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Hera / Juno, y el origen de la Vía Láctea
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| Hera / Juno
Zeus pudo elegir mujer o diosa |

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Hera y Zeus
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En el panteón
olímpico de la mitología
griega clásica, Hera era la esposa y hermana mayor de Zeus.
También presidía como diosa
del matrimonio, lazo patriarcal de su propia subordinación: su resistencia a
las conquistas de Zeus se presenta como «celos» y forma el tema principal de
las anécdotas literarias que recortaron su antiguo culto.[]
Su equivalente en la mitología
romana era Juno. Se representa a Hera
majestuosa y solemne, a menudo en el trono y llevando el polos, la alta
corona cilíndrica usada por varias de las Grandes
Diosas. En su mano puede tener la granada,
símbolo de la fértil sangre y la muerte y sustituto de la cápsula narcótica
de la amapola.[]
«Sin embargo, hay registros de una representación anterior sin iconos, como
una columna en Argos y una tabla en Samos.»[] Hera y
sus hijos
Hera presidía sobre los
correctos preparativos del matrimonio y es el arquetipo de la unión en el
lecho nupcial, pero no destaca como madre. Los legítimos descendientes de su
unión con Zeus son Ares
(dios de la guerra), Hebe
(diosa de la juventud), Eris
(diosa de la discordia) e Ilitía
(diosa de los partos). Hera estaba celosa de que Zeus alumbrase a Atenea
sin recurrir a ella (en realidad, con Metis),
así que engendró a Hefesto
sin él. Zeus o la propia Hera estuvieron entonces disgustados con la fealdad
de Hefesto y lo expulsaron del Olimpo.
Según otra versión alternativa, Hera dio a luz sola a todos los hijos
normalmente atribuidos a Zeus y a ella juntos, golpeando su mano contra el
suelo, un acto solemne para los griegos, o comiendo lechuga. Hefesto se vengó de Hera por
haberle rechazado haciendo un trono mágico para ella que, cuando se sentó,
no le dejaba levantarse de él. Los demás dioses rogaron a Hefesto que
volviese al Olimpo para liberarla pero éste se negó repetidamente. Dioniso
le emborrachó y le llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto
liberó a Hera tras recibir a Afrodita
por esposa. Hera,
la némesis de Heracles
Hera fue la madrastra y
enemiga de Heracles,
el héroe que, más incluso que Perseo,
Cadmo o Teseo,
introdujo los hábitos olímpicos en Grecia.[0]
Cuando Alcmena
estaba embarazada de Heracles, Hera intentó evitar que éste naciera atando
las piernas de Alcmena en nudos. Sus planes fueron frustrados por Galantis,
la sierva de Alcmena, quien dijo a Hera que ya había traído el niño al
mundo. Hera la transformó en una comadreja. Cuando Heracles era aún un
infante, Hera envió dos serpientes
para matarlo mientras dormía en su cuna. Heracles estranguló una serpiente
con cada mano y su niñera le halló divirtiéndose con sus cuerpos flácidos
como si fueran juguetes. Esta anécdota[]
parte de una representación del héroe asiendo una serpiente en cada mano,
justo como las familiares diosas minoicas había hecho una vez. «La imagen de
un niño divino entre dos serpientes puede haber sido muy familiar para los
tebanos, que adoraban a los Cabiros,
aunque no era representada como una primera hazaña de un héroe.»[] Un relato del origen de la Vía
Láctea cuenta que Zeus había engañado a Hera para que amamantase al
infante Heracles. Al descubrir quién era éste, lo retiró de su pecho, y un
chorro de su leche formó la mancha que cruza el cielo. Los etruscos
representaban a un Hercle (Heracles) adulto y barbudo al pecho de Hera. Algunos mitos sostienen que
Hera se hizo amiga de Heracles por salvarla de un gigante que intentó
violarla, y que incluso le dio a su hija Hebe como prometida. Cualquiera que
fuese el mito fabricado para explicar una representación arcaica de Heracles
como ‘hombre de Hera’, se consideró adecuado para los constructores del Heraion
en Paestum,
que representaron las hazañas de Heracles en bajorrelieves
(señalado en este contexto por Kerényi 1959, p. 131). Los
doce trabajos
Hera encargó a Heracles
trabajar para el rey Euristeo
de Micenas. Intentó hacer casi todos los doce trabajos de Heracles más difíciles
de lo que ya eran. Cuando Heracles luchó con la hidra
de Lerna, envió un cangrejo para que le picase los pies con la esperanza
de distraerle. Para molestar a Heracles después de que éste se robase el
ganado de Gerión,
Hera envió un tábano
para picar a las reses, irritarlas y dispersarlas. Hera provocó entonces una
inundación que elevó el nivel de un río tanto que Heracles no podía
vadearlo con el ganado. Heracles apiló piedras en el río para hacer el agua
menos profunda. Cuando logró llegar a la corte de Euristeo, el ganado fue
sacrificado a Hera. Euristeo también quería
sacrificar el toro
de Creta a Hera, quien rehusó el sacrificio porque reflejaba la gloria de
éste. El toro fue liberado y vagó hasta Maratón,
pasando a ser conocido como el toro
de Maratón.
