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| Circe
Mi rebaño de amantes, mis leones,
Abandonadas las embarcaciones,
Tal vez se diga que domé las fieras,
No envilecen al hombre sus instintos,
Winnipeg, 23 de octubre de 1999
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La hechicera

| Circe, en la mitología griega, hechicera, hija del dios Helios
y de la nereida Perseis. Vivía en la isla de Ea, cerca de la costa
oeste de Italia. Con pociones y encantamientos, Circe era capaz de convertir
a los seres humanos en animales. Sin embargo, sus víctimas conservaban
la razón, y sabían lo que les había ocurrido. Durante
su travesía, el héroe griego Odiseo visitó la isla
de Circe con sus compañeros, a los que ésta transformó
en cerdos. Con el fin de ayudar a sus hombres, Odiseo recurrió al
dios Hermes, de quien recibió una hierba que lo hizo inmune a los
encantamientos de Circe. La obligó a restablecer la forma humana
de sus compañeros y, sorprendida de que alguien pudiera resistirse
a sus sortilegios, se enamoró de Odiseo. Sus compañeros y
él permanecieron con ella durante un año. Cuando finalmente
decidieron volver, Circe le dijo a Odiseo cómo encontrar el espíritu
del adivino tebano Tiresias en el mundo subterráneo para que le
enseñara a continuar con seguridad el camino de regreso a casa.
(Encarta) |
Ulises cuenta sus aventuras.
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| "Ulises/Odiseo cuenta la historia"
“Proseguimos la navegación en el barco abarrotado y arribamos
nuevamente a una isla, la de Eea, habitada por una bella semidiosa, hija
de Helio y de Perse, que tiene por padre el Océano y hermana del
rey Eetes. Llamábase Circe y poseía un soberbio palacio en
la isla, pero nosotros nada sabíamos de ella. Anclamos en una bahía
agotados por la fatiga. A la mañana tercera, yo, armado con la lanza
y la espada, me dispuse a ir a explorar el país y anduve hasta que
descubrí una columna de humo que se elevaba del palacio de Circe.
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Circe destruye Escila por el amor
de Glauco

| El dios Glauco busca a Circe para que le ayude a conquistar el amor
de la ninfa Escila que anda huyendo a causa de la fealdad de Glauco. Solamente
algún poder superior le permitirá conquistar el afecto de
la bella ninfa. Un poder como el de Circe, la hechicera.
Abatido y torturado, Glauco llega a la Isla de Ea, donde vive la maga, y, entre suspiros y lágrimas, le ruega que lo ayude a conquistar a su amada. Circe promete ocuparse. Sin embargo, termina por enamorarse del feo dios. No le importa su aspecto: La fascina la riqueza de los sentimientos de Glauco. Se reinicia la misma dolorosa peregrinación. Tras el rastro de su amado, Circe se pone a recorrer los mares sin descanso. Cuando, por fin, se da cuenta de que sus encantos como mujer resultan insuficientes, recurre a sus poderes de hechicera. A su habilidad de trasformar a las personas en monstruos. Y decide hacer de Escila una criatura tan horrenda y repulsiva que todo el amor de Glauco se cambie en rechazo. Sin ser vista, la maga derrama veneno en las aguas de una fuente donde la ninfa acostumbra bañarse. Después vuelve a Ea y, ansiosa, espera los resultados. Escila se zambulle en las aguas hechizadas. El hermoso y esbelto cuerpo comienza a transformarse. Monstruos horrorosos surgen a su alrededor, con ensordecedores alaridos. La ninfa, amedrentada, procura huir. Pero ellos están siempre a su lado. Entonces Escila descubre la verdad: Los monstruos son parte de ella misma. Nacen de su lado. Desesperada corre al encuentro de Glauco y en sus brazos llora largamente. El también lamenta la belleza perdida, pero rechaza el permanecer junto a la antigua ninfa. serían infelices ambos. En la isla de Ea, Circe espera inútilmente el retorno de Glauco. Indignado por su la traición y su crueldad, el pobre dios jamás volvería a visitarla. Y sigue llenando su existencia con el recuerdo de la bella y dulce ninfa, un día victima de los celos de Circe. |

A otras páginas de Francisco Alvarez Hidalgo:








