| Poesía
del momento, Nº 135 c |
Tercera
de octubre de 2007 |







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Deja flotar en libertad tu velo
en los dedos del viento;
que a tal descubrimiento,
hacia tus senos alzarán el vuelo
mis manos, y mis labios, y mi aliento.
Brevería Nº 420
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Breverías
1751
Amor que en vez de acariciar, golpea,
que no lame los pies, mas los araña,
que es garfio de oro anclándose en la entraña,
¿será el mejor amor? Tal vez lo sea.
1752
Desde el recuerdo los miré alejarse,
con la promesa de las golondrinas,
de regresar un día en primavera.
Y lentamente llegan a apagarse…
Ah, los amores tibios, hoy en ruinas,
débiles llamas sin llegar a hoguera.
1753
Nunca me respondió el eco al llamarla,
ni en el salón vacío, ni en el pozo,
ni en la abrupta vertiente del barranco.
Si no hubiera, quizá, llegado a amarla,
ni envolviera mi voz en el sollozo,
tal vez el eco no quedara en blanco.
1754
Las palabras no van, si intento hablarte,
se me acuestan al lado
como si decidieran esperarte.
Su tono blando, tímido, apagado,
perceptible será cuando, al tocarte,
rompa en tu piel un potro desbocado.
1755
A veces te amo en furia, a manotazos,
a golpes de pasión, látigo intenso,
a febril dentellada, y a zarpazos.
Y a veces te amo en espiral de incienso,
en placidez de tiempo suspendido,
en caricia de brisa, en aleteo
de casi inmóvil colibrí, sin ruido,
en silencio, o en leve ronroneo.
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Poemas
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Hazte
Hazte puñal o lanza
y atraviésame lenta, lentamente,
como un rayo de luna en la ventana.
Hazte velero y súrcame la carne,
que tengo un mar alborotado, tuyo,
que en impulsos y espuma se deshace.
Hazte nervudo roble,
y que al plural abrazo de tus ramas
se desvanezca el bosque.
Hazte sombra que, atada a mis tobillos,
no alcance a desviarse, pues tu senda
será forzosamente mi camino.
Hazte corriente de agua que me lleve,
no importa hacia qué mar, pero que nunca
se estanque o se repliegue.
Hazte concepto, ocupa mi cerebro,
oscuréceme todas las ideas,
debilítame todos los recuerdos.
Hazte otro yo que vaya de la mano
con el yo que ya soy, ría si río,
y anude sus angustias a mi llanto.
Los Angeles, 22 de octubre de 2007
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1762 - En ti
Me duermo en ti como se duerme el viento,
como una alondra más en la enramada;
qué placidez súbitamente hallada
en el brocal ya tibio de tu aliento.
Esta noche es minúsculo fragmento
en vida de años, marginal pisada
sobre la arcilla efímera entallada
de sendero sin fin, sólo un momento.
Pero cómo se afirma y profundiza,
y aunque es un punto aislado, se eterniza,
negando lo anterior y lo futuro.
Inmerso en ti, ni indago la salida,
ni deseo encontrarla. No hay más vida,
y a la tuya la mía configuro.
Los Angeles, 23 de octubre de 2007

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Mínimos placeres
Si pasas (pasarás, cierto, algún día)
frente a mi casa, al lado del camino,
détente, llama, espera…, que en mi puerta
se deslizan cordiales los pestillos
para quien busca espacio junto al fuego
y sabe honrar un vaso de buen vino.
Tanto escapamos sin saber de dónde,
o de quién, tan audaces acudimos
a donde no sabemos, meta incierta
que persistimos en llamar destino,
que pasamos de largo los cerezos
disfrazados de novias, los aullidos
dando vida a los bosques, la cigüeña
montando en lo alto de la torre el nido,
la caricia del sauce en la corriente,
las aspas del molino
gesticulando abrazos en el llano,
las mareas del trigo.
Vamos de prisa, y las pequeñas cosas,
como si carecieran de sentido,
se nos escapan, agua entre los dedos,
sin opción de cuidado y regocijo.
Hoy yo te brindo mínimos placeres
si llamas a mi puerta, peregrino.
Los Angeles, 23 de octubre de 2007

