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Orfebre de arabescos del lenguaje
que a la agudeza del ingenio ofrece
profundidad de idea, y permanece
tallada en concisión en el mensaje.
Lope fue perspectiva del paisaje,
que en luminosidad clara aparece;
Góngora la espesura que florece;
Gracián, rigor desnudo de follaje.
Espíritu gemelo de Quevedo,
como él batiéndose en el mismo ruedo
ascético, político, moral,
en densidad de estilo y pensamiento,
sobrio, preciso, en su embellecimiento
siempre exacto, jamas superficial.
Los Angeles, 7 de mayo de 2000
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Información sobre el autor: Click en su nombre
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“CRISI V
Entrada del mundo
Cauta, si no engañosa, procedió la
naturaleza con el hombre al introducirle en este mundo, pues trazó que
entrase sin género alguno de conocimiento, para deslumbrar todo reparo. A
oscuras llega y aun a ciegas, quien comienza a vivir, sin advertir que vive y
sin saber qué es vivir. Críase niño y tan rapaz, que, cuando llora, con
cualquier niñería le acalla y con cualquier juguete le contenta. Parece que
le introduce en un reino de felicidades y no es sino un cautiverio de
desdichas que, cuando llega a abrir los ojos del alma, dando en la cuenta de
su engaño, hállase empeñado sin remedio. Vese metido en el lodo de que fué
formado y ya ¿que puede hacer, sino pisarlo, procurando salir de él como
mejor pudiere?
Persuádome que, si no fuera con este
universal ardid, ninguno quisiera entrar en tan engañoso mundo y que pocos
aceptaran la vida después, si tuvieran estas noticias antes. Porque ¿quién,
sabiéndolo, quisiera meter el pie en un reino mentido y cárcel verdadera, a
padecer tan muchas como varias penalidades? En el cuerpo hambre, sed, frío,
calor, cansancio, desnudez, dolores, enfermedades y en el ánimo engaños,
persecuciones, envidias, desprecios, deshonras, ahogos, tristezas, temores,
iras, desesperaciones y salir al cabo condenado a miserable muerte, con pérdida
de todas las cosas, casa, hacienda, bienes, dignidades, amigos, parientes,
hermanos, padres y la misma vida, cunado más amada.
Bien supo la naturaleza lo que hizo y mal
el hombre lo que aceptó. Quien no te conoce ¡oh vivir! te estime; pero un
desengañado tomara antes de haber sido trasladado de la cuna a la urna, del tálamo
al túmulo. Presagio común es de miserias el llorar al nacer. Que, aunque el
más dichoso cae de pies, triste posesión toma y el clarín, con que este
hombre rey entra en el mundo, no es otro que su llanto: señal que su reinado
todo ha de ser de penas. Pero ¿cuál puede ser una vida, que comienza entre
los gritos de la madre, que la da, y los lloros del hijo, que la recibe? Por
lo menos, ya que le faltó el conocimiento, no el presagio de sus males, si no
los concibe, los adivina.”
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Baltasar
Gracián y Morales nació en
la localidad zaragozana de Belmonte (actualmente Belmonte de Gracián)
en 1601. Reconocido como una de las mentes más lúcidas de su tiempo,
el escritor aragonés era hijo de Francisco, "dotor médico"
y natural de Sariñena, y de Ángela, nacida en Calatayud. De niño, residió
también en Toledo con Antonio Gracián, hermano de su padre y capellán de
San Pedro de los Reyes.
El 30
de mayo de 1619, previa prueba de limpieza de linaje, ingresó en el
noviciado de los jesuitas en Tarragona. Seis años más tarde, y después de
estudiar Filosofía en Calatayud y Teología en Zaragoza, se ordenó
sacerdote.
En 1633
pasó a ocupar la cátedra de de Filosofía en la Universidad de Gandía,
desde donde fue destinado a Huesca en 1636 como predicador, confesor y
escritor. En la capital oscense entabló amistad con Vicencio Juan de
Lastanosa, su mecenas, y comenzó su vida como escritor al publicar "El
Héroe" (1637).
