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De: Jorge Manrique
A la muerte del Maestre de Santiago
Don Rodrigo Manrique.
(Fragmento)
Recuerde alma dormida,
Avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s´es ido
e acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo non venido
por pasado.
Non se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más duró lo que vio,
porque todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos:
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
e los ricos.
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(Responde el Maestre)
“Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la Divina
para todo;
e consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera
es locura.
Tú, que por nuestra maldad
tomaste forma servil
e baxo hombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
Tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
non por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona".
Cabo
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
y de sus hijos e hermanos
e criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la ponga en el cielo
en su gloria.),
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.
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