| Poesía
del momento, Nº 125 b |
Segunda
de diciembre de 2006 |







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Sé que me has esperado. Yo aún te espero.
Tu senda fue a la mía paralela,
pero hoy convergen, y si quieres, quiero.
Enterremos razones y cautela.
Te miro así, de frente, decidida,
con lo que alguien llamara atrevimiento,
y no es más que un designio que convida
a exploración de piel y sentimiento.
Brevería Nº 1066
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Breverías
1596
Tengo un río de sueños nacido en tu montaña,
descolgando entre rocas su curso a la llanura;
va sin darte la espalda, porque su flujo entraña
vínculo entre fontana y desembocadura.
Y aunque tú eres origen, surtidor, o venero,
eres también bravía, vagabunda corriente,
y eres plácido estuario donde afluyen, y espero
que allí se desarrollen, y no sólo en mi mente.
1597
Tanto tiempo a la orilla de tus ojos sin verme,
tanto tiempo mirándote, sin ver tu imagen clara;
si hubieramos logrado fracturarte o romperme,
qué hallazgo hubiera sido mirarnos cara a cara.
1598
Cada noche, de lejos, reconstruyo
a martillo y escoplo tu escultura,
porque entre sombra y soledad te intuyo
con más exactitud, más galanura;
sólo tus propias formas te atribuyo,
teñidas de tu audacia y mi locura;
y una vez concluída, sobre el lecho,
en qué incompleta desnudez te estrecho.
1599
Para llegar a ti he despedazado
sectores de mi vida; los juzgaba
definitivos, como si un candado
sellara su destino en mi alcazaba.
Pero al llegar a ti, la perspectiva
de tanto que viví sufrió un proceso
de modificacion tan decisiva,
que apenas quedan ya sombras de un beso.
1600
Me dueles tú, en silencio, sin quejido,
como duelen la nube, el bosque, el día
desde la celda de la cárcel; mido
por lentos calendarios mi agonía.
Me dueles en la mente que te piensa,
me dueles en el alma y en la piel,
en la añoranza, cada vez más densa,
y en esta mi existencia de papel.
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Poemas
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Tres viudas
Desde la puerta de mi casa, inmerso
en la filosofía del instante,
la que nunca resuelve los problemas,
las veo cada tarde
al descender el sol de los tejados,
tres viudas en tres casas colindantes.
Cuidan del césped con delicadeza,
amontonan las hojas de los árboles
que arrancaran los vientos del otoño,
y riegan los rosales.
En la copa del roble
los cuervos se alborotan. El paisaje
se duerme en tedio. Son las horas calmas
en que todo resulta irrelevante.
Tal vez lo son igualmente sus vidas,
por donde apenas se detiene nadie;
un saludo al pasar, una sonrisa,
desde el borde apartado de la calle,
sin retrasar el paso,
sin compartir noticias ni pesares.
Las tres con paso lento,
a veces inestable,
atienden a sus cosas
con lentitud, como quien ya no sabe
administrar las horas,
que a tardo ritmo de carreta nacen.
Los días son tan largos…
¿Cómo llenan su tiempo interminable
entre cuatro paredes?
¿Viven de los recuerdos? ¿Se deshace
la trama de sus años en neblina
de olvido incomprensible y asfixiante?
¿Reconocen los rostros que sonríen
desde cada retrato, o son mensajes
que tiemblan en los ojos,
apenas descifrables?
La casa es tan inmensa, tan vacía…
Los años y el dolor, pesado lastre,
con la muerte a la espera
hurgando al fondo de sus soledades.
Murieron ya una vez, y ahora les falta
su propio desenlace.
Los Angeles, 16 de diciembre de 2006
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Cuando entres a ti misma
Cuando entres a ti misma,
no des vuelta a la llave de tu puerta;
ciérrala, sí, mas sin atrincherarte,
nivela ofrecimientos y defensas.
Una cárcel no deja de ser cárcel
por ser de oro barrotes y cadenas.
Si eres inexpugnable, ¿qué has ganado?
Soledad y silencio de caverna,
donde serás monólogo
teniendo sólo al eco por respuesta,
donde gozas la calma de los muertos,
donde los hilos de la luz no cuelgan.
Salir de ti siempre supone riesgo,
quien camina tropieza,
quien se une a muchedumbres
sufrirá la impaciencia
de codazos, demoras, empujones,
sentirá las espuelas
de quienes le cabalgan a palabras
que no quiere escuchar, verá sus piernas
desfallecer, su corazón hundirse,
crearse un remolino en su cabeza.
¿Qué hacer entonces? Empuñar la espada
de las propias ideas,
y a mandobles de luz abrirse paso,
responder a la lija con la seda,
y detenerse a recoger la rosa
que ha germinado al borde de la senda;
la rosa no vendrá, debe cortarla
quien al pasar la admira y la desea.
También hay riesgo aquí, con las espinas,
mas quien sangra valora lo que encuentra.
No somos islas en el mar perdidas,
somos comarcas de la misma tierra,
cuyas identidades se entrelazan,
de acuerdo a la demanda y a la oferta;
somos piezas distintas
de demográfico rompecabezas
en búsqueda de nuestro complemento,
y pocas son las que se nos conectan.
Cuando entres a ti misma,
no te cierres del todo, que a tu puerta
arda una lámpara, y así, en la noche,
si un peregrino pasa, y logra verla,
sabrá que dentro el fuego está encendido,
que te hallas a la espera.
Si pasara de largo,
y al alejarse tus rodillas tiemblan,
obedece la voz de tus impulsos,
sal a la calle, el rastro de sus huellas
te llevará hacia él; dile que es tarde,
y que en tu hogar esperan a la mesa
copas de un vino viejo
en cuyo fondo bailan las estrellas.
Los Angeles, 17 de diciembre de 2006
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Luchaba contra Dios
Luchaba contra Dios en la tiniebla
con todo mi rencor, toda mi furia,
por haberme quitado privilegios
que yo juzgué derechos. En la oscura
batalla de esa noche eran mis gritos
mi exclusivo arsenal. No tuve nunca
opciones de victoria, mas luchaba
con la esperanza absurda
de hacer llegar mis quejas
a un tribunal que no sé si me escucha.
Donativos, regalos o limosnas,
merecidos o no, se conceptúan
dádivas, bienes incondicionales,
cuya confiscación parece injusta.
Y un Dios que se arrepiente de sus actos,
y retira sus dones, se asegura
no sólo el descontento de sus fieles,
sino también sus dudas.
Yo luché contra Dios, inútilmente,
siempre Él más fuerte, y en mi desventura,
sé que me oyó gritar, pero he quedado
sin su respuesta, en soledad profunda.
Los Angeles, 17 de diciembre de 2006

