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Icaro quedó deslumbrado por la belleza del firmamento
| Icaro
Volar, volar, del suelo despegarse,
Y agitando las alas, elevarse
Y a mi padre gritando sus consejos
Si el brío juvenil es invencible,
Winnipeg, 23 de octubre de 1999 |
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Los hombres no tienen alas. Pero nosotros las construiremos

| Dédalo era un arquitecto de gran renombre en Grecia. Con la
esclava
Naucrates, Dédalo tuvo un hijo: Icaro. A él le enseño todo. La escultura, la arquitectura y el ansia de libertad. El rey de Creta, Minos, le llamó a su palacio y le encargó la construcción de un edificio que sirviera a la vez de residencia y de prisión a su hijo el Minotauro, nacido de la unión de su hija Pasifae con un toro. Este monstruo tenía la cabeza de toro y se alimentaba de carne humana. La construcción fue llamada El Laberinto de Creta, y era un lugar de donde resultaba imposible escapar. Al terminar la obra, el rey Minos prohibió a Dédalo y a su hijo salir de la isla, para que no se divulgase el secreto que sólo Dédalo poseía de cómo escapar de aquella fortaleza. Pero Dédalo no se dio por vencido, e ideó un medio de escapar a la prohibición del rey. "Los hombres no tienen alas. Pero nosotros las construiremos, y entonces podremos volar". Al principio, Icaro encontró osado el plan de ese genial arquitecto que era su padre. Pero luego, a su lado, pronto empezó a buscar un medio de construir las alas que los salvarían. El primer paso consistió en coleccionar plumas de aves, separándolas según los tamaños. A continuación, las ataron con hilos de lino, colocando cera debajo de ellas, para que quedasen adheridas. Finalmente la obra está lista. Dos enormes pares de alas blancas esperan a Dédalo, el padre, e Icaro, el hijo, para llevarlos en un largo viaje, por los cielos de Grecia. Con tiras de cuero, el Arquitecto amarra a su cuerpo el ingenioso aparejo. Icaro sigue su ejemplo. Y ambos saltan al infinito. Los primeros momentos del vuelo son penosos. Los cuerpos no encuentran equilibrio exacto, y el viento los estremece. Preocupado, el padre recomienda cariñosamente a su hijo que vuele siempre a una altura media: ni demasiado bajo, para no hundirse en el mar, ni demasiado alto, no fuera el sol a quemar sus frágiles plumas. Dédalo lleva la delantera, mostrando al hijo el camino. El viento favorable los ayuda en la difícil empresa. Pero Icaro, deslumbrado por la belleza del firmamento y con la música de los pájaros, no repara y cobra altura poco a poco. Hasta que llega un momento en que los rayos ardientes del sol, ablandan la cera con que las plumas estaban pegadas. Las alas empiezan a deshacerse. Y el cuerpo de Icaro cae al mar. Cuando Dédalo mira hacia atrás, no encuentra a su hijo. En la mansa superficie de las aguas, dos alas blancas flotan perdidas, tan perdidas como el sueño de vivir la libertad. Su padre conteniendo su infinita desesperación, busca el cadáver de su hijo, sobrevolando mil veces el lugar donde cayera, pero sólo las alas blancas, señal de la muerte del joven, flotan deshechas en el mar. (Una variante de la leyenda dice que encontró el cuerpo del hijo y le dio sepultura en el mediterráneo.) El pueblo de la isla se apiada del pobre Dédalo. Al escultor descendido a tierra ya casi no le importa nada, aunque Minos sigue con sus ideas de Venganza, pero a él no le importa. Como una sombra camina entre los arbustos, como un poseso. Después ve a la multitud que lo sigue, apenada, le ofrecen un barco para que reanude su interminable fuga. En medio del dolor, vuelve a él el impulso de vivir. Dédalo acepta el ofrecimiento. Y, después de días y semanas en pleno mar, llega a la isla de Trinacria (Sicilia), donde su fama lo había seguido. |
El Areópago castiga el crimen de Dédalo
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| Dédalo, era, según las tradiciones atenienses, hijo de
Alcipe, que, a su
vez, era hija de Crecops. La paternidad de Dédalo es más confusa y se atribuye a Eupálamo, Palamaón o a Metión. Dédalo era un magnífico escultor y arquitecto, protagonizando por estas virtudes diferentes leyendas de importancia. Su sobrino Talos trabajó con él como discípulo suyo pero pronto resultó incluso más inteligente que el propio Dédalo lo que demostró al inventar la sierra, una herramienta muy útil para sus labores, inspirándose en los dientes de las serpientes. Dédalo tenía mucha envidia de tal invento y lanzó a su sobrino desde lo alto de la Acrópolis, provocándole la muerte. El tribunal del Aerópago le expulsó de la ciudad y tuvo que marcharse a Creta. Según otra versión, la salida de Dédalo estuvo motivada por otras razones mucho más difusas, pero mató a un familiar, en este caso un primo, y, en cualquier caso, según esta leyenda, ocurrió siendo más joven. Sea como fuere, el caso es que Dédalo encontró una gran acogida en el reino de Minos, que lo tomó en su corte para desarrollar diferentes trabajos de importancia. Destacó, por ejemplo, por la construcción de Talos, otro diferente, una enorme estatua de bronce, que sirvió de defensa militar de la ciudad. Dédalo terminó encerrado en una isla y su huida es uno de los episodios más famosos de la mitología pero antes de llegar a tal situación ocurrieron importantes sucesos, que varían sustancialmente según las diferentes leyendas existentes. Dédalo construyó un enorme y complejo laberinto en la ciudad en el que fue encerrado el Minotauro, una horrible bestia. Estaba formado por multitud de pasillos de los que era imposible hallar la salida y que, como únicos signos distintivos, tenía un tablado en la entrada para los coros de danzantes que participaban en las diferentes consagraciones al Minotauro. La salida sólo era conocida por Dédalo y por Ariadna, hija de Minos , a quien el constructor se lo había contado. Cuando el joven Teseo llegó a la ciudad para matar al Minotauro, Ariadna le ayudó a salir del laberinto gracias a los conocimientos adquiridos de Dédalo. Éste, en otras ocasiones, también construyó una ternera, que, al parecer, sirvió para los divertimentos eróticos de Pasifae, esposa de Minos. Fuera por esto último o porque Dédalo hubiese permitido la victoria de Teseo sobre el Minotauro, el caso es que Minos decidió castigar a Dédalo por una de estas dos acciones y lo encerró en el laberinto junto con su hijo Ícaro. Quedaron allí presos durante mucho tiempo hasta que Dédalo pudo por fin hallar, gracias a su enorme inteligencia, una forma de liberarse de su cautiverio. Solicitó a sus carceleros plumas y cera con la excusa de querer hacerle un regalo al soberano Minos considerado el inventor por antonomasia, el supremo creador de instrumentos. De hecho, vació los ojos de las estatuillas por primera vez y separó sus piernas para dar sensación de mayor movilidad. No está claro si fue un personaje histórico o un símbolo de las capacidades creadoras del hombre griego. La fábula de la muerte de Ícaro pudo ser en una vertiente historicista, una alegoría de una huida por mar en bajeles de vela, método de navegación éste creado por Dédalo, en la que el barco de Ícaro habría terminado estrellado en unas rocas por su mala dirección. |
El mito de Dédalo y Icaro
ilustra las vías del arte en busca de la libertad

