| Poesía
del momento, Nº 142 a |
Primera
de mayo de 2008 |







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Cuando miro hacia atrás, veo tus huellas,
profundas, sólidas, en mi camino,
ajenas a borrasca y remolino,
perennes, como el mar y las estrellas.
Pero al buscar mi rastro en tu vereda,
no he visto más que el trazo polvoriento
de promesas escritas en el viento,
y de mis huellas ni la huella queda.
Brevería Nº 435
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Breverías
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1861
Se me suicida el corazón; no quiere
proseguir repitiendo sus latidos;
tan pesada es la carga de descuidos,
de repudios, de olvido, que se muere.
Tanto se remozó, tal fortaleza
supo adquirir por el amor reciente,
que al perder, envejece de repente,
e intenta detenerse en su tristeza.
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1862
¿Para qué imprimir huellas, si en la ausencia,
tu viento helado borrará su marca?
¿Y para qué la estela de la barca,
imprecisa y efímera apariencia?
Vas por la vida abriendo sepulturas,
amante un día, al fin enterradora
de sueños e ilusiones, cuya hora
vendrá tal vez cargada de facturas.
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1863
¿Me besarás una vez más, ahora
que has dejado de amarme?
Sería el sello en acta de ruptura.
En tales casos sólo un alma llora;
y la tuya quizá llegue a mirarme
con un breve destello de ternura.
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1864
Me han tocado en el hombro, pero ignoro
cúya mano habrá sido;
tantas se me avecinan al pasar…
No será ciertamente la que añoro;
fue visión que se me ha desvanecido,
tacto que ya no aspira a acariciar.
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1865
En las manos del alma nada queda
de tanta plenitud como tuvieron;
sólo un vacío gris que se me enreda,
y apenas mis alarmas presintieron.
He vivido derrotas, y la muerte
rozóme a veces con su aliento frío;
mas nunca nada me azotó tan fuerte
como perder lo que juzgaba mío.
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Poemas
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Olvidarte
Me entristece olvidarte poco a poco,
como tú misma has empezado a hacerlo;
tal vez no lo percibes todavía,
porque al mirar adentro,
a ese fondo tan íntimo en que estuve,
ves otro rostro nuevo,
y tu mente no logra desviarse
a efigies de otro tiempo,
que ya has deshabitado.
Una sombra fugaz por tu cerebro
cruzará en ocasiones,
desenredando versos.
Y no te detendrás para escucharlos,
hundiéndose en el fondo del recuerdo.
Allí estaré, tan desapercibido,
volumen polvoriento
que tal vez vuelvas a hojear un día,
sin disiparte el tedio.
No sé si entonces temblaré en tus manos,
o, como en ti me ves, me veré muerto.
Burgos, 29 de abril de 2008
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Cansado
Cansado estoy de amar. Es un camino
tan difícil, andado en solitario…
Se parte de una aurora luminosa,
y va tornándose el paisaje opaco;
nadie sale al encuentro,
nadie repite nuestro propio paso;
ni se siente, posada sobre el hombro,
conciliatoria mano.
La mente al fin también se deshidrata
en tal itinerario,
fatigada de ideas moribundas,
falta de imágenes que no encontramos,
huérfana de palabras que no oímos,
maltrecha de naufragios.
Nadie nos acompaña. Vamos solos,
sin saber si avanzamos.
Sabemos hacia dónde… ¿Lo sabemos,
o es tan sólo horizonte imaginario?
Nos dirá el corazón: Mira las flores,
el cielo azul, el somnoliento lago…
Y todo es incoloro,
como el cristal y el aire. Extraviados,
nómadas somos en mental desierto,
sólo viento y arena, y en andrajos.
Ya no me queda nada,
ni deseos de amar. Estoy cansado.
Cantabria, 30 de abril de 2008

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Como siempre
Te veo como siempre,
dos muslos infinitamente largos,
dos senos temblorosos,
y dos ojos extáticos.
Y voy de unos a otros
con miradas de piernas y de manos.
Aletea el deseo en tus retinas,
y ya no saben descender los párpados,
tan fijamente miras,
también tus ojos íntimo contacto.
Fuera el sol eslabona sus caricias
en los dorados globos del naranjo,
en las aguas erráticas del río,
en el cristal letárgico del lago.
Bien sabes lo que quieres,
ya en calma o en disparo;
como el cuerpo desnudo, el alma abierta,
y cada impulso desenmascarado.
Eres exploración, eres regreso
a cada descubierto itinerario.
Aún no sabes de trenes que se alejan,
de rutas migratorias, de relámpagos
que estallan en la noche, y se diluyen
en la sombra, placeres momentáneos.
Eres de permanencia, aunque sabemos
que nada lo es, que al gozo sigue el llanto.
Pero este día de infinitas horas
parece ser eterno, y sin cansancio.
Ah, la visión que tengo de ti misma,
carente de clepsidra y calendario,
un instante en el tiempo,
un punto en el espacio,
uno eterno, otro inmenso,
nada más en mi afán, nadie a mi lado.
Cuando te vayas, nacerá el vacío,
nada sin ti, sólo un sabor amargo.
Cantabria,
2 de mayo de 2008

