| Poesía
del momento, Nº 142 c |
Tercera
de mayo de 2008 |






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En soledad, en soledad me quedo,
en doble soledad y dolorida;
no sólo te perdí, sino que cedo
la mejor parte de mi propia vida;
la parte que te dí, la que no puedo
recuperar, porque ya está perdida.
No sé si volverás, mas si lo hicieras,
aquí estaré hasta que otra vez me quieras.
Brevería Nº 765
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Breverías
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1871
- Hiere mi espalda el peso de la roca
en duro ascenso hacia la abrupta cumbre,
cada vez que mi amor tu nombre invoca;
condenado me siento a esta costumbre,
de subir, y caer, y en nuevo intento,
fracasar otra vez, Sísifo amante,
derrotado al perder el cargamento
de esta ilusión que te halla tan distante.
1872
- Me han llamado otras voces en tu ausencia,
y he empezado a escucharlas, pues la tuya
se viste de silencio y somnolencia;
esas voces me piden que la excluya.
Tanto yo te llamé día tras día,
profeta predicando en el desierto,
que el alma, al fin, se me quedó vacía,
y dentro de ella tu rumor se ha muerto.
1873
-
Se han cerrado en tu casa las cortinas.
¿No te atreves quizá a mirar afuera,
a calles, campos, ríos y colinas?
¿O al hombre que te espera?
¿O no quieres que ese hombre te perciba
en tu ordinario afán tras los cristales?
¿No has aprendido que el amor estriba
en las pequeñas cosas informales?
1874
-
Cuántas palabras escribí sangrando
que tal vez no escuchaste, ni leíste,
aunque desde el papel siguen gritando.
No sé por qué mi soledad insiste
en hablar cuando nadie está escuchando,
o quien quiero que me oiga, se resiste.
Siembro en surcos estériles el grano
que no sazonará. Mi obra es en vano.
1875
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Qué amplio es el lecho donde no hay amante,
y en el que no hay complicidad, qué estrecho.
Larga la espera del amor distante
con los ojos clavados en el techo.
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Poemas
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Era un pulso
Era un pulso de amor cada poema
que escribí para ti, por ti, contigo;
coloquio lo juzgué, mas fue discurso
sin eco, sin respuesta, un alarido
resonando en meseta despoblada,
agua rodando en prolongado río.
De mí nació, mas no me fue devuelto
ni júbilo, ni llanto, ni latido.
No sé si te llegó, si me escuchaste,
si fue rumor, tormenta o espejismo.
Fluí hacia ti sin reservar aliento,
y me quedé vacío,
absorbiéndome el alma en la distancia,
y en la alcoba el sentido.
Y aunque lleno de ti, me desangraste
hasta perder enfoque y equilibrio.
Desorientado estoy, titubeante;
no sé si lo perdido
me hace más pobre a mí, que tanto tuve,
y aún no he logrado completar el ciclo
de alborozo, repudio, indiferencias,
y finalmente olvido.
Tú estás mucho más cerca de tal punto,
mientras mis pies caminan al exilio.
Cantabria, 18 de mayo de 2008
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No siento ya
No siento ya, no pienso ya, no vivo;
me he convertido en sombra, en humo, en barro.
Me verás sin contorno, sin anclaje,
o en días soleados
elevarme en volutas cimbreantes,
desvanecido al fin, perdido el paso,
y bajo el peso de agobiante carga,
siempre con atributos de naufragio.
Voy, desde tu partida,
por lúgubre paisaje solitario
de encinas polvorientas
y eucaliptos quemados.
La vida es un remedo solamente
de algo que fuera diáfano
tiempo atrás, mucho tiempo,
y es hoy confuso y áspero.
Una palabra, una mirada, un gesto,
podrían renovar viejos contactos,
como un día abatieran
acoplamientos de cerebro y labios.
Y abatido en verdad hoy permanezco,
como el ángel caído. Si las manos,
o las alas, se tienden
en intento crucial, desesperado,
ni despliegan el vuelo ni se anudan
a otras que esperan en afán de abrazo.
Ya no quiero volar, lo intenté un día,
pero me derribaron.
Quedé sobre la tierra, sin aliento,
vacío el pecho, y un sabor amargo
reventando en la boca. Me miraban
las gentes al pasar, desarraigado
de cuanto tuve y fui, como si el agua
se me filtrara al fondo de mi cántaro.
Ay, cómo araña el alma
esta violenta sequedad de barro.
Cantabria, 21 de mayo de 2008

