempre guerra sucia.
 
Se lucha por vencer al enemigo,
Y si en la fuerza bruta no hay victoria,
Habremos de obtenerla por la astucia.
 
Los Angeles, 30 de Julio de 1997

 

 

 

Ulises:

Normalmente se le considera hijo de Laertes y de Anticlea. Una leyenda relata como Odiseo nació en el monte Nérito de Ítaca, durante una tormenta. Los partidarios de esta versión dan explicación al nombre de Odiseo con un juego de palabras en las que Odysseus significaría, "Zeus llovió sobre el camino".

Otros creen que el padre de Odiseo realmente fue Sísifo, debido a que Anticlea se unió a él, antes de sus esponsales con Laertes. Esto ocurrió gracias al beneplácito de Autólico, que deseaba tener un nieto tan sagaz como Sísifo. Este mito ofrece otra explicación al nombre de Odiseo, ya que Odiseo se asemeja a odioso y Sísifo, debido a la astucia con la que engañaba a dioses y a hombres, se había hecho odioso para muchos. En esta versión, el héroe habría nacido en una ciudad de Beocia llamada Alacómenas, en su recuerdo Odiseo puso este nombre a una población de Ítaca.

 

Algunas tradiciones lo consideran discípulo del Centauro Quirón.

 

Una vez que Odiseo llega a la edad viril, Laertes le entrega el trono de Ítaca. Nuestro héroe pasa a ser un soberano rico, justo, hospitalario y respetuoso con los dioses, en especial con Zeus y Atenea. Esta ultima será su constante bienhechora.

Como casi todos los caudillos griegos, Odiseo solicita la mano de la bellísima Helena. Pero desanimado al ver la cantidad de pretendientes, renunció a Helena en favor de una prima de esta, Penélope.

Deseoso de granjearse la amistad de Tindáreo, aconsejó al rey que exigiese a los pretendientes que hiciesen un juramento en virtud del cual todos se comprometían a respetar la elección de la novia y a ayudar al novio contra quien se la disputase. Dándose cuenta Tindáreo, que este juramento le pondría a salvo de la ira de los numerosos desdeñados, aceptó de buen grado y en agradecimiento se le concedió la mano de Penélope. Finalmente el Atrida Menelao fue el elegido por Helena.

 

La unión de Odiseo y Penélope dio como fruto a Telémaco, que aún era un infante cuando corrió al noticia del la huida de Helena con Paris a Troya, llevándose parte de los tesoros de Esparta.

Menelao y Palamedes recorrían Grecia reclutando, para una expedición contra Troya, a los antiguos pretendientes de Helena, ligados por el juramento ideado por Odiseo.

Odiseo disgustado con la idea de partir a la guerra, puso en marcha un plan para que creyéndole loco, le dispensaran de acudir a Troya. Todos los días el héroe araba la playa y plantaba sal en los surcos. Pero Palamedes intuyendo la treta, puso al pequeño Telémaco delante del arado. Odiseo desvió la trayectoria de arado para no herir al niño y así se descubrió su artimaña.

A partir de entonces participó de forma activa en los preparativos de la expedición. Actuó como emisario reclutando más caudillos griegos. Acompañó a Menelao a Delfos para consultar el oráculo. También fue a Troya como embajador solicitando la devolución de Helena y los tesoros robados.

En Delfos el oráculo había predicho que la ciudad no seria tomada sin Aquiles. Pero Tetis, la madre de Aquiles, sabedora de que su hijo no regresaría de esta guerra, había ocultado al muchacho disfrazado de mujer con el nombre de Pirra, en la corte del rey Licomedes. Durante su estancia, Aquiles engendró junto a Deidamía, a Pirro, que más tarde fue llamado Neoptólemo.

Para descubrir a Aquiles, Odiseo se disfrazó de mercader y entró en los aposentos de las doncellas. Mientras las muchachas revolvían la telas, Aquiles se fijó en las armas, con lo cual descubrió su verdadera personalidad.

