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De: Menéndez
y Pelayo
Historia de los Heterodoxos Españoles
(Fragmento)
Dios nos conservó la victoria, y premió
el esfuerzo perseverante dándonos el destino más alto entre
todos los destinos de la historia humana: el de completar el planeta, el
de borrar los antiguos linderos del mundo. Un ramal de nuestra raza forzó
el cabo de las Tormentas, interrumpiendo el sueño secular de Adamastor,
y reveló los misterios del sagrado Ganges, trayendo por despojos
los aromas de Ceilán y las perlas que adornaban la cuna del
sol y el tálamo de la aurora. Y el otro ramal fué a prender
en tierra intacta aún de caricias humanas, donde los ríos
eran como mares, los montes, veneros de plata, y en cuyo hemisferio
brillaban estrellas nunca imaginadas por Tolomeo ni por Hiparco.
Dichosa edad aquélla, de prestigios
y maravillas, edad de juventud y de robusta vida. España era
o se creía el pueblo de Dios, y cada español, cual otro Josué,
sentía en sí fe y aleinto bastante para derrocar los muros
al son de las trompetas o para atajar al sol en su carrera. Nada
parecía ni resultaba imposible; la fe de aquellos hombres, que parecian
guarnecidos de triple lámina de bronce, era la fe, que mueve de
su lugar las montañas. Por eso en los arcanos de Dios les estaba
guardado el hacer sonar la palabra de Cristo en las más bárbaras
gentilidades; el hundir en el golfo de Corinto las soberbias naves del
tirano de Grecia, y salvar, por ministerio del joven de Austria, la Europa
occidental del segundo y postrer amago del islamismo; el romper las huestes
luteranas en las marismas bátavas con la espada en la boca y el
agua a la cintura y el entregar a la Iglesia romana cien pueblos por cada
uno que le arrebataba la herejía.
España, evangelizadora de la mitad del
orbe; España, martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma,
cuna de San Ignacio...; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad;
no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España
volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectones
o de los reyes de taifas.
Marcelino Menéndez y Pelayo
1865-1912
Polígrafo, lingüista e historiador español, nace
y muere en Santander. Estudia
en el Instituto Cántabro de Santander, donde su padre enseña
matemáticas. Viaja a Barcelona estudiar filosofía y letras,
pero se decide por la Universidad de Valladolid al discrepar con
los postulados metafísicos enseñados por Nicolás Salamerón.
Se recibe con máximos honores y va a Madrid donde obtiene un doctorado
a los 19 años. Cuatro años más tarde gana la cátedra
de literatura de la universidad Complutense y a los 25 años, es
miembro de las academias españolas de Historia, Bellas Artes y Ciencias
Morales y Políticas. Desarrolla una intensa labor investigativa
sobre la cultura, tradición y literatura españolas que ven
la luz en trabajos como Antilogía de los
poetas hispanoamericanos, en el que comprendía la literatura
peninsular y de las Américas; Historia
de los heterodoxos españoles, La ciencia de España,
estudios historiográfico sobre el desarrollo científico de
su país.
Orígenes de la novela; Orígenes de la lírica,
Las ideas estéticas y Horacio en España, obras históricas
que rescatan el nacimiento y el proceso de evolución de los géneros
literarios. Hace estudios críticos sobre el Siglo de Oro español,
como prólogo a Lope
de Vega y Calderón
y su teatro. Su producción intelectual esta contenida en 65 volúmenes
y en un archivo epistolar, testigo de su constante intercambio con los
académicos del mundo. Diputado de Palma de Mallorca y Zaragoza,
senador y director de la Biblioteca Nacional en 1898. Por todo ello es
considerado por los mejores críticos "el fundador
de la historia de la filosofía y el pensamiento español,
bajo cuya inspiración todavía vivimos los que nos dedicamos
a estas tareas"
(José Luis Abellán), y el "creador de la historia de
nuestra literatura: pobló un espacio inmenso de la
cultura española, antes casi desierto; y nos dejó en
su obra un tesoro que ni aun podemos inventariar
y un modelo intocable y perenne" (Dámaso Alonso).
A pesar de esta inmensa obra, lo que él más estimaba era
su Biblioteca, "obra de mi paciente
esfuerzo, única obra mía de la que me encuentro medianamente
satisfecho".
Su labor es un invaluable aporte a la literatura e historia españolas.
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