| Poesía
del momento, Nº 123 b |
Segunda
de octubre de 2006 |







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Nunca soy yo más yo que cuando tú eres mía,
haces brotar la calma del duelo y la zozobra;
antes de conocerte, ya tu lámpara ardía
dentro de mí, y ahora toda otra luz me sobra.
Brevería Nº 1346
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Breverías
1566
Si en vez de amante hubieras sido hermana,
cómo te abrazaría sin sospecha
por la calle, de tarde o de mañana;
pero qué desventura cotidiana
dormir en soledad insatisfecha
1567
En la noche, despierto y a tu lado,
escucho el manso ritmo acompasado
de tu respiración.
Y es como si en la mano retuviera
tímida alondra que me transmitiera
la suavidad de su palpitación.
1568
Las lágrimas son sangre derramada
de las venas del alma, esa enemiga
que por no dejar huella su pisada
con más facilidad se la castiga.
El dolor es producto de la espada,
a cuyo empleo nadie nos obliga.
No obstante ciegamente la blandimos,
y tal vez no matamos, pero herimos.
1569
La vida es un paréntesis formado
por nacimiento y muerte;
el resto es secundario.
Y otro el amor, fatídico trazado
de conquista a repudio, que convierte
con frecuencia al amante en adversario.
1570
Con todas sus tragedias y amarguras,
este mundo merece carcajadas;
los gobernantes son caricaturas,
los votantes, idiotas en manadas,
tantas escuelas calzan herraduras,
tantas noticias son prefabricadas,
tantos bailando al borde del abismo…
De todos yo me río, y de mí mismo.
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Poemas
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1569 - Sin hablar
Oh, si me liberara del lenguaje,
férrea cadena en los tobillos, reja
contra el azul, que estática me aleja
de los vuelos, las luces, el paisaje…
Al parir cada idea, el andamiaje
verbal que la sostiene no refleja
su más puro carácter, y la deja
distante, falseado su mensaje.
Quisiera, sin hablar, comunicarme
de cerebro a cerebro, y deslizarme
en ti tal como soy, tal como pienso.
Bajar al alma, intrépido torrente,
y ascender al espacio de la mente
con sutileza de espiral de incienso.
Los Angeles, 14 de octubre de 2006
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1570 - Amanecer
Déjame estar contigo, aunque la aurora
se empeñe en despedirme, como lo hace
con la sombra que endeble se deshace
cuando la luz al día se incorpora.
Esa luz que frenética devora
los más íntimos sueños en que yace
la mente enamorada, y que renace
cada vez con más ansia vengadora.
No partiré porque ella resucite
al momento preciso; que nos quite
el privilegio de dormir, si quiere;
pero no el de soñar, ambos despiertos.
Esto perdido, quedaremos muertos,
nuestro hosanna trocado en miserere.
Los Angeles, 14 de octubre de 2006
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1571
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Mi encierro
Ven y ocupa los ángulos oscuros
de mi silencio, donde el hielo habita,
por cuyo erial la soledad transita
y el espectro del miedo erige muros.
Aislado estoy; mis brazos inseguros
tantean el espacio que limita
mi facultad de acción, que necesita
horizontes de azul, aires más puros.
Estoy pudriéndome en edad temprana,
sin morir, y no obstante la campana
fúnebre tañe convocando a entierro.
Si en mi concavidad tu voz cantara,
fuera mi noche madrugada clara,
celebración y libertad mi encierro.
Los Angeles, 14 de octubre de 2006

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1572 - La voz
Veo tu voz cuando me llama a oscuras,
aunque lo haga tan blanda, quedamente;
la voz tiene su cuerpo, diferente
del que otros ven, pero sin vestiduras.
Vuela siempre desnuda; si procuras
con la mano atraparla, de repente
se tornará evasiva, transparente,
escapando por huecos y ranuras.
La voz es emisaria de la idea,
y, como ésta, se afirma o titubea,
y así es, claro o nublado, su semblante.
Pero sólo quien cándido la mira
contemplará su rostro, si es que gira
indefectible en torno de su amante.
Los Angeles, 14 de octubre de 2006
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Diálogo
Dame la mano y calla.
Nuestro diálogo, en cauce de silencio,
será río invisible que impulsivo
continuará fluyendo.
¿No has oído el lenguaje
de las corrientes de agua en su descenso
de juventud de sierra
a madurez de mar? ¿Su placentero,
sugerente murmullo,
apenas bisbiseo
de arroyo que aventura
primeros pasos sobre el campo quieto?
¿La voz alzada del torrente adulto
quejándose a las piedras del recuerdo?
¿El plácido suspiro de llegada
al mar, para yacer sobre su pecho?
Como la luz se enciende
al cerrarse el circuito, como el trueno
acompaña al relámpago, y las rosas
diluyen su fragancia por el viento.
Así mi todo baja por el brazo
y por el tuyo vienes a su encuentro.
Se intercalan dos almas en las manos
que se enlazaron, proliferan versos
que nadie ha escrito y nadie ha pronunciado,
y que los dos sabemos,
muda conversación apasionada
de amantes que dialogan desde dentro.
La palabra es bosquejo insuficiente,
inepto mensajero
transmitiendo su informe
en extraño, simbólico dialecto.
Dame la mano y calla,
que nos entenderemos.
Los Angeles, 15 de octubre de 2006

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En mis manos
Te has quedado en mis manos
como una alondra renunciando al vuelo,
con un tímido ensayo,
muy breve, de aleteo.
Te aferras a las palmas,
y te encierro en los dedos.
Eres más que una imagen,
mucho más que un recuerdo;
ungido estoy de tu fragancia, trazo
en el aire cada uno de tus gestos,
y tu último gemido
me lo repite el viento.
Te resbalo en mi rostro,
te reposo en mi pecho,
como el último día, sol y lluvia
golpeando el cristal, tú y yo en el lecho.
Más que el amanecer de primavera
es mágico el crepúsculo de invierno,
tiempo plomizo, sí, desapacible,
enmascarando el cielo,
tal vez la nieve en el balcón, la bruma
sobre el paisaje lúgubre, desierto…,
y el calor del hogar, las rojas llamas
en su festiva danza sobre el leño.
En una tarde tal, bien lo recuerdas,
tu piel al descubierto
fue en bandeja de sábanas servida,
y aceptada con todos sus secretos.
Recubiertas de ti fueron mis manos,
y aún tiemblas en las yemas de mis dedos.
No pareces estar en la distancia,
siendo tacto, latido y movimiento.
Los Angeles, 15 de octubre de 2006

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