| Poesía
del momento, Nº 110 b |
Segunda
de septiembre de 2005 |







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Ni el libro, ni la música, ni el sueño,
me separan de ti o te substituyen;
mis brazos son arroyos que confluyen
en un hueco de ausencia. Qué pequeño
el mundo en que no estás; me sobra todo;
todo también me falta al carecerte,
tú, tan parte de mí que al no tenerte
sólo a mi propia nada me acomodo.
Brevería Nº 1391
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Breverías
1396
Mi sombra es casi tú; me va siguiendo
sin despegarse de mis pies, testigo
callado de mis actos; no me ofendo
de su acoso metódico conmigo;
la considero parte de mi atuendo,
sin afectar cuanto ejecuto y digo.
Y tú, como ella, ni huyes ni protestas,
impasible a preguntas y respuestas.
1397
En aislamiento, en soledad hundidos,
amemos o no amemos, nos hallamos;
las manos que nos vienen, que buscamos,
no alcanzan más allá de los sentidos.
Cada uno tiene en derredor su zona
de autopreservación fortificada,
y no hay vuelo, ni túnel, ni calzada
que llegue al interior de la persona.
1398
El amor es el péndulo que oscila
entre el desinterés y el egoísmo;
en parte el mundo entero es uno mismo,
y en parte uno a sí mismo se aniquila.
1399
Qué distancia infinita nos separa…
Si en lo más íntimo de mí te escondes,
¿por qué a mi canto y queja no respondes
y se esfuman los rasgos de tu cara?
1400
A la orilla del río los juncos han temblado,
no por el aire limpio que apenas se apresura,
no por la luz radiante, no por el agua pura,
porque del fondo ardiente del alma me has llamado.
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Poemas
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1345 -
Amar, morir
Es el amor hermano de la muerte,
aunque se nos antoje de la vida;
ambos son el final de una avenida
que tanto enfila el débil como el fuerte.
Ensueña el alma. Cuando se despierte,
aunque nunca tal vez quedó dormida,
dentro del pecho sangrará la herida
que agonizando su esperanza vierte.
En el principio fue el aldabonazo,
después la invitación, luego el portazo:
la semilla, la espiga, la guadaña.
Nacer para morir, triste y vencido,
amar para la espina y el olvido,
sin saber quién al fin nos acompaña.
Los Angeles,
19 de septiembre
de 2005
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1346 - Liberación
Me pesa el alma de llevarla a cuestas,
como la cruz pesara al Nazareno;
hallaste en ella albergue, hija del trueno,
profusa en voces, mísera en respuestas.
En la noche sin luz, te manifiestas,
lámpara tenue, en el paisaje lleno
de sombras y temores. Te condeno
por la ambigua tibieza que me prestas.
Se quiebran mis rodillas con tu carga
sobre esta senda inútil que se alarga
indefinidamente y sin sentido.
Hoy voy a liberarme. Me sacudo
de una vez este lastre, corto el nudo,
te beso en la mejilla, y me despido.
Los Angeles, 20 de septiembre de 2005
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No
duermas
Se me duermen las manos, los ojos, en tu pelo,
apacibles palomas zureando en el nido;
soy rasgueo sedoso, manso, de violoncelo,
niebla que te flanquea los pliegues del vestido.
Te han peinado mis dedos en paulatino ascenso
de los hombros desnudos a la nuca encubierta,
y te has visto en el seno de una nube de incienso,
sin saber si dormías, o si estabas despierta.
No desciendas los párpados, no encubras la mirada
que observa el terso lago donde tu alma reposa;
déjame ver al fondo, tan vibrante y callada,
tu nueva adolescencia, madura y luminosa.
Que la vida no es ristra de experiencias y días,
sino un punto en el tiempo, sin ayer ni mañana;
en esa diana han dado tus flechas y las mías,
y tu espíritu al mío su dimensión hermana.
No duermas, no me dejes dormir en esta hora,
observa, piensa, siente, concentra tus sentidos
en la ardiente armonía, la fuerza creadora,
y la audacia que tienen sólo los elegidos.
Los Angeles, 22 de septiembre
de 2005

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1348 - Cambia
el tiempo
Mi amor fue ayer, pero no es ya, mi oficio,
hijo de la destreza de mi brazo
que, sobre el yunque, a fuego y martillazo,
lo forjó con idea de servicio.
Programa, horario, agenda…, y ejercicio
con más musculatura que regazo,
más que continuidad, a corto plazo,
y en vez de ofrenda, propio beneficio.
Cambia el tiempo; los tiempos me han cambiado;
mi corazón, antaño acorazado,
resbaló en vulnerable campo abierto.
Y alguien se lo llevó. Ahora soy ave
trenzando el nido en su balcón, soy nave
anclada en la escollera de su puerto.
Los Angeles, 25 de
septiembre
de 2005
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1349 -
En lentitud
Si ves mi amor como arrecife oscuro
ajeno a tu oleaje y su bramido,
quebrantando la espuma y, sumergido,
reaparecer indiferente y duro;
si lo juzgaras, más que puerta, muro
en torno a frágil voluntad erguido,
con inseguridades de vencido
e irremediable miedo del futuro;
si atribuyeras mi confinamiento
a desapego o entumecimiento,
y tomaras mi llanto por sudor,
habrás extraviado tu camino
sin encontrar en mí el barril de vino
que en lentitud madura su sabor.
Los Angeles, 27 de septiembre de 2005

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1350 - Insomnio
Las blancas horas de la noche niegan
las venturas que al sueño van adscritas;
tú que intangible en mi silencio habitas,
cuyas manos etéreas me navegan
conscientes sólo a mí, que se repliegan,
y avanzan, y poseen, que ejercitas,
lápices en mi piel, dejando escritas
trovas que mente y voluntad doblegan;
me cantas, y me arrullas, y te ofreces,
y en largo abrazo casi me adormeces,
niño colgado del pezón sedoso.
Prefiero en este punto mi desvelo,
soñando sin dormir, que alzar el vuelo
dentro de un sueño maquinal, tedioso.
Los Angeles, 28 de septiembre de 2005

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