Carne
soy para el hambre de la fiera,
desgarrada, mordida estoy, sangrante,
no sé morir y arrastro agonizante
vida en fardos que nadie me aligera.
Aspiré,
siempre ilusa y a la espera,
a surtidores de agua refrescante,
sólo hallando mi copa rebosante
del fango que la sed no me atempera.
Ni ato
mis manos ni mis pies detengo,
reparto mis caricias, voy y vengo
por campo virgen o trillada senda.
Libre
soy, o me creo. Cuántas veces
el cáliz he bebido hasta las heces,
y cuántas más actualicé la ofrenda.
Los
Angeles, 4 de enero de 2004
-
-
- Soneto
Nº 1007
de
- Francisco Alvarez Hidalgo
-
-