 

 

Polifemo

 

 

Diez largos años duró el asedio de los aqueos a la ciudad de Troya. Durante el sitio, Odiseo se condujo con prudencia y valentía. Fue apreciado como consejero y como embajador.

Nauplio, padre de Palamedes, exigió la muerte del culpable. Como no consiguió nada, durante los años de guerra recorrió las posesiones de los caudillos ausentes, incitando al adulterio a sus esposas, comunicándoles que sus maridos durante el sitio habían tomado nuevas esposas. No contento con eso, al termino de la guerra, encendió una gigantesca hoguera que despistó a los navegantes, haciendo zozobrar muchos navíos griegos.

 

Se le suele atribuir a Odiseo la estratagema del caballo de Troya. Tras diez años de infructuoso asedio, los griegos construyeron un gigantesco caballo hueco, realizado en madera de pino. Tenia una escotilla en el costado y unas grandes letras talladas en las que los aqueos le dedicaban la construcción a Atenea y le pedían protección para un feliz regreso a su hogares. Entre veinte y cincuenta héroes griegos, entre los que se encontraba Odiseo, se introdujeron a través de una escala en el vientre del caballo.

El contingente griego incendió su campamento, abandonó el caballo a las puertas de Troya y se hizo la mar. No se fueron sin embargo muy lejos, anclaron sus naves frente a Ténedos. Solo Sinón, un primo de Odiseo, se quedó en tierra con el encargo de encender una hoguera como señal de regreso.

Como estaba previsto, Sinón fue apresado y soltó con tanta maestría los embustes que tenia preparados, que los troyanos acabaron por creerle.

(http://www.kelpienet.net/rea/ley07.htm)

 

 

El tapiz de Penélope

 