Baltasar
Gracián fue de nuevo destinado en 1639 a Zaragoza, donde entró en
contacto con el Duque de Nocera, que actuó como su confesor. Con él viajó a
Madrid, donde predicó con gran éxito en la villa y corte.
En 1642
llegó a Tarragona como vicerrector para recalar a finales de 1644 en
Valencia, ciudad en la que debió de predicar el polémico "Sermón
del Infierno" y en la que se originó su prevención valenciana.
Un año
después fue destinado a Huesca de nuevo, desde donde se trasladó a Zaragoza
(1949). En la capital aragonesa ejerció los cargos de confesor,
predicador y profesor de Escritura. Allí se relacionó con los principales
eruditos y poetas zaragozanos (andrés de Uztarroz, el marqués de San
Felices...) y preparó su obra cumbre, "El Criticón", cuya
publicación le desencadenó serios problemas con sus superiores.
En 1655
publicó "El Comulgatorio" firmado con su propio nombre y con
la autorización de la Compañía.
Tres años
después, en 1658, se le destina sancionado a Graus, pero el 30 de
abril se encuentra en Tarazona, ya rehabilitado, como consultor y prefecto
espiritual.
El 6
de diciembre de 1658 murió y, probablemente, fue inhumado en la fosa común
de los padres de la Compañía, en la iglesia del colegio.
(De: http://www.redaragon.com/servicio/cultura/gracian/1.asp)
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Influencia:
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Ya
en vida, fueron traducidas sus obras al francés y al inglés; dentro
del siglo XVII, son vertidas al italiano y al sueco; y en el siglo
XVIII, al alemán, al holandés, al rumano, al polaco, al húngaro y al
ruso.
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Las
obras preferentementes traducidas, y de mayor influencia europea, han
sido El Criticón y el Oraculo manual. Se percibe claramente su
presencia en grandes escritores franceses como La
Rochefoucauld, La
Bruyère, Fénélon,
Corneille
y Voltaire.
Y a su prestigio mundial ha contribuido decisivamente la estima que de
Gracián hicieron dos de los más famosos y radicales filósofos
alemanes:
Schopenhauer y Nietzsche.
El primero, que tradujo el Oráculo a instancias de Goethe,
afirmaba: "Mi escritor preferido es el filósofo Gracián. He leido
todas sus obras. Su Criticón es para mi uno de los mejores libros del
mundo." Y Federico Nietzsche,
escribía, refiriéndose al Oraculo: "Europa no ha producido nada más
fino ni complicado en materia de sutileza moral."
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(De: http://perso.wanadoo.es/baltasar_gracian/obra/obra.htm) |
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La
Obra de Baltasar Gracián.
Los críticos no están de acuerdo en
la identificación de «los docegracianes» que menciona el prólogo del Oráculo;
y es posible que no haya llegado hasta nosotros alguno de los manuscritos que
Gracián terminara. Un dístico latino que cita el escritor en el discurso 60
de la Agudeza, como ejemplo de estilo lacónico, parece ser uno de los
ejercicios escolares suyos.
Cronológicamente, publicó El Héroe
(1637); El Político (1640), en cuyos prolegómenos alude a El Ministro Real,
desconocido; El Arte e Ingenio (1641); El Discreto (1646), que hace referencia
a otras dos obras ignoradas: El varón atento, y El Galante; de este mismo año
es la Relación sobre el socorro de Lérida; el Oráculo (1647); la Agudeza
(1648), reelaboración de El Arte de Ingenio; El Criticón, I, II, III
(aparecido respectivamente en 1651, 1653 y 1657); El Comulgatorio (1655), que
promete en el prólogo otro tratado sobre «la preciosa muerte del justo». Se
conservan 32 cartas completas de Gracián, que caracterizan sus relaciones
sociales y culturales con Lastanosa, Uztarroz, Salinas, Francisco de la Torre,
y su contexto; lo mismo que con sus superiores y compañeros jesuitas. De él
son el prólogo y la edición de la Predicación fructuosa del padre Pedro Jerónimo
Continente, jesuita (1652); la aprobación del Entretenimiento de las musas,
de Francisco de la Torre (1654); la de la Vida de la Infanta Santa Isabel, del
marqués de Osera, Francisco Funes de Villalpando (1655); y la de la Perla de
proverbios morales, de Alonso de los Barros (1656).
