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El Lábaro cántabro o Lábaru cántabru es el nombre que recibe la interpretación moderna de un antiguo estandarte militar conocido por los romanos como cantabrum. Este consiste en un pendón de tela de color púrpura sobre el cual está bordado un círculo rodeado de una decoración geométrica con cuatro crecientes lunares enfrentados dos a dos.
El origen del nombre y del diseño lo encontramos en la teoría defendida por diversos autores [1] de una posible relación entre la génesis del labarum y el estandarte militar denominado cantabrum, con la consiguiente identificación de ambos como una misma cosa; y a la supuesta relación que el Codex Theodosianus establece entre el labarum y los cantabrarii, colegio de soldados romanos encargados de portar el cántabrum.
Su significado etimológico, el que habla, hace referencia a su uso como estandarte utilizado para enviar órdenes o señales a la tropa durante la batalla.
Los relatos de Tertuliano y Minucio Felix no estabelecen relación, dejando únicamente clara la veneración que las tropas romanas hacían de sus cruces, cubiertas por las telas de los cantabra y vexilia.
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Según estas teorías, el cantabrum es el estandarte que Constantino I el Grande tras su conversión al cristianismo transforma en el labarum al incluir el crismón, anagrama que representa a Cristo, consistente en las grafías mayúsculas en griego de las dos primeras letras de su nombre, una "X" sobre la que se superpone una "P".
Se justifica tambíen la relación en la etimología celta del término Lábaro procedente de (p)lab- hablar, de donde se ha derivado el adjetivo labaros, orador, ampliamente representado en las lenguas celtas. Galés: llafar, habla, idioma, voz, orador; antiguo córnico y bretón: lavar palabra; antiguo irlandés: labar charlatán, labrad habla, lenguaje; irlandés: labhar locuaz, en voz alta y labhairt palabra, habla < célt. (p)labro-. En latín Labarum.
Asimismo el antropónimo Labaro ya existía entre los antiguos cántabros, habiendo sido recogido en lápidas funerarias.
El diseño actual, siguiendo igualmente la teoría de ser el labarum lo mismo que el cantabrum, establece para el Lábaro cántabro el color magenta del labarum[2].
El diseño central dorado representa las cuatro crecientes lunares que aparecen representadas en varias estelas cántabras discoideas gigantes. Siendo un símbolo que se ha constatado que usaban los cántabros frecuentemente, como se observa en caetras representadas en monedas acuñadas tras las Guerras Cántabras.
Además este tipo de estandartes y sus variantes estaban bastante extendidos entre los pueblos célticos, como lo demuestran los relieves del arco de triunfo de Orange. Su diseño entronca con antiguos símbolos celtas como el trisquel y su simbolismo, de tipo religioso, se relaciona con el culto al Sol y a la Luna.
Actualmente, y desde ciertos colectivos cántabros tanto sociales como políticos, se reivindica el uso oficial de este estandarte como bandera de Cantabria, como representación del legítimo cantabrum, en sustitución de la actual.
Algunos ayuntamientos, caso del de Comillas, ya han aceptado la propuesta del Conceju Nacionaliegu Cántabru de utilizar dicha bandera y colocarla en el balcón de la Casa Consistorial durante la celebración de fiestas locales y regionales [3].
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Los colores de la bandera oficial de Cantabria (España), símbolo de la región, quedan establecidos en el propio texto del Estatuto de Autonomía. Restaba por concretar las características del escudo que debía acompañar a la enseña regional, lo que se llevó a cabo por Ley de la Asamblea Regional, aprobada el 22 de diciembre de 1984. Desde ese momento la bandera de Cantabria está formada por dos bandas horizontales de igual anchura, blanca la superior y roja la inferior, y el escudo de la región que se sitúa en su centro geométrico.
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Desde el siglo XVIII los barcos cántabros ondeaban la bandera blanquirroja, tal y como queda reflejado en el título de ciudad a Santander en 1755. Así mismo, el pendón aparece representado en un cuadro[1] del pintor santanderino José Vallespín, sobre la famosa batalla de Vargas que tuvo lugar el 3 de noviembre de 1833 durante la Primera Guerra Carlista. Ese día tropas realistas venidas de Santander lograron detener el avance del bando carlista, perdiendo estas la oportunidad de hacerse fuerte en el norte peninsular y posiblemente variar sustancialmente el rumbo de la historia del país. En el lienzo se observa a un grupo de soldados isabelinos de las milicias urbanas de la ciudad atacan a las fuerzas del pretendiente al trono de España portando gallardetes blanquirrojos, lo que hace suponer que para entonces la actual bandera de Cantabria ya había trascendido de su ámbito marítimo originario[2].
Cuando, por Real Orden de 30 de julio de 1845, se asignaron las banderas que corresponderías a las diferentes matrículas de las provincias marítimas de España, casi todas ellas recibieron como enseña sencillamente una letra del código de banderas, no así la provincia de Santander, a la que se respetó su bandera blanca y roja.
Existe otro testimonio del uso del estandarte en un cuadro que representa una barricada en Cuatro Caminos durante la Revolución de 1868 en el que el pueblo alzado en armas contra la reina Isabel II hace frente tras la bandera blanca y roja al avance de las tropas del general Calonge venidas de Valladolid.
Hasta tal punto fue asumida como emblema en la región que la propia ciudad de Santander, que poseía bandera propia blanca y azul, llegó a sustituirla por la de la matrícula marítima hasta que en la segunda década del siglo XX un informe de Fresnedo de la Calzada propicia un deslinde de los campos, pasándose a usar la blanquiazul para la capital y la blanca y roja por la entonces diputación provincial.
Actualmente, y desde ciertos colectivos cántabros tanto sociales como políticos, se reivindica el uso oficial del Lábaro cántabro en sustitución de la bandera actual[3].