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Mi escritura
Escribo sólo abrazos, ya no versos,
ya no cartas inútiles, formales,
que nadie lee a fondo;
escribo sensación, intimidades,
que no por ojos han de ser leídas,
sino por el circuito de la sangre.
Detesto las palabras,
son tan indiferentes, tan errantes…
No se dejan querer, son vanidosas,
creen tenerlo todo en sus vocales
claras, de tono abierto y contundente,
y en sus heterogéneas consonantes
de drásticos sonidos inflexibles,
y en realidad no saben
que son sólo apariencias, vestiduras,
y en ocasión disfraces.
Son la hojarasca seca
que han perdido los árboles,
y zarandea el viento del otoño.
Desprendidas de mí, vuelan o yacen,
pero no hay vida en ellas,
ni hay tampoco mensaje.
Mi escritura ha de ser vital, genuina,
como los actos propios del amante,
que exhala, absorbe, tiembla, y saborea
con ojos, sexo, manos trepidantes.
Quiero escribir con el punzón del alma,
hiera o solloce, ría o se desangre.
No será recital de multitudes,
pero quien sepa o pueda descifrarme,
descenderá a mi fondo más auténtico,
y allí podrá quedarse.
Los demás, que recojan mis palabras,
si las vieran rodando por la calle.
Los Angeles, 25 de octubre de 2007
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Palabras
Sueños de nubes blancas, de gaviotas,
en blandos sueños se hunden mis palabras,
en sueños de albas olas espumosas,
sueños de azul, de abril y de nostalgia.
Los vagabundos, los bohemios sueñan,
los analíticos idean tácticas;
la lógica carece de visiones,
sólo razona, no imagina, habla;
su léxico es metódico, geométrico,
de pasos esquemáticos, sin alas.
Yo quiero ver mi voz alzando el vuelo,
alondra palpitante, cielo en llamas,
o estampida de negros alazanes
cruzando el río, destrozando el agua,
o la serenidad de la sonrisa,
o la fragilidad del rostro en lágrimas,
En tales cosas que jamás se miden,
que apenas se definen, pero estallan.
Las palabras no deben
ser objetiva realidad exacta,
ni tropas indolentes
que en la llanura acampan;
sino fantasmagóricos guerreros
en permanente marcha,
cargando espeso corazón de pólvora
que reviente al surgir de la garganta;
deben poner el puño en las heridas,
y ser iconoclastas.
Decir, no lo que son, mas lo que sueñan
el rapsoda, el rebelde, los que arrastran
sus pies sobre la tierra manteniendo
en el cielo estrellado la mirada.
Amasemos las frases de tal modo
que cada cual entienda lo que cantan
el silencio del mundo y sus rumores,
su colorido y el temblor del alma.
Los Angeles, 26 de octubre de 2007

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Todos te ven
Me preguntan por ti, no te conocen,
pero te fantasean, te adivinan.
¿Será que te evidencias a los otros
estando sólo para mí perdida?
Te percibo sin verte,
así, como a la brisa,
que se adscribe el derecho de tocarme,
denegando a mis manos la caricia.
No sé como te ven, mas de algún modo
te escuchan, te respiran;
tal vez te llevo escrita en mi semblante
como un número arcano, y te descifran;
tal vez cuando hablo mis palabras llevan
tu inflexión, y vislumbran que no es mía;
tal vez si alguien se acerca
ven la mujer que habita mis retinas.
Todos te ven, y yo no logro verte;
soy el ciego a la orilla
del lago, que no alcanza
a ver el agua que el gentío avista.
Quizá en mi entraña te dilatas tanto
que por los poros de mi piel te filtras.
Los Angeles, 26 de octubre de 2007
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