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1601 - Esa edad
En esa edad, que llaman avanzada
quienes llevan retraso, nos espera
el adormecimiento de la fiera,
y el alma vivamente desvelada.
Caminé hacia esa edad, y a mi llegada
no he conseguido ver a mi pantera
tendida lánguida en su madriguera,
o sesteando al sol melificada.
Su condición indómita, salvaje,
la compele al asalto y al pillaje,
aunque el tiempo ha limado ya sus garras.
Cantando seguiré a mi ritmo interno
con la actitud de que será mi invierno
mucho más que un verano de cigarras.
Los Angeles, 18 de diciembre de 2006
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Voy por la noche
Quisiera estar desnudo,
pero la noche, púdica, me arropa
con su túnica adusta de silencio,
su máscara de sombra.
Si me vieras así, no me definas
por toda la tramoya
acumulada sobre mí; permite
que me acerque a la luz de las farolas,
gendarmes de la calle,
que ellas saben de sobra
quien soy, de dónde vengo, y podrán darte
la fiel identidad de mi persona.
Voy por la noche como por un túnel,
a tientas; los murciélagos se agolpan,
azotándome el rostro, el empedrado
me inventa tropezones, se me asoman
recuerdos y propósito a los ojos,
que están ciegos, y toda
su visión, negra ya, se rebobina.
Y ni te veo ni me ves. Las horas
de la tiniebla sólo se iluminan,
y sólo puedes verme, si me tocas.
Si conectas tu mano
a la mía, será como si adornas
de luz, y manifiestas
el entorno total de mi persona.
Entonces me tendrás como me buscas,
en desnudez total, sin ceremonias.
Los Angeles, 19 de diciembre de 2006

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