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Tan efímero
Aquel tiempo de prisas
en que tanto logramos, y tantísimo
nos quedó por hacer.
Ambos fuimos cautivos
de circunstancias tan inmerecidas,
en palestra de amores clandestinos,
una punta de lanza en cada espalda,
ambos toros heridos
en fuga inevitable,
y todo tan eterno…y tan efímero.
Fue tiempo azul y verde,
de ilusión y esperanza, nada ambiguo,
tan transparente todo en nuestro mundo
como el rostro de un niño.
Y fue tiempo de esperas agobiantes,
nunca para nosotros fugitivo.
Quisimos acuciarlo,
pero él tiene su ritmo.
¿Cómo urgir a las rosas que sazonen,
cómo apremiar a envejecer al vino,
al alba a desprenderse de la noche,
al cormorán a entretejer su nido?
Cada suceso tiene su momento,
llámese amor, celebración, olvido.
Y esperamos, ay, Dios, cómo esperamos,
y cuántas llamaradas encendimos,
y con cuánta presteza se apagaron,
dejándonos tan llenos, tan vacíos.
Y al fin, sólo cenizas en el viento,
una nube de polvo en el camino,
páginas no leídas, arrancadas
de nuestro propio libro.
Tan firme y frágil todo,
y todo tan eterno…y tan efímero.
Oviedo, 6 de mayo de 2008
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Cuando el alma
Cuando el alma pregunte a dónde has ido,
¿qué le responderé? Cuando me diga,
por dentro del oído, en un susurro,
si volverás un día,
y no espere respuesta,
hallándola en el llanto que acaricia
el fondo de mis ojos, sollozantes
hacia dentro, lavando las heridas
que nadie ve, bajo la piel sangrando;
cuando vaya cerrando sus orillas,
en repliegue mental, como una alfombra
que se enrosca, ocultándose en sí misma;
no habrá necesidad de explicaciones,
tan evidentes su melancolía,
la soledad fraguada por tu ausencia,
la niebla y la llovizna
que enturbian los paisajes interiores
con penumbra de cripta.
No le diré la angustia
que aprieta las clavijas
dentro de mí, y me abruma y atenaza;
no sabré describirla.
Y tampoco sería necesario,
ella sola se explica.
Ni el olmo se desnuda en un instante,
ni el clavel de repente se marchita;
ambos siguen proceso irreversible,
tal vez una estación, quizá unos días;
pero la muerte inevitable acecha,
y paso a paso se les aproxima.
Cuanto en un tiempo floreció, caduca;
y el amor degenera en apatía.
Se ve llegar a veces lentamente,
y otras veces de prisa.
No es ciega el alma, ni camina a oscuras,
aunque a veces esté semidormida.
La mía te ha observado paso a paso,
te vio en fervor como te ve en desidia.
Y te llora también, porque era tuya,
y hoy es de nadie, huérfana y en ruinas.
Oviedo,
6 de mayo
de 2008

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Sin enojo
Antes eras el bosque, inmenso abrazo,
absorbiendo mis ojos;
eres hoy la meseta, descubierta,
cegada mi visión, en abandono.
Te posee la luz, tal vez la brisa,
y la lluvia también, y yo en el foso
que cavara el olvido,
rodeado de troncos
aserrados, tan muertos,
sin despuntar retoños.
Entre los dedos se me enreda el barro,
gritando vida; salta sobre el torso
con vocación de cántaro, y me falta
fe y creatividad, no habiendo gozo.
Sobre el papel, se niegan las palabras
a quedarse en reposo,
y se me vuelan con el canto a cuestas,
dejándome con el silencio al hombro.
Mis amigos preguntan por qué callo,
pero no les respondo.
¿Qué podría decirles
con mi lengua de plomo?
Se me ha inmovilizado, taciturno,
el último retozo,
y ya no hay voz en mí, ni burbujeo
en el fondo sin fondo de mi fondo.
Todo está inerte, asolador, amargo,
pero sin acrimonia, sin enojo.
Oviedo, 6 de mayo de 2008
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