| Poesía
del momento, Nº 127 a |
Primera
de febrero de 2007 |







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El tiempo se ha hecho mar y nos separa;
si se hubiera hecho luz y nos uniera…
Si yo me hiciera tacto, y en tu cara
se durmieran mis manos…Si pudiera…
Brevería Nº 1351
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Breverías
1621
Se me ha caído el alma, yace inmóvil en tierra
como un trozo de vida que ya seguir no quiere;
me inclino a levantarla, pero no se me aferra
a la mano tendida. ¿Será que se me muere?
¿O estará insinuando que prosiga el camino
sin la esencial urgencia de su acompañamiento?
¿O esperará otro cuerpo que le ofrezca un destino
más inmune al escollo del envejecimiento?
1622
No existes ya, mi mente ha disipado
el acento final que mantenía
tu arranque de vivir en mí tatuado.
Estoy limpio de ti. Desciende el día,
y eres lluvia que el sol ha evaporado,
una ola más, sin rastro, en la bahía,
llama que el viento desvanece, adagio
que en el mar del silencio halló naufragio.
1623
Errante iba la mano por senderos
que ajenas otro tiempo recorrieran,
tren melancólico, sin viajeros,
sin detenerse en los apeaderos
que tanto gozo y ansiedad le dieran.
1624
Invéntame serenos madrigales
que nadie haya escuchado, carabelas
que nunca el mar surcaran, robledales
sin voces y sin huellas, callejuelas
de silenciosas casas medievales
que alguien plasmar pudiera en acuarelas.
Canta, navega, merodea, explora,
mi dulce amante de alma soñadora.
1625
¿Qué buscas o qué sueñas en las horas calladas,
cuando vuelan las almas de cuerpos que reposan,
tú, que no duermes, que andas con inciertas pisadas
por caminos de sombra, de espectros que te acosan?
¿Te buscas a ti mismo tal vez por no estar ella?
¿Te has encontrado y luego parece insuficiente?
Duérmete ya, pues todos perseguimos la estrella
que sólo está en los fondos oscuros de la mente.
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Poemas
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Que no llegue la aurora
Puedo hallarte en cualquiera de los paisajes vivos
ignorantes de otoños dispersando hojas secas;
en los grupos de niños retozando entre olivos,
en los corros de niñas peinando sus muñecas.
Doquiera que la vida derrama su alegría,
donde la luz es signo de risa mañanera,
en la noche que enreda suavidad y energía,
a la orilla del río o al pie de la palmera.
Cuando el invierno viste de blanco la llanura,
no te busco en el olmo ni el cerezo desnudos,
sino al lado del fuego, ceñida a mi cintura,
mientras brazos y piernas ensayan nuevos nudos.
Quede la muerte a un lado, tú y yo somos la vida,
sin viento que despoje gozos de abril y mayo,
el corazón eufórico, la piel estremecida,
y en todos los sentidos el impacto del rayo.
No hay en ti decadencia de audacia ni estaciones,
sólo estás en inmóvil primavera alojada,
y allí es donde te encuentro, desnuda de razones,
como lengua de fuego, temblorosa y callada.
No en el silencio tímido ni en el temblor del miedo,
sino en la expectativa que larga espera induce,
en el escalofrío que un roce con el dedo
explorando los senos en círculos produce.
Tan lento siempre el tiempo lejos de ti, y ahora,
con qué insensata prisa ruedan sus manecillas;
alárgame este instante, que no llegue la aurora,
ni se extinga este cerco de brazos y rodillas.
Los Angeles, 31 de enero de 2007
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1630 - Lo que preciso yo
Se han congelado el viento y la marea,
y el arroyo, y las nubes, y la vida;
la realidad ha sido suspendida,
y el tiempo es torre que se bambolea.
Esta inmovilidad que me rodea,
ser sin sentir, intimidad perdida,
sombrío laberinto sin salida,
viejo deseo es ya que no desea.
Preveo un resurgir, pero ¿a qué efecto?
Mi voz hablaba extraño dialecto
ajeno a oído familiar y extraño.
Si he de hablar otra vez, ¿con qué objetivo?
Lo que preciso yo es un explosivo
que mueva al mundo sin hacerme daño.
Los Angeles, 1 de febrero de 2007
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1631 - Mirar, ver
Dame el sosiego azul de la laguna,
mirando al cielo gris sin parpadeo,
me importa más lo que yo mismo veo
que la contemplación de sol y luna.
Mirar no es ver; y aunque desde la cuna
se abre el ojo en febril revoloteo,
es sólo incierto, frívolo paseo
por tierra en sombra, sin opción alguna.
La mirada es neutral, inconsecuente,
sin imaginación Pero es la mente
crisol que las imágenes procesa.
Es la mente quien ve, quien acaricia,
quien da latido a incidental noticia,
capta el amor de lejos y lo besa.
Los Angeles, 1 de febrero de 2007

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1632 - Hoy
Me he despedido de los viejos días,
más grises cada vez, y más distantes,
nubes de polvo y sal, tan asfixiantes
como para el harén las celosías.
Bloqueaban la vista; sus umbrías
tierras de promisión apasionantes
no eran ya el carnaval que fueron antes,
sino parcelas ásperas, baldías.
No procede afincarse en un desierto
que fue ubérrimo edén, pero ya ha muerto;
volver a contemplarlo es restringir
el panorama que hoy se nos ha dado;
cuanto en la mano tengo lo he ganado,
y sobre mi conquista he de vivir.
Los Angeles, 2 de febrero de 2007
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1633 - Creación
Si escribo es por amar lo que no puedo;
a golpe de palabra configuro
cuerpos y almas, les tallo, les maduro,
y a blando abrazo emocional procedo.
Cada una da y a cada cual concedo
el amor más extático, más puro;
me bisbisean, y a la vez murmuro,
consentimientos, sin rubor, sin miedo.
Desconocen escrúpulos, ñoñeces,
se muestran como son, y muchas veces
como me ven a mí, su creador.
Oh, qué formas, qué espíritus tan claros,
todo bondad, belleza, sin reparos,
pero, ay, sin piel, ni nervios, ni sudor.
Los Angeles, 3 de febrero de 2007

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1634 - Mítico balcón
En la más pura noche hubo una estrella
que no parpadeó, y unas orillas
de mar en que olas, vírgenes de quillas,
entregaban su espuma a cada huella.
Y hubo un viento olvidando su querella
con álamo y nogal, y unas semillas
forzándose a brotar…, y unas rodillas
desconocidas ya de la doncella.
Todo, lejano y próximo, asomado
a mítico balcón sobre el trenzado
de miembros, y la brega, y el jadeo.
Estabas tú, y estaba yo, y había
la más íntima y amplia compañía,
y al fin un prolongado ronroneo.
Los Angeles, 3 de febrero de 2007

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