La mañana
aromática revienta
de luz, color, rumores y descuidos;
se afina la canción de los sentidos,
la del alma enmudece soñolienta.
Puéblase
el aire de tomillo y menta,
las ovejas, esquilas y balidos,
acercan la distancia, y hay ladridos
leves sobre la senda polvorienta.
Viento
de ayer frenó en mágica brisa,
todo es serenidad, duerme la prisa,
casi la paz se toca con las manos.
La
crueldad es hoy misericordia,
y enmudece la voz de la discordia...
Hoy somos todos bajo el cielo hermanos.
Los
Angeles, 1 de enero de 2004
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- Soneto
Nº 1001
de
- Francisco Alvarez Hidalgo
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