Las infidelidades de Minos
Según
Antonino Liberal, las numerosas infidelidades del rey Minos
enfurecieron de tal modo a Pasífae que le maldijo: cada que vez
que tenía
relaciones con otra mujer no eyaculaba semen sino serpientes
nocivas, escorpiones y ciempiés que hacían presa de los órganos
vitales de la amante.
En una ocasión para tener relaciones con la cazadora
Procris, la sobornó regalándole a Lelaps (un sabueso que
nunca dejaba escapar a su presa) y una flecha infalible. (Ambos
regalos le habían sido dados por la diosa
Artemisa.) Procris aceptó pero le obligó a beber una bebida
profiláctica —una cocción de raíces mágicas preparada por la
hechicera
Circe,
hermana de Pasífae— para que él no le llenase las entrañas de
víboras y escorpiones. La bebida hizo el efecto deseado, pero
Procris temía que Pasífae la embrujara, por lo que escapó de
Creta.
En Esparta
Pasífae era adorada como una diosa oracular en la
laconia
Talames, fuera de
Esparta. El geógrafo
Pausanias describe el santuario como pequeño, situado cerca
de un curso de aguas claras, y flanqueado por estatuas de bronce
de
Helios y Pasífae.
Su relato también equipara a Pasífae con
Ino y
Selena (Leucótea,
la ‘diosa blanca’, personificada por la
Luna).
Hera,
Pasífae e Ino eran nombres de la triple
Diosa,
la interdependencia de cuyas personas era simbolizada por el
trípode en que se sentaba su
sacerdotisa.
Cicerón escribe en
De natura deorum que los
éforos
espartanos dormían en el templo para recibir sueños
proféticos que les ayudasen a gobernar. Según
Plutarco,[8]
durante el reinado del rey
Agis, varios éforos llevaron a la gente a la revuelta por
culpa de los
oráculos del santuario de Pasífae, que prometían perdón de
las deudas y redistribución de la tierra.
En un caso, un éforo soñó que las sillas de algunos de sus
colegas eran retiradas del
ágora,
y que una voz gritaba que «esto es mejor para
Esparta». Inspirado por esto, el rey
Cleómenes II actuó para consolidar su poder real.