Sor Juana Inés de la Cruz

 “Quién será más de culpar
 aunque cualquiera mal haga:
 La que peca por la paga,
 o el que paga  por pecar?”

Retirada en la celda solitaria
Domaste el cuerpo con la disciplina,
Y el alma se inundó de luz divina
Conversando con Dios en la plegaria.

Tu rosa de pasión extraordinaria
Te dió el aroma y a la vez la espina,
Calor de fuego y robustez de encina,
Y ardor para librar la lucha diaria.

No conoció tu espíritu fronteras,
Y el mundo entero estuvo entre tus muros
Palpitante en tus libros y en tu mente.

Tus palabras directas y sinceras,
Dieron a la mujer pasos seguros
Al defender su honor con voz ardiente.

                    Los Angeles, 6 de Agosto de 1997

 

 


 



 
De: Sor Juana Inés de la Cruz
 

  Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por Qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad
decís que fue liviedad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para pretendida Thais,
y en posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recta,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cual es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga,
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fue a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


 

 

Sor Juana Inés de la Cruz
1651-1695

Poetisa mexicana, nace en San Miguel de Nepantla.
Su nombre es Juana de Asbaje y Ramírez de Cantillana, ingresa a la Orden de las Carmelitas descalzas en 1667 y dos años más tarde se traslada al convento de San Jerónimo. A partir de entonces se dedica al estudio de la literatura, teología, filosofía y de las ciencias matemáticas.
Es autora de numerosos sonetos, romances y villancicos enmarcados dentro del barroquismo hispánico. Además de obras de tema amoroso, acude a la inspiración popular, mezclado con la lengua indígena y el dialecto de los esclavos negros. Su respuesta a sor Filotea, escrita en prosa, le acredita como la iniciadora de la autobiografía en las letras hispanoamericanas. En tres autos sacramentales se aprecia la influencia de Don Pedro Calderón de la Barca: El divino Narciso o el mártir del sacramento, San Hermengildo y El centro de San José. Escribe dos comedias, Los empeños de una casa y Amor es más laberinto. Entre sus poemas se encuentran Lámina, sirva el cielo al retrato y Primero sueño, entre otros. Muere en la Ciudad de México. Sus obras son publicadas de forma póstuma en tres volumenes.


 
 


 
 

 





         El poema titular de esta página es original de
        Francisco Alvarez

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