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Hera
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Los celos
de Hera
Eco
Durante un tiempo, una ninfa
llamada Eco
tuvo el trabajo de distraer a Hera de las aventuras de Zeus hablándole
incesantemente. Cuando Hera descubrió el engaño, maldijo a Eco a pronunciar sólo
las palabras de los demás (de ahí nuestra palabra moderna «eco»). Leto,
Artemisa y Apolo
Cuando Hera descubrió que Leto
estaba embarazada y que su marido, Zeus, era el padre, prohibió que Leto diera
a luz en terra firma, es decir, el continente o cualquier isla del mar.
Leto encontró la isla flotante de Delos,
que no era el continente ni una isla real, y dio a luz allí. La isla estaba
rodeada de cisnes.
Como gesto de gratitud, Delos estaba sujeta con cuatro pilares. Más tarde la
isla fue santificada a Apolo.
Alternativamente, Hera secuestró a Ilitía,
la diosa de los partos, para evitar que Leto diese a luz. Los demás dioses
obligaron a Hera a dejarla ir. De cualquier forma, primero nació Artemisa
y ésta ayudó a nacer a Apolo. Otra versión afirma que Artemisa nació un día
antes que Apolo, en la isla de Ortigia,
y que ayudó a Leto a cruzar el mar hasta Delos el día siguiente para dar a luz
a Apolo. Calisto
y Arcas
Hera también aparece en el mito
de Calisto
y Arcas. Calisto era una seguidora de Artemisa
que hizo voto de permanecer virgen.
Pero Zeus se enamoró de ella y se disfrazó de Apolo para poder atraerla hasta
sus brazos. Hera, la esposa de Zeus, convirtió entonces a Calisto en una osa
como venganza. Más tarde, el hijo que Calisto tuvo con Zeus, Arcas,
estuvo a punto de matarla cuando estaba de cacería, pero Zeus los subió a
ambos al cielo como las constelaciones
Osa Mayor
y Osa Menor. En una versión alternativa,
Calisto era miembro del cortejo de Artemisa y perdió su virginidad con Zeus,
quien se había disfrazado de Artemisa. Enfurecida, ésta la transformó en oso.
El hijo que Calisto había tenido con Zeus, Arcas, estuvo a punto de matarla
cuando estaba de cacería, pero Zeus o Artemisa lo detuvo y subió a ambos al
cielo como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor. Y en otra versión alternativa,
Artemisa mató deliberadamente a Calisto cuando ésta tenía forma de oso. Sémele
y Dioniso
Dioniso
era hijo de Zeus y una mujer mortal, Sémele.
Una celosa Hera intentó de nuevo matar al niño, esta vez enviando a los Titanes
a despedazar a Dioniso tras atraerle con juguetes. Aunque Zeus ahuyentó a los
Titanes con sus rayos, éstos ya habían devorado todo salvo el corazón, que
fue salvado, según la fuente, por Atenea,
Rea o Deméter.
Zeus usó el corazón para recrear a Dioniso e implantarlo en el vientre de Sémele,
de ahí que fuese «el nacido dos veces». Ciertas versiones insinúan que Zeus
le dio a comer el corazón a Sémele para embarazarla. Hera engañó a Sémele
para que le pidiese a Zeus que se mostrase en su auténtica forma, lo que la mató.
Dioniso logró rescatarla del inframundo y la llevó a vivir al monte Olimpo. Véase también el nacimiento
de Dioniso para otras variantes de este mito. Ío
Hera estuvo a punto de
sorprender a Zeus con su amante la princesa argiva Ío,
lo que éste logró evitar convirtiéndola en una hermosa ternera
blanca. Sin embargo Hera sospechó el engaño y pidió a Zeus que le diese la
ternera como un regalo, a lo que éste no pudo negarse. Cuando Hera recibió a Ío, la
dejó a cargo de Argos,
el gigante de cien ojos, para mantenerla apartada de Zeus. Éste envió entonces
a Hermes, quien
disfrazado de pastor logró que todos los ojos de Argos cayesen dormidos con
historias aburridas, y entonces lo mató de una pedrada, rescatando así a Ío.
