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El rey reconoció que se hallaba
ante un verdadero héroe y le rindió toda clase de distinciones y regalos
para honrarlo, ya que era la primera vez que los visitaba un hombre tan
valiente.
Por la noche, sabiendo que el héroe de Troya partiría a la madrugada
hacía Itaca, Nausica se presentó para despedirse.
-Vengo a despedirme, valiente Ulises. Pienso que no volveré a verte,
pero seré feliz si pienso que alguna vez te acordarás de mí.
Ulises se emocionado ante tanta sinceridad, respondió: -Princesa Nausica.
Te recordaré todos los días de mi vida, pues tú me has devuelto la vida.
Al día siguiente, el rey fletó una de sus mejores naves para llevar a
Ulises de regreso a Itaca. Los feacios extendieron una alfombra sobre la
cubierta , allí se recostó Ulises y pronto se quedó dormido.
El buque con ayuda de una suave brisa se deslizó sobre el mar. Al
amanecer del otro día, llegaron a Itaca. Como Ulises continuaba dormido,
los feacios tomaron la alfombra con sumo cuidado y la depositaron en
tierra sin despertarlo.
Junto a el depositaron todos los regalos de oro y plata que el rey había
obsequiado al héroe de Troya.
Mientras Ulises continuaba dormido, su protectora, la diosa Atenea lo
envolvió en una espesa niebla y, cuando luego de varias horas despertó,
se afligió enormemente, pues no reconoció el lugar y gritó desconsolado:
-¿Dónde estoy? ¡Esto no es Itaca! ¡Los feacios me han tendido una trampa!
¡Pobre de mi!
Cuando estaba a punto de descargar su llanto, la diosa Atenea se hizo
visible y con su dulce voz le fue narrando todo lo que había ocurrido en
Itaca durante su larga ausencia.
(Tomado de la siguiente web:
http://cuentos-infantiles.idoneos.com/index.php/Cuentos_mitol%C3%B3gicos/Ulises#Nausica)
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