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Pedestal
Nº 4

¿Quién a tu espalda
observa la belleza
de tu alongada exquisitez
desnuda
sin osar acercarse? ¿Por qué
duda,
si sólo caminando se
tropieza?
Ay, qué envidiable apremio,
qué tristeza
no ser la piel rogada, la
voz muda,
que tanto en llegar tarda,
que se escuda
en silencio, temores o
torpeza.
Mano tendida, labios
entreabiertos,
ojos invitadores, ¿qué
otros puertos
pueden brindarse a nave
pasajera?
Ah, sí; carne rosada en
curvatura,
círculos de altos centros,
y apertura
que de astas asaltantes se
apodera.

Los
Angeles, 10 de julio de 2008

Soneto Nº
1909 de FAH
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