El regreso de Ulises constituye el tema de la Odisea, y la personalidad de Ulises no ha dejado de enriquecerse, hasta el punto de dar lugar a un verdadero ciclo, que en Italia y en el mundo etrusco parece haber tenido un favor muy especial. Tras la toma de Troya, Ulises se peleó con los otros jefes y siguió a Agamenón. Pero pronto fue separado de éste y abordó en Tracia, donde tomó y asoló la ciudad de Ismaros. No dejó a salvo más que al sacerdote de Apolo, Marón, que le regaló doce tinajas de un vino precioso, dulce y fuerte. Luego puso rumbo al sur, y, al cabo de varios días, abordó en el país de los Lotófagos, pueblo que se alimentaba de un fruto maravilloso, el loto, tan exquisito que quienquiera que lo probara no quería marcharse ya. Ulises hubo de emplear la fuerza para arrancar a sus hombres a tales delicias. Subiendo al norte, Ulises llegó a Sicilia, al país de los Cíclopes. Desembarcó con doce hombres, llevando una tinaja del vino de Marón. Entraron en una caverna cuyo propietario era el cíclope Polifemo, horrible gigante que no tenía más que un ojo en medio de la frente. Polifemo les encerró y quiso devorarles, dos a dos. Ulises logró hacerle beber vino, lo que sumergió al monstruo en un profundo sueño. Ulises lo aprovechó para cegarle, y él y sus hombres pudieron escapar, disimulados bajo el vellón de los carneros del gigante. Poseidón, que era padre de Polifemo, sintió desde ese momento un odio violento contra Ulises. Escapado de los Cíclopes, Ulises llegó a la islas de Eolo, señor de los vientos, que le dio un odre donde estaban encerrados todos los vientos, salvo una brisa favorable. Pero, aprovechando el sueño de Ulises, sus compañeros abrieron el odre; se desencadenó la tempestad y les llevó a la isla de Eolo, que esta vez no quiso acogerles. Ulises volvió a partir, al azar. Con los lestrigones, un pueblo de antropófagos, perdió todos sus barcos, salvo uno, y en esa embarcación es donde llegó a la isla de Aea, donde vivía la maga Circe. Circe era hija del Sol y de la Oceánida Perseida, y era hermana del rey de la Cólquida, Aetes. Vivía sola, con sirvientes, y metamorfoseaba en animales a todos los viajeros que llegaban a su palacio. Ulises, sin saber lo que le esperaba, envió en exploración un grupo de marineros: la maga les acogió amablemente, y les dio de beber un brebaje encantado, transformándoles en lobos, en perros, etc. Ulises, cuando no vio volver a sus compañeros, emprendió su búsqueda solo. En el bosque, Hermes le abordó y le dio el secreto para escapar a los encantamientos de Circe: que echara en el brebaje una hierba llamada moly, y la bruja estaría a su merced. Armado de la planta mágica, Ulises resistió a los encantamientos: sacó la espada y obligó a Circe a dar forma humana a sus amigos. Luego pasó con ella un mes -o un año- de delicias, y le dio un hijo, Telégono. Al partir, recibió de Circe el consejo de ir a consultar al alma del adivino Tiresias, en el país de los Cimerios.  Tiresias, debidamente evocado, revela a Ulises el porvenir que le espera, y el héroe se vuelve a marchar, infatigablemente. Costea la isla de las Sirenas, mounstruos medio mujeres, medio pájaros, hijas de la Musa Melpómene y del dios-río Aqueloo; con su musica, atraían a las naves, que se estrellaban en los escollos de la isla. Tras de lo cual, ellas devoraban a los náufragos. Pero Circe había enseñado a Ulises lo que debía hacer. Ulises llenó de cera las orejas de los marineros, y se hizo atar al mástil del navío, pudiendo así atravesar sin temor el lugar peligroso. Después hubo de afrontar a los dos monstruos Caribdis y Escila, que devoraban a los marineros y provocaban temibles remolinos. Luego abordó la isla de Trinacia, donde pacían bueyes blancos consagrados al Sol. Una larga calma retuvo en la isla a los compañeros de Ulises más tiempo del que pensaban, y no pudieron menos, impulsados por el hambre, de matar un buey, durante el sueño de su jefe. El Sol fue a quejarse a Zeus. Cuando el barco volvió a partir, el dios envió una tempestad terrible, el barco zozobró y todo el mundo se ahogó, menos Ulises, que, aferrado al mástil, fue arrastrado por la mar durante nueve días con sus nueve noches. El décimo día, llegó a la isla de Calipso, una ninfa que le retuvo en ella vario años. Pero Atenea obtuvo de Zeus que enviase a Hermes a dar orden a Calipso de que dejara ir a Ulises. Y así fue como, después de haber construido él mismo una balsa y conjurado una tempestad suscitada por Poseidón, llegó, agotado pero vivo, a la isla de los Feacios. Ya los viajes de Ulises estaban casi terminados. Los feacios le acogieron con bondad, y, cargándole de muchos regalos, le hicieron llevar hasta Itaca. Pero le hacía falta reconquistar su reino, que estaba en manos de un tropel de jóvenes príncipes pretendientes que, reunidos en torno a Penélope, y devorándolo todo en palacio, imponían su ley en Itaca. Muy hábilmente, disfrazado de mendigo, Ulises consiguió deslizarse en su casa, sin dejarse reconocer más que por algunos hombres seguros. Con ocasión de un concurso de tiro con arco -que aconsejó a Penélope que organizara- aniquiló a los pretendientes, y pudo, por fin, recobrar su lugar. Así se termina la Odisea, pero la "saga" de Ulises no se acaba con eso. Se contaba que el héroe había vuelto a hacerse a la mar, y había guerreado en Epiro, o bien que había partido a fundar ciudades entre los tirrenos (en el país de los etruscos) y que, finalmente, había sido muerto, accidentalmente, por Telégono, el hijo que había tenido de Circe.

(http://club.telepolis.com/mgarciasa/var/ulises.htm)

 

 

 

Ulises y Penélope

 

 


                                


 
 

 

 

 

 

 

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El poema titular de esta página es original de
Francisco Alvarez Hidalgo

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