Visión general
La figura de Perséfone es actualmente muy conocida. Su
historia tiene un gran poder emocional: una doncella inocente,
el dolor de una madre por el rapto y el regreso de su hija.
También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos
que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de
la diosa provocando el cambio de estación.
Pero los griegos también conocían otra faceta de Perséfone.
Ella era además la terrible Reina de los muertos, cuyo nombre no
era seguro pronunciar en voz alta y a la que se referían como
«La Doncella». En la
Odisea, cuando
Odiseo viaja al Inframundo, alude a ella como «Reina de
Hierro». Su mito central, aún con toda su familiaridad emotiva,
era también el contexto tácito de los extraños ritos iniciáticos
secretos de regeneración de los
misterios eleusinos, que prometían la inmortalidad a
sobrecogidos participantes: una inmortalidad en el mundo
subterráneo de Perséfone, en un banquete con los
héroes bajo su pavorosa mirada (Kerényi 1960, 1967).
El mito del rapto
En el
panteón olímpico se le da un padre a Perséfone: según la
Teogonía de
Hesíodo era hija de
Zeus
y
Deméter:
Y él [Zeus] fue a la cama de la abundante Démeter, quien
concibió a Perséfone, la de blancos brazos, robada por Hades
del lado de su madre.
Sin embargo, Perséfone no tenía una posición estable en el
Olimpo. Solía vivir muy lejos de los demás dioses, siendo
una diosa de la naturaleza anterior a plantar semillas y
cultivar plantas. En la tradición olímpica fue cortejada por los
dioses
Hermes,
Ares,
Apolo
y
Hefesto, pero ella rechazó todos sus regalos y alejó a su
hija de la compañía de los dioses. Así, llevaba una vida
pacífica hasta que se convirtió en la diosa del
inframundo, lo que, según los mitógrafos olímpicos, no
sucedió hasta que
Hades
la raptó y la llevó allí con él. Perséfone estaba cogiendo
flores inocentemente con algunas
ninfas (y
Atenea y
Artemisa, según el
himno homérico, o
Leucipe, o algunas
Oceánides) en un campo en
Enna
cuando Hades apareció, emergiendo de una grieta del suelo. Las
ninfas fueron transformadas en las
Sirenas por no haber intervenido. La vida quedó paralizada
mientras la desolada
Deméter (diosa de la Tierra) buscaba por todas partes a su
hija perdida.
Helios, el sol, que todo lo ve, terminó por contarle lo que
había pasado.
Finalmente, Zeus no pudo aguantar más la agonía de la tierra
y obligó a Hades a devolver a Perséfone, enviando a
Hermes para rescatarla. La única condición que se puso para
liberar a Perséfone fue que no probase bocado en todo el
trayecto, pero Hades la engañó para que comiese seis (o cuatro,
según las fuentes) semillas de
granada, que la obligaban a volver cada año un mes por cada
semilla. En algunas versiones,
Ascálafo contaba a los demás dioses que Perséfone se había
comido voluntariamente las semillas de granada. Cuando Deméter y
su hija estaban juntas, la tierra florecía de vegetación. Pero
durante seis meses al año, cuando Perséfone volvía a los
infiernos, la tierra se convertía de nuevo en un
erial estéril. Fue durante su viaje para rescatar a
Perséfone del inframundo cuando Deméter reveló los
misterios eleusinos. En una versión alternativa,
Hécate rescató a Perséfone. En la versión más antigua la
temible diosa Perséfone era la propia Reina del Inframundo (Burkert,
Kerényi).
En algunas versiones Deméter prohíbe a la tierra dar frutos,
en otras está tan ocupada buscando a Perséfone que no se ocupa
de ella, y en algunas la profundidad de su desesperación hace
que nada crezca.
El número de semillas comido por Perséfone cambia también de
unas versiones a otras, a menudo en relación con la duración del
invierno en la zona de procedencia de la historia.
Este mito puede ser interpretado también como una
alegoría de los rituales matrimoniales de los antiguos
griegos, que sentían que el matrimonio era una especie de rapto
de la novia de su familia por parte del novio, y este mito puede
haber explicado los orígenes del ritual del
matrimonio. La más popular explicación
etiológica de las estaciones puede haber sido una
interpretación posterior.
Perséfone, como reina del
Hades,
sólo mostró clemencia una vez. Debido a que la música de
Orfeo
era tan arrebatadoramente triste, permitió que éste se llevase a
su esposa,
Eurídice, de vuelta al mundo de los vivos con la condición
de que ella caminase tras él y él nunca intentase mirarla a la
cara hasta que estuviesen en la superficie. Orfeo accedió pero
falló, al mirar atrás casi al final para asegurarse de que su
esposa le seguía, y perdió a Eurídice para siempre.
Perséfone también figura en la historia de
Adonis, el consorte sirio de
Afrodita. Cuando Adonis nació, Afrodita lo tomó bajo su
protección y fue hechizada por su belleza sobrenatural. Afrodita
se lo dio a Perséfone para que lo cuidara, pero ésta también
quedó asombrada por su belleza y rehusó devolvérselo. La
discusión entre las dos diosas fue resuelta por Zeus o
Calíope, quien decidió que Adonis pasase cuatro meses con
Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año
solo.
Cuando Hades persiguió a una ninfa llamada
Mente, Perséfone la convirtió en una planta de
menta.
Perséfone era el objeto del cariño de
Pirítoo. Su amigo
Teseo
y él prometieron casarse con sendas hijas de
Zeus.
Teseo escogió a
Helena, la secuestró con la ayuda de Pirítoo y decidió
retenerla hasta que tuviese la edad de casarse. Dejaron a Helena
con la madre de Teseo,
Etra,
y viajaron al inframundo, reino de la elegida de Pirítoo,
Perséfone, y del marido de ésta,
Hades,
quien fingió ofrecerles hospitalidad y preparó un banquete. Tan
pronto como la pareja se sentó, las serpientes se enroscaron en
torno a sus pies, atrapándolos. Teseo fue finalmente rescatado
por
Heracles.
Era frecuente referirse a Perséfone y su madre Deméter como
aspectos de la misma diosa, y eran llamadas «las Deméters» o
simplemente «las diosas». La historia del rapto de Perséfone era
parte de los ritos de iniciación en los
misterios eleusinos.