La crítica no puede admitir como
gracianas las Selvas del año, repetidamente impresas con las obras completas
del escritor; pero hay que reconocer su intervención en la antología de José
de Alfay Poesías varias de grandes ingenios españoles (1654). Una referencia
de Nicolás Antonio, no recogida por ningún gracianista, da como de Gracián
El Forastero (Bruselas, 1633). Todas las obras de Gracián se hallan henchidas
de una fuerte carga de autobiografismo.
-
EL HÉROE (Huesca, 1637, primera edición, doble; se traduce al francés
en 1645, y al inglés en 1653): Está dividido en veinte «primores», que
son los que exige la heroicidad. Gracián se propone «formar un varón
gigante..., sacar un varón máximo..., bosquejarle universalmente
prodigio». Quiere que en su libro se halle «una brújula de marear a la
excelencia» y «una razón de Estado de cada uno». En relación con sus
demás obras, El Héroe es una cabeza de serie, encierra en germen los
esquemas ético y estético de las demás obras. El héroe genérico se ha
de especificar en cada uno de los libros de Gracián, que constituyen un
conjunto estructurado y armónico. Se han hecho unas treinta ediciones de
El Héroe, que tiene traducción italiana, además de la francesa e
inglesa.
-
EL P0LITIC0 (Zaragoza, 1640): Comienza a concretar la abstracción de El Héroe.
«Feliz y universal héroe» es el último apelativo que se da a Fernando
el Católico en El Político; y ya en el primor primero de El Héroe se le
llama «el non plus ultra de los heroicos reyes de Aragón». El escritor
plasma en El Político la nostalgia de una edad pretérita, contrapuesta a
la triste realidad presente de Felipe IV de España y sus validos. Las múltiples
aportaciones históricas, nacionales y extranjeras, integran dentro del género
literario de la obra —panegírico aretológico al estilo de Tácito—
una síntesis filosófico política, y constituyen no tanto el cuerpo de
la historia de Fernando «cuanto el alma de su politica». El Político ha
sido categorizado, fuera de España, como representativo de la idea española
de la razón de Estado en la Edad Moderna. Hay traducciones de El Político
al francés, italiano y alemán, y se ha editado unas treinta veces.
-
EL DISCRETO (Huesca, 1646): Es una prueba clarificadora del valor
autobiográfico de las obras de Gracián, progresivamente acentuado.
Pueden anotarse las muchas coincidencias entre el escritor aragonés y San
Ignacio de Loyola; el gran tratadista de las reglas de discreción de espíritus
y de la buena elección obtiene un notable reflejo en El Discreto. El
nombre de «realces» de El Discreto evoca el de «primores» en El Héroe,
y los veinticinco pueden agruparse en cinco subgéneros literarios
diversos: problemas, elogios, sátiras, razonamientos y ficciones. «La
corona de la discreción» (realce 24) contiene una síntesis del libro,
constituida por «la alteza de ánimo, la majestad de espíritu, la
autoridad, la estimación, la reputación, la universalidad, la ostentación,
la galantería, el despejo...».
El Discreto está traducido al francés, italiano alemán (citado por
Schopenhauer), inglés holandés y polaco, y se ha editado aproximadamente
como las obras anteriores de su autor.
