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| Poesía
del momento |
Marzo 2004 |




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- 1183
Ignorante de ti, tan ignorante
que sólo sé tu nombre,
nombre al que intento apellidar amante,
llegando a conocerte al fin como hombre.

- 1184
Ya lo enterré; murió sin decir nada,
porque no había nada que decir;
hay veces que quien no sabe vivir
debe aprender a abrir la retirada.

- 1185
He vuelto a ver la espalda de los sueños,
que sólo dejan verla al evadirse;
aunque siempre se van sin despedirse,
cuanto más arraigados, más risueños.
- Nunca lloré por ellos; me impartieron
música y luz, y una esperanza intensa;
ellos fueron mi sola recompensa,
no lo que se alcanzó, lo que ofrecieron.

- 1186
Candelabro de bronce, ahora truncado,
con la llama en temblor, agonizante;
duerma la llama enferma, y humeante
elévese el recuerdo estilizado.

- 1187
Tú y yo inventamos vuelos y corrientes
en la quietud de nuestro abrazo puro;
nos dejamos llevar, y no hubo muro
que aislara empeños, detuviera mentes.
- Dinamitamos el reloj, rompimos
los troqueles que el uso determina,
y al fondo oscuro de cada retina
un recíproco mundo descubrimos.

- 1188
Su voz ya no era voz, sólo era el eco
de palabras perdidas en la tarde,
tibio rumor de espíritu cobarde
arrastrándose en búsqueda de un hueco.
- No supo articular la despedida,
ni expresarla le fuera necesario;
era tan sólo un pobre mercenario,
que no supo de amor nunca en su vida.
- Breverías de
- Francisco Alvares Hidalgo
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