| Poesía
del momento, Nº 107 b |
Segunda
de junio de 2005 |





Te escucharía al decrecer las luces
de las tardes de otoño bronceadas;
te escucharía sin interrumpirte
hasta nacer la aurora sonrosada;
te escucharía, la mirada fija
en tus ojos de sombra, que descargan
nuevas voces, a la otra paralelas,
no por mudas con menos resonancia.
Tú eres tu voz, que roza mis mejillas,
que estremece mi espalda,
que me penetra suave, lentamente,
como en el surco profundiza el agua.
Háblame, que te escucho,
que tengo más de ti en cada palabra.
Del poema "Háblame", 1 de julio 2001
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Breverías
1356
Cuando el sendero inmovilice el paso,
renunciando a seguir; cuando la tarde
niegue al sol su descenso hacia el ocaso,
y el león ante el ciervo se acobarde;
cuando el sediento, labio sobre vaso,
rechace el agua aunque la lengua le arde;
cuando este viejo mundo esté muriendo
de ineptitud, te seguiré queriendo.

1357
En el aire, en la luz, en el barullo
de aves, arroyos, árboles y fieras,
te veo, te oigo, claridad, murmullo,
tú, la mejor de tantas primaveras.

1358
He vuelto a abrirlos, tras haber sellado
mis ojos tiempo atrás, siervo del miedo;
y al verte tan espléndida, no puedo,
ni quiero renunciar a haber mirado.
Quizá la espada del dolor un día
me recluya de nuevo en la ceguera,
pero hoy tú has arrasado la barrera
que alzaran desencanto y agonía.

1359
Las cosas van, y vienen, y regresan,
en eterno retorno, nada muere;
se rompe un nexo si uno ya no quiere,
y vuelve otro a nacer si dos se besan.
No llores por ayer, habrá un mañana,
no hay desenlace hostil definitivo;
el hoy tiembla tal vez, pero está vivo,
y de tu propia esencia se engalana.

1360
No te confiero escalafón de esposa,
porque el amor es facultad de amante;
en aquélla se torna nebulosa,
pero es en ésta rayo fulgurante.
(Indice)
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Poemas
Voy a hablarte
Voy a hablarte en voz baja, como si te durmieras
dulcemente en los brazos que nunca te abrazaron;
como si mis palabras fueran enrededaderas
que al trepar por tus miembros los inmovilizaron.
Lo que voy a decirte, siendo susurro, es grito,
si adagio en el oído, martillazo a la mente;
tal vez te llegue al alma como clavel marchito,
como nota apagada, lenguaje indiferente.
O tal vez de tu sueño dorado te despierte,
golpeando tus párpados en cálido estallido,
tenue guiño de estrella fugaz que se convierte
en cósmica llamada sobre quien se ha dormido.
No sé si invulnerable y en reclusión habitas,
ignorando el entorno que su clamor proclama;
siendo tu alma diario de páginas no escritas,
siendo tu cuerpo asceta que no comparte cama.
Ya entiendas el mensaje que mi palabra encierra,
ya te parezca pieza de cristal o de acero,
me responda el silencio, la esquivez o la guerra,
voy a hablarte en voz baja, voy a decir 'Te quiero'.
Los Angeles, 18 de junio de 2005

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1298 - Bucólica
A orillas de ti estoy, junto a tu sueño,
tocándote al pasar, como la brisa;
tu solo atuendo cálida sonrisa
enmarcada en paisaje velazqueño.
Sola en el encinar, cielo abrileño
sobre tu piel desnuda, el tiempo pisa
en torno a ti como quien va sin prisa
por un mundo nostálgico, sin dueño.
Ni quiero ni me atrevo a despertarte;
duerme feliz; empiezo a acariciarte
con manos de aire, levedad de pluma.
Se arrullan en la rama las palomas,
y en suaves tonos, rústicos aromas
te envolverá mi corazón de espuma.
Los Angeles, 20 de junio de 2005
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1299 - Voces (I)
Sólo una voz me queda del pasado,
nido que desertara el estornino,
agua allende la piedra del molino,
rosaleda que el viento ha deshojado.
Las otras voces, carnaval dorado
en embriaguez de pétalos y vino,
abrieron un desvío en mi camino,
quedando de su acoso desgajado.
Esta voz, hilo tenue, vago lazo,
aun retiene el enigma del abrazo
que en su tiempo trenzó cable de acero.
Pero es sólo un enigma envuelto en duda,
voz sin palabra, tristemente muda,
sólo un eco en el aire pasajero.
Los Angeles, 21 de junio de 2005

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1302 - Es la hora
Ha tropezado sobre ti un amante,
cayó de bruces a tus pies, y llora
por ser, en el propósito, demora,
y en el arte de amar, sabio ignorante.
No es ya la edad del caballero andante
y la arcaica princesa, receptora
de dádivas y ritos, es la hora
de la nueva estrategia del instante.
Levántale del suelo, y agresiva
tome tu voluntad la iniciativa,
acaríciele el roce de tu voz.
Desanúdese al punto la atadura
del cíngulo que blinda tu cintura,
y abre de par en par el albornoz.
Los Angeles, 22 de junio de 2005
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