-
El ORÁCULO (Huesca, 1647): Aunque apareció como una colección de
aforismos extractados de las obras de Gracián, por Vmcencio Juan de
Lastanosa, es indiscutiblemente un nuevo libro del jesuita. El problema
quedó zanjado por M. Romera-Navarro. Sólo 72 de los 300 aforismos
proceden claramente de las obras anteriormente impresas del autor. La
sistematización podría estructurarse, con el criterio gracianista de
Hellmut Jansen, en torno a la personalidad, la prudencia y la filosofía.
También se ha de considerar iluminadora la interpretación conjunta de la
ética graciana intuida por Francisco Maldonado en el aforismo 251 (el
centro mismo) del Oráculo: «Hanse de procurar los medios humanos como si
no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos», tan lejos
de Maquiavelo como del quietismo de Molinos. Gracián se sitúa en la línea
de nuestros clásicos catecismos éticos. Es llamativa la abundancia de
pensamientos versificados en un autor del que no se conoce un solo verso
castellano. Pasan de cien las ediciones del Oráculo en
castellano, francés, alemán (de Schopenhauer), holandés, inglés,
italiano, latín, polaco, húngaro (con una edición en verso) y rumano,
que son el exponente de su influjo en el pensamiento ético de Europa y América.
-
La AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO (Madrid, 1642, y reelaboración: Huesca,
1648): Fuera de las obras completas, existe una docena de ediciones
sueltas de la Agudeza. No se conoce más traducción extranjera que la
norteamericana de Leland Hugh Chambers (Michigan, 1962). Al considerar el
eclecticismo ético-estético de Gracián analizaremos más detenidamente
la doctrina de la Agudeza.
-
EL CRITICÓN (1, Zaragoza, 1651; II, Huesca, 1653; III, Madrid, 1657):
Para Batllori «es una obra de trascendencia, sólo comparable en España
al Quijote». En el «viaje ageográfico de Andrenio y Critilo en perpetuo
diálogo existencial, como lucha de lo espontáneo y de lo reflexivo, del
hombre y de la persona, se confunden —casi se identifican— espacio y
tiempo. Lo espacial se reduce a temporal, en una sismología que es
maravilla y concepto a la vez: por eso El Criticón es una obra maestra
tanto de la literatura española como de la literatura universal,
sobreviviendo así en su vida póstuma aquella misma identificación ideal
del tiempo y del espacio». El itinerario discurre desde «la hermosa
naturaleza», por «la primorosa arte», hasta «la útil moralidad»; y
comienza «en la primavera de la niñez y el estío de la juventud», para
hacerse «juiciosa, cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad»,
y desembocar andefectiblemente en «el invierno de la vejez». M. Romera
Navarro ha sido el estudioso máximo de El Criticón, con su edición crítica,
investigación de las fuentes y problemas, y su bibliografía completa.
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EL COMULGATORIO (Zaragoza, 1655): El carácter de confesión y autodefensa
del prólogo del Comulgatorio, tanto para sus contemporáneos como para la
posteridad, debe apreciarse en todo lo que lo valoró el -autor. Este
asegura que «entre los varios libros que se me ha prohijado, éste solo
reconozco por mío, digo legítimo», jesuítica, personal, literaria y
hermenéuticamente hablando. La división de cada una de las cincuenta
meditaciones con simetría armónica sugiere la idea de los cuartetos
musicales de la polifonía de su época. Y existe coincidencia verbal
entre los títulos de las meditaciones y los de los autos de su coetáneo
Calderón. Pasan de veinticinco las ediciones castellanas del
Comulgatorio, además de las dos latinas, dos francesas, tres italianas,
tres inglesas y cinco alemanas.
El Criticón
y Oráculo manual, son dos obras que han rebasado épocas y fronteras, estando
hoy de moda entre los "yuppies" americanos.
(De http://members.es.tripod.de/albo/baltasar/obras.htm de
Alberto Gil).
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El poema titular de esta página es original
de Francisco Alvarez
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