Antígona

Yacente sobre el polvo, al descubierto,
con la rosa de sangre marchitada
en el surco de carne que la espada
de tu hermano trazó, también él muerto.

Qué acerbas lágrimas por ambos vierto,
uno bajo la tierra en paz callada,
otro sobre la tierra desolada,
vagando el alma en gélido desierto.

Es injusta la ley si no es humana,
hermana soy antes que ciudadana,
y como tal enterraré a mi hermano.

Y a quien me acuse de desobediencia,
diré que ha de seguirse la conciencia
antes que los dictados del tirano.

Los Angeles, 3 de marzo de 1999
 
 
 


 
 

 
La tragedia culmina con la ceguera de Edipo
 

Mendigo, ciego, sin esperanzas, Edipo fue conducido
al Atica por las manos de su piadosa hija Antígona,
que jamás lo abandonó.
En Colona ambos encontraron serenidad y olvido,
abrigados en el bosque de las Euménides (las furias),
diosas de la venganza divina.
 

                                     

Hijo de reyes, y él mismo soberano de Tebas, Layo se unió a Yocasta y con ella engendró un ser marcado por la tragedia.
Inútiles fueron sus esfuerzos para que no se cumpliera el dictamen del Destino. Hecho hombre, Edipo regresó a Tebas, desposo a su madre, y trajo al mundo cuatro criaturas tan desgraciados como él mismo: Antígona, la más bella expresión de amor filial y fraterno;
Ismene, muerta más tarde por el guerrero Tideo, y Eteocles y Polinice, que se mataron mutuamente.

 

 


 

        El vientre de Yocasta engendró cuatro hijos de Edipo: dos varones. Eteocles y Polinice, y dos mujeres Antígona e Ismene.
Un mensajero le cuenta a Edipo que él no es hijo de Pólibo y Peribea
como siempre lo creyó. Fue recogido de manos del siervo Layo y conducido al palacio de Corinto, donde fue educado como hijo de los reyes.
Por un momento,  Edipo siente alivio. Pero Yocasta, al oír del mensajero la alusión de Layo, comprende la verdad. Lentamente se encamina al trágico cuarto. La verdad le quema el alma. El hombre que le dio cuatro hijos es su propio hijo.
allí araña las paredes, como si quisiera perforarlas y huir del pasado que encierran. Después de lanzar un gemido la reina se ahorca.
Edipo está solo con su miseria en la sala del palacio. Aguarda al siervo de Layo que, muchos años ha, se compadeció de su suerte y lo entregó a un pastor de Corinto.
La puerta se abre lentamente y el pastor penetra en la agonía de Edipo. Desde su trono, con los ojos enloquecidos, el rey empieza a preguntar.
El hombre trata de callar, para evitar más desgracias. Pero el rey lo obliga a confesar toda la verdad. Entonces, como si mil agujas lo hiriesen, Edipo corre a su cuarto para llorar junto a Yocasta, su madre y su mujer.
Pero ni siquiera le es evitada la imagen de la pobre suicida. Es la última escena que ve en su vida. Porque en esa hora de suprema angustia, arranca los broches que adornan el vestido de la muerta y con ellos se perfora sus propios ojos.
Víctima de la imprecación que él mismo lanzara sobre el asesino de Layo, Edipo fue expulsado de la ciudad. Mendigo, escuálido, ciego, sólo lo acompañara hasta la muerte, una mano pequeñita: la de Antígona, su hija y lazarillo.
Indiferente a todo, el pobre errante sólo espera la muerte. Súbito estruendo en el cielo lo despierta de sus meditaciones. edipo se encamina hacia el borde de un profundo precipicio, se sienta sobre una piedra y se viste con una mortaja. Después llama a Teseo y le pide que vele por su hija. La tierra se abre suavemente recibiendo en su cuerpo definitivo al ser que fuera la síntesis de todos los sufrimientos humanos y de la ceguera. El secreto de su tumba es conocido sólo por Teseo, que jamás lo reveló a nadie.



Antígona: El descubrimiento del límite
Antígona o la ley divina:
Edipo:
Antígona, de Anouilh
Antígona e o direito natural (portugués)
Antigone, by Sófocles
Antígona, by Sófocles
Los siete contra Tebas, de Esquilo (English)
Los origenes de la tragedia griega:

Mitología en  www
Los titanes
Mitología
Dictionary of Mythology
Mitología griega
Mitología griega (II)
Mitología (Tesalia)
Mythology
Pics
Pics de los dioses
Mitología griega
Apollodorus' Library
Schliemann,descubridor de Troya
 
 
 



El poema titular de esta página es original de
Francisco Alvarez Hidalgo.

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