| Poesía
del momento, Nº 126 a |
Primera
de enero de 2007 |







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Dame una noche sobre el mar rizado,
titilando en la sombra los reflejos
de polícromas luces a lo lejos,
sólo el rumor del agua y tú a mi lado.
La barca dormirá, sueltos los remos,
en el vaivén sereno de las olas,
y en total desnudez ambos, a solas,
aún logrando soñar, no dormiremos.
Brevería Nº 597
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Breverías
1606
Háblame aunque no entienda lo que digas,
frenado en la barrera de tu idioma.
¿No puedo ver el esplendor de Roma
a través de trirremes y cuadrigas?
El tono de tu voz me dice tanto
que puedo a su través captarlo todo.
A veces es más importante el modo,
que lo que pueda recubrir su manto.
1607
Logró alcanzar el fin de su viaje,
se descolgó del tren, sangre invisible
brotando en surtidores desde el alma.
Ella esperaba. Todo su lenguaje
fue un "Quédate conmigo" ineludible;
y él se quedó a recuperar la calma.
1608
Hace tanto sembré, sin conocerte,
un grano de ti misma en mi plantío,
y esperé, y esperé, su granazón.
Dormí, pensando: "Cuando me despierte,
será ya un árbol joven, será mío."
Y hoy el tiempo me ha dado la razón.
1609
Mi expresión es orquídea macilenta,
sus palabras tan cortas, tan banales;
no logra definir, aunque lo intenta,
los sentimientos más elementales.
Quiero hablarte y me encuentro en parte mudo.
Ah, si una daga desgarrar pudiera
mi pecho, al ver mi corazón desnudo,
tu propio corazón me comprendiera.
1610
No fue casualidad tu advenimiento;
nada acaece porque sí, hay motivos
para el suceso fútil y el portento;
tú has sido el témino de mi aislamiento,
y mi razón de estar entre los vivos.
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Poemas
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Un momento
Fue hace mucho, los años no significan nada,
la vida no es cadena de tiempos sucesivos,
mas de puntos variables, inconexos, bandada
de palomas y buitres, de hombres muertos y vivos.
En uno de esos puntos me encontré contemplando,
una de tantas veces, o tal vez la primera,
sobre la azul marisma el crepúsculo blando,
entre los tamarindos que orlan la carretera
de Cicero a Santoña, junto al viejo convento.
Era denso el silencio; ya el canto gregoriano
de los frailes había cesado su lamento;
dormía la cantera que muerde Montehano.
Alzaban las gaviotas sobre el agua su presa,
y las llamas rojizas del ocaso incendiaban
todo un cielo de nubes. Una barca regresa,
cantan los pescadores, las faenas se acaban.
Está alta la marea; la superfice ondula
tan lenta, suavemente, que casi es un espejo;
la luz se desvanece, la tarde capitula,
y las estrellas siguen a la luna en cortejo.
Permanecí mirando, yo solo en aquel punto;
sin nadie más, el mundo a mí supeditado:
La belleza, la calma, el detalle, el conjunto,
todo mío, aunque nadie nunca me lo haya dado.
Era un momento sólo, sin conexión alguna
con cualquier otro instante, lugar, ocasión, hora;
no del río del tiempo, sino aislada laguna,
no por tal menos bella, menos evocadora.
Los Angeles, 29 de diciembre de 2007

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1609 - Enclaustrado
Las palabras un día pronunciadas
en éxtasis o en furia, calma o miedo,
son apenas bosquejos del enredo
de ideas en la mente aprisionadas.
Insondables ideas desaladas,
que no podrán volar; sólo un remedo
de su esencia trasciende, rumor quedo
de alta explosión, difusas llamaradas.
Las palabras son máscaras, ocultan
más de lo que declaran, y resultan,
como revelación, insuficientes.
¿Cómo podré comunicar contigo,
si las íntimas cosas que te digo
no se hacen a sí mismas evidentes?
Los Angeles, 5 de enero de 2007
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1610 - Yo nací para andar
Tuve una vez raíces tan ligeras
que se me hicieron pies; árbol andante
de cien brazos abiertos a la amante
clavada en melancólicas esperas.
El árbol quieto, de ansias prisioneras
en sus hondas raíces, ve delante
la misma panorámica asfixiante,
y es su destino pábulo de hogueras.
No quise estar; lo inalterable pesa,
y al fin es lápida glacial que apresa
los giros del espíritu, su vuelo.
Yo nací para andar, para el abrazo,
no para vegetar, y de un hachazo
ser abatido, inerte, sobre el suelo.
Los Angeles, 5 de enero de 2007

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1612 - Irresoluto
Era un hombre tan solo como el viento,
nómada de planicies, de ciudades,
semejantes aullidos, brusquedades,
idénticos retozos, mismo intento
de envolver, de agitar. Su atrevimiento
no iba a la par de sus actividades;
era, más bien, proyectos, ansiedades,
ineptos más allá del pensamiento.
Era un hombre de pura teoría,
que todo, o casi todo lo sabía,
casi todo, menos la ejecución,
ese punto final, remate, estoque
que abate al toro, prodigioso toque
que subyuga al dormirse la razón.
Los Angeles, 6 enero de 2007
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1613 - Nereida
Se desplomó en mis ojos; no sabía
de qué estrella cayó, qué alondra oscura,
en fuga de su nido en la espesura,
la recogió en sus alas aquel día.
Pero llegó a mi lado. No se oía
ni el canto del zorzal, ni la premura
del río entre las rocas, ni la pura
celebración del agua en la bahía.
Era todo quietud, como si el mundo
frenara su corcel por un segundo,
para que el vínculo se estableciera.
Y quedose albergada en mis retinas,
nereida en nuevas zonas submarinas,
señora de su entorno y prisionera.
Los Angeles, 6 enero de 2007

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1614 - Filtración
Has aprendido de mis ojos tanto
que a tu mirada estoy como desnudo;
ya no hay sombras en mí, ni tengo escudo
protector de misterios; me trasplanto
todo entero, mis lágrimas, mi canto,
mi voz de miel, mi soliloquio mudo,
mi pensamiento a gritos, que sacudo
como quien libra de serrín su manto...
Me has rescatado de mí mismo, y llego
todo nuevo a tu feudo, mi alter ego,
para de tus conceptos revestirme.
Ósmosis incorpórea que trasvasa
dos mentes solidarias, una masa
en la que soy feliz de diluirme.
Los Angeles, 7 de enero de 2007

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