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Pintura de Waterhouse
| Penélope
¿Dónde estarás, amor? ¿Qué extraños
mares
Me siento extraña en nuestros propios lares,
No tardes, apresura tu regreso,
Que estoy, como el fiel Argos, desvalida,
Winnipeg, 20 de octubre de 1999 |
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Busca a Helena, y conoce a Penélope
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| Penélope, en la mitología griega, hija de Icario, rey
de Esparta, mujer de Ulises, rey de Ítaca, y madre de Telémaco..
En la vida de Ulises falta alguien. Alguien que le otorgue calma en
las horas de angustia y alivie el peso de su soledad. Para cumplir los
designios del Destino, él necesita una compañera.
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Ulises enfrenta una guerra inaplazable

| Inclinada sobre la blanca cuna Penélope entona suaves melodías
para acunar al pequeño Telémaco. En el balcón
Ulises mira el cielo estrellado. Ni Ulises ni Penélope se imaginan
que les aguarda una tempestad de acontecimientos contarios a la alegría
y contrarios al amor.
La noticia no tarda en llegar; Helena ha sido raptada por Paris, príncipe troyano, y su marido Menelao, convoca a todos los guerreros griegos para luchar a su lado (Ulises, mudo de espanto recuerda la estratagema que se ideó para ayudar a Tíndaro, los pretendientes de Helena deberían ayudar al elegido a conservar a su mujer). ¿Tendrá que abandonar su familia y su patria por una guerra que no respeta? Desesperado, intenta simular locura, pero Palamedes lo desenmascara poniéndole a su hijo Telémaco en un momento que simulaba furor y locura que el héroe se ve obligado a interrumpir para no matar a su hijo. Entonces Ulises debe partir. |
Penélope ante los pretendientes
| Aunque su marido estuvo ausente durante más de veinte años
como consecuencia de la guerra de Troya, Penélope nunca dudó
de que él regresaría, y mantuvo fidelidad. La cortejaban
muchos pretendientes, que llevaban una vida espléndida y cometían
excesos en el palacio de Ulises. . Penélope contuvo sus intenciones
con el pretexto de que debía acabar una mortaja que estaba tejiendo
para Laertes, su suegro. Cada noche deshacía la labor que había
completado durante el día y, por este medio, evitaba tener que elegir
un marido. Sin embargo, la estratagema se
descubrió al ser delatada por una sirvienta, y los nobles comenzaron a insistir en una inmediata decisión de matrimonio. A pesar de los veinte años de agonía y espera, cuenta Eumeo, la reina es aún joven y bella. Y vive asediada por decenas de pretendientes que, seguros de su viudez, quieren casarse con ella. Nada consigue alejarlos de palacio. La diosa Palas Atenea puso en su corazón el deseo de mostrarse a los pretendientes, y aunque algo reticente por no haberse acicalado desde el día en que su esposo partió hacia Troya, su vieja ama la animó a hacerlo. Mientras tanto Ulises había regresado a Itaca, disfrazado de mendigo, y observando la situación. Al ver al falso mendigo en el umbral de la puerta, los hombres lo abofetean y le arrojan vino en la cara. Llega la noche. Con Telémaco, Ulises reúne todas las armas que consiguen encontrar en palacio y se prepara para el ataque. Penélope, siempre esperando la llegada del esposo, pero aún sin sospechar que éste sea el forastero andrajoso, entra en la sala donde están los pretendientes y, con una nueva estratagema en la mente, anuncia que desposará a aquel que consiga tirar la flecha con el arco de Ulises, atravesando doce orificios hechos en otros tantos cabos de hachas puestos en fila. Traen el arma. Uno a uno, los candidatos intentan tender el arco, pero aún usando de toda su fuerza, nada consiguen. Entonces se aproxima el anciano mendigo. Todos se burlan de su figura grotesca. Lo desafían. El finge gran esfuerzo para tender el pesado arco. Pero alcanza el blanco fácilmente y, después, riendo, vuelve a colocar flechas en el arco y mata uno a uno los pretendientes. Al saber Penélope de quien se trata, la reina no puede creer en tanto bien, tanta alegría. Como loca, sale corriendo por los salones del palacio en busca de su marido. Lo encuentra sin tardar. Frente a frente, en el centro de la sala, los esposos se miran extasiados. Después lentamente sin hablar palabra entran en el cuarto conyugal. Y se aman como si fuese la primera vez, como en su luna de miel. |

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