| Dédalo es la personificación del espíritu del
arte. Su nombre Dédalos en
griego significa "que trabaja con arte". es decir ingenioso, hábil, creador. En La Ville Radieuse, el arquitecto Edouard Jeanneret-Gris (1887-1965) más conocido como Le Corbusier, afirma: "La aventura diaria de la naturaleza en su ciclo de vida obedece a una ley fundamental de nuestra tierra, la ley del sol, que es el gran dictador". El astro proveedor de la vida no perdona el desafío del hombre. Quema las alas de Icaro y lo castiga con la muerte. Pero la imagen de Icaro continúa viva, inspirando a los inventores. En el Renacimiento, Leonardo da Vinci (1452-1519) crea el principio del avión. Mucho más tarde, en el siglo XIX, comienza a perfilarse el descubrimiento del aeroplano. El laberinto de Cnosos de la leyenda no tenia techo. La bóveda celeste era su cobertura. La misma cárcel, aunque misteriosa, contenía su contraparte: El cielo. Cada ángulo cóncavo tiene su correspondiente convexo. Las formas vivas pueden recortar el espacio según sus propios movimientos: En el mito de Dédalo y Icaro, la libertad es el principio del arte. Algunos autores aseguran que nuestros protagonistas son personajes semihistóricos. Tal vez hayan existido en Atenas, en la Antigüedad, personas de esos nombres y esas funciones sociales. |

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