| Poesía
del momento, Nº 102c |
Tercera
de Enero 2005 |


Original
de

Francisco
Alvarez Hidalgo




-
Abre tus muslos a mi cuerpo, amiga,
en este sueño de ser hoy tu amante;
y al estrechar mi cuello entre tus dedos
sé festiva y afable.
Con la suave presión de tus rodillas
en mis costados, siento que renace
una pasión que irrumpe en mis entrañas
y a tí misma te invade.
Renueva sin cesar las pulsaciones
que llenarán todas mis cavidades,
y deja resonar el eco ardiente
de mis notas sensuales.
Enciérrame en tu abrazo, estrecha el cerco,
anúdame en tu lazo inextricable,
que como tú lo has hecho, amada mía,
nadie sabrá tocarme.
'El violoncelo', 1997
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Breverías
1295
Si la muralla que te circunvala
se agrietara algún día,
te dejaré una rosa en cercanía,
pero también te dejaré una escala.
La grieta no será más que un indicio
de tu intención de superar el muro;
yo al otro lado espero, y me apresuro
a ofrecerte la mano y su ejercicio.
1296
Me envías un abrazo. He de arroparme
en su estrechez de impúdico albornoz;
vendrá evocando el eco de tu voz,
que tiempo atrás también supo abrazarme.
Un abrazo no es sólo estrechamiento
de dos brazos que en otros se intercalan,
sino ocho extremidades que resbalan
en plena aceptación y ofrecimiento.

1297
Cayó el olvido desde arriba,
losa de mármol, ojos fríos,
y entre los brazos, hoy vacíos,
no se construye, se derriba.
1298
Tú por la puerta delantera entraste,
no es para ti la puerta de servicio;
en mi casa vacía, qué contraste,
que se llena de ti si te acaricio,
caricias que aún no llegan a tocarte…
Se me rompe la mente de pensarte.

1299
Destiérrame el silencio que me abrasa,
haz llover sobre mi tus cascabeles
de ligereza y miel, broten claveles
cuando a mi lado tu palabra pasa.
Di lo que quieras, pero dilo ahora,
que me duelen la luz, la nieve, el humo,
por cuanto en su mutismo me consumo;
si no te queda voz, bésame y llora.
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Poemas
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Camina mi calle
Bellas cadenas doradas
no dejan de ser cadenas.
La luz busca tus ventanas,
pero se estrella en la hiedra.
Tu casa es siempre tu casa,
ya de cemento o de perlas,
y en ningún caso procede
abjurarla ni venderla.
Pero hay plazas y avenidas
que recorrer, y hay estrellas
en la noche que nos guiñan,
en el bosque red de sendas,
y en el campo las espigas
esperando la cosecha.
Sal a la calle, mujer,
no lleves la casa a cuestas,
ni olvides que soy el viento
presto a enredarse en tus piernas,
y sobre tu piel desnuda
también yo puedo ser hiedra.
Ya volverás a tus lares,
al nacer de la tiniebla;
dame las horas del día,
en que mi sonrisa pueda
adherirse a tu sonrisa,
y logre imprimirte huellas
con las lenguas de mis dedos
y los dedos de mi lengua.
Camina mi calle, amiga,
cabalga mi piel sin riendas.
Los Angeles, 21 de enero de 2005
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1218 - Este incipiente amor
Tengo un amor sin estrenar. Ha habido
otros amores pálidos, fugaces,
si a veces efusivos, incapaces
de encender las antorchas del sentido.
Ardió la llama, sí, y hubo alarido,
y el hambre se instaló en fauces voraces,
pero al fin, arrancados los disfraces,
más parecieron esplendor fingido.
Este incipiente amor no arrastra huellas,
marcha en terreno virgen; las estrellas,
en su perenne vigilar, no han visto
promesa ni esperanza semejantes.
A tal amor que nos declara amantes,
rindo mi voluntad, y no resisto.
Los Angeles, 22 de enero de 2005

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1219 - Distribuye tu gozo
Deja que el fruto de la vid fermente,
alza la copa, embriágate del vino;
en las uvas dormita el torbellino
como las intenciones en la mente.
¿De qué sirve saber si no se siente?
Ejecuta y acepta el desatino
cuando en torno de ti me arremolino;
duerma la idea y la emoción reviente.
Desaparezca el orden apolíneo,
y en su anárquico embate curvilíneo
despiértense Dionisio y las Bacantes.
Si la vida discurre y se diluye,
detén el paso, exulta y distribuye
tu gozo como lo hacen los amantes.
Los Angeles, 24 de enero de 2005

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Y de pronto
Está lloviendo para mí, por mí;
y esboza el agua surcos en la cara;
otros rostros rebosan algazara
que yo en mi soledad no conseguí.
Unos, hijos del sol, yo, de la sombra,
en mi entorno mutismo radical,
y ellos en el clamor del carnaval
que sus títulos grita y no me nombra.
Y de pronto tu voz me galvaniza,
desmorona el silencio y esclarece
la tiniebla; mi afán rejuvenece,
y la herida en el alma cicatriza.
Ha cesado la lluvia, canta el viento,
mía es la luz, la altura y el color;
ha muerto el miedo, y mi único temblor
es por ti, que estremeces mi cimiento.
Los Angeles, 24 de enero de 2005

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1221 - Ángulo
Tiemblas como las ramas del abeto
recogiendo la nieve en su estructura;
desgarrará su blanca vestidura
el viento que en su torno gira inquieto.
He escudriñado el ángulo secreto
de tus muslos, su tibia arquitectura;
me apropiaré de su región oscura
como el viento, incisivo e indiscreto.
Su tersa palidez reclama el roce
de osada mano ajena que retoce,
progresando hacia el vértice escondido.
A ti voy, que sin voz me estás llamando,
mi tacto es firme y a la vez es blando,
respondiendo al compás de tu gemido.
Los Angeles, 25 de enero de 2005 
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1222 - Añoranza
Añorarte a diario es mi tarea,
envidiable quehacer el que mantengo;
de la mente al sentido voy y vengo,
te piensa aquélla y éste te desea.
Mi imperceptible abrazo te bordea,
e indefinidamente te retengo
para obtener de ti lo que no obtengo,
contacto, impulso, todo pura idea.
De mis dos corazones, el primero
no cesa de sangrar, mientras espero
la fecha en que el destino nos reúna.
El otro corazón, el subalterno,
late también por ti, tiene su infierno
de inútil rigidez inoportuna.
Los Angeles, 26 de enero de 2005

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