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Cuando
