Los años
a la espera del abrazo,
fantasmas grises, hoy se han diluído;
tan prolongado fue, tan breve ha sido...
Qué consistente, inextricable lazo.
Ahora,
al partir de ti, me despedazo;
no obstante, nunca hubiera preferido
prescindir de encontrarte; he renacido,
y me ofrezco a vivirte a largo plazo.
Mi
noche se colmó de lunas llenas,
y saturaste el cauce de mis venas
de explosivas burbujas de champán.
Te
pienso más que ayer, y más te quiero;
y aunque vivo en dolor sin ti, prefiero
el alma y la razón tal como están.
Los
Angeles, 2 de enero de 2004
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- Soneto
Nº 1003
de
- Francisco Alvarez Hidalgo
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