Hera envió entonces un tábano para que la picase, obligándola a vagar sin
rumbo por el mundo con forma de vaca. Finalmente Ío llegó a los confines del
mundo, (que los romanos creían que era) Egipto, donde se convirtió en
sacerdotisa de la diosa egipcia Isis. Lamia
Lamia
era una reina de Libia
a quien Zeus amaba. Hera la transformó en un monstruo y mató a sus hijos. O,
alternativamente, mató a sus hijos y fue el dolor lo que la convirtió en dicho
monstruo. Lamia fue maldecida con la incapacidad de cerrar sus ojos, de forma
que siempre estuviese obsesionada con la imagen de sus hijos muertos. Zeus le
concedió el don de poder sacarse los ojos para descansar, y luego volver a ponérselos.
Lamia sentía envidia de otras madres y devoraba a sus hijos. Gerana
Gerana
era un reina de los pigmeos
que alardeaba de ser más bella que Hera. La iracunda diosa la transformó en
grulla y decretó que los descendientes de este pájaro estarían eternamente en
guerra con el pueblo pigmeo.
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Otras
historias involucrando a Hera
Cidipe
Cidipe,
una sacerdotisa de Hera, iba de camino a un festival en honor de la diosa. Los
bueyes que tiraban de su carro iban retrasados y sus hijos, Bitón
y Cleobis,
tiraron del carro el camino completo (45 estadios,
8 km). Cidipe quedó impresionada con la devoción hacia ella y su diosa y
pidió a Hera que concediera a los niños el mejor regalo que un dios pudiera
dar a una persona. Hera ordenó que los hermanos morirían cuando estuviesen
dormidos. Este honor concedido a los niños
fue más tarde usado por Solón
como prueba cuando trataba de convencer a Creso
de que es imposible juzgar la felicidad de una persona hasta que haya muerto
tras una vida gozosa (según las Historias de Heródoto,
Libro I). Tiresias
Tiresias
era un sacerdote de Zeus que, de joven, encontró dos serpientes
apareándose y las golpeó con un palo. Entonces fue transformado en una mujer.
Como mujer, Tiresias se convirtió en sacerdotisa de Hera, se casó y tuvo
hijos, incluyendo a Manto.
Tras siete años como mujer, Tiresias volvió a encontrar dos serpientes apareándose,
las golpeó con su bastó y se convirtió en hombre de nuevo. Zeus y Hera le
pidieron que dicidiese la cuestión de con qué sexo, masculino o femenino,
experimentaba más placer en sus relaciones
sexuales. Zeus afirmaba que era como mujer, y Hera decía que como hombre.
Cuando Tiresias estuvo de acuerdo en Zeus, afirmando que la mujer recibe nueve
décimos del placer, Hera le cegó. Como Zeus no podía deshacer esta maldición,
concedió a Tiresias el don de la profecía. Una versión alternativa y menos
conocida de la historia cuenta que Tiresias fue cegado por Atenea
tras encontrársela bañándose desnuda. Su madre, Cariclo,
rogó a la diosa que deshiciera su maldición, pero Atenea no podía hacerlo y
a cambio le concedió el don de la profecía. Quelona
En la boda de Zeus y Hera, una
ninfa llamada Quelona
fue irrespetuosa (o rehusó servir). Zeus la castigó transformándola en
tortuga. Engaño
de Zeus
Artículo principal: Engaño
de Zeus Hera, junto con varios de los
olímpicos (Apolo, Atenea, Poseidón) intentaron una vez destronar a Zeus
y adueñarse del Olimpo. Para eso encadenaron a Zeus a su lecho y alejaron de
él su rayo. Mientras discutían quién gobernaría el Olimpo, el centímano Briareo
liberó a Zeus, y el dios castigó a los usurpadores. Como castigo ejemplar,
colgó a Hera desde el cielo, con sus brazos encadenados a argollas de oro y
un yunque atado a cada pie. Los gritos lastimeros de Hera terminaron
ablandando el corazón de Zeus, quien la liberó posteriormente. La
Ilíada
Durante la Guerra
de Troya, Diómedes
luchó con Héctor
y vio a Ares luchando en el bando troyano. Diómedes pidió a sus soldados que
se retirasen lentamente. Hera, la madre de Ares, vio la injerencia de éste y
pidió permiso a Zeus, su padre, para alejar a Ares del campo de batalla. Hera
animó a Diómedes a atacar a Ares y éste arrojó su lanza contra el dios. Atenea
guió la lanza hasta el cuerpo de Ares, quien rugió de dolor y huyó al monte
Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse. El
vellocino de oro
Hera odiaba a Pelias
por haber asesinado a Sidero,
su madrastra, en un templo consagrado a ella. Manipuló a Jasón
y Medea para
que matasen a Pelias. |
(Textos extraídos de 'Wikipedia')

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