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Preguntas
Guardaba mis preguntas,
acalladas, en cofre de silencio,
cerrado a llave, pero se filtraban
por todas las ranuras, como en cesto
que no consigue detener el agua.
Te buscaban tenaces, con pretexto
de explorar tus verdades quebradizas,
sin intención de hablarte. ¿Qué secretos
podrían descubrir sin cuestionarte?
Pero te rodeaban en revuelo
trivial de mariposas importunas,
como queriendo y sin querer hacerlo.
Cómo quisiera hablarte
desde el desasosiego
que me traba los pies, dificultando
mi huída de tu lado, desde el cerco
que me hicieron tus brazos,
desde la avanzadilla de tus senos,
cuando olvidamos dudas y distancias,
tan próxima tú a mí, yo tan adentro.
Cobra tal precisión cada palabra
en el tenso engranaje de los cuerpos,
que resultan superfluos los discursos.
Así quisiera dialogar de nuevo,
resolviendo las dudas
ocasionadas por tu alejamiento.
Quieres partir, de algún modo quedarte,
prender la mente y apagar los dedos.
¿Cómo hablarte imparcial, si el alma grita
tu nombre, su emoción, y nuestro sexo?
Quisiera preguntarte tantas cosas
que no tienen respuesta, hacerte versos
que nunca entenderás, alzar la copa
que nunca has de beber, abrir el fuego
que no te quemará, pero me abrasa…
¿Cómo decirte entonces que te quiero,
viendo en tus ojos brillo indefinido,
y en tus labios silencio?
Guardaré mis preguntas,
y no te diré nada; sólo vengo
con mi caudal de lágrimas internas,
que es lo único que tengo.
Cantabria,
22
de mayo de 2008

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Tal vez algún día
Perdida entre los hombres, mujer bajo la luna,
no sabes lo que buscas, lo que tuviste olvidas;
si suena en tus oídos una canción de cuna,
parecen encenderse todas las avenidas.
Pero más a menudo te llega el tono triste
de la vieja salmodia del amor traicionado,
de las sábanas tibias en las que entretejiste
coronas de caricias ficticias. Qué mercado
de amores producidos, como quien abastece
a hambrientos transeúntes, a almacenes vacíos,
y por fin, a la aurora, sucumbe y se adormece,
rodando por su mente turbios sueños sombríos.
Hubo tal vez un hombre que te amó locamente,
como sólo las cosas imposibles se anhelan,
amor al que te hiciste tan sorda, tan ausente,
como las golondrinas que a otro hemisferio vuelan.
Y tal vez algún día, cuando sientas helada
la caricia del tiempo, y aprestes el regreso,
hallarás otro rostro reposando en su almohada,
y el beso que pretendes, ya no será tu beso.
Los Angeles, 27 de mayo de 2008
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Vástago soy del mar
Vástago soy del mar, con la insistencia
de la marea azul sobre la playa,
con su rumor, silencio susurrante,
con la sonrisa de la espuma blanca.
Tendido para ti, pero trepando
en alborozo verdiazul mis aguas.
Hay un dios de tritones y nereidas
dentro de mí, ya agitación, ya calma,
pero en clara renuncia del tridente,
no me tienta el furor ni la amenaza.
Ni el arrecife ni el acantilado
con su actitud indómita me llaman;
es mar ajeno el que se estrella en ellos,
yo me acuesto a tus pies, y a mi llegada
borro, celoso, cada trazo y huella
de anteriores pisadas.
He avistado riberas extranjeras,
bellas, acogedoras, donde bailan
lúbricas aristócratas,
fáciles cortesanas;
y a veces hice un alto en sus arenas,
agregando las mías a otras marcas,
mas quedando traslúcidas mis olas,
sin rastro de ellas a la madrugada.
En esta playa tuya
quiero romperme en pleamar que canta
íntima melodía que nadie oye,
como un silencio que en tu mente estalla.
Ciérrense tus oídos a los ruidos
confusos, con acordes de hojalata,
que te distraen de mi canción, tan pura,
tan cristalina, que por ti se arrastra.
Ambos seremos perdedores, ambos,
si en tu trajín no aciertas a escucharla…
Los Angeles, 28 de mayo de 2008

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Silencio
Cómo pesa en mi espalda este silencio
que me lanzara tu palabra leve,
casi pluma de alondra; tan injusta,
punzante hoy me parece,
como en rostro de niño el puño airado,
y niño fui, o fui tal vez juguete.
Juguete o niño, tuve la inocencia
de los ojos azules, transparentes,
que no saben mentir, ni pestañean,
sólo contemplan, y después se duermen.
Dormí y soñé. Bandadas de ilusiones
me aleteaban libres en la mente,
palabras efusivas
temblaban en mi oído, y las paredes
de la alcoba eran único horizonte
de mi universo, que de ti proviene.
Pero al fin desperté, y hallé el silencio,
este silencio aislante que me hiere,
y que no puedo compartir con nadie,
desolador silencio, casi muerte.
Los Angeles, 29 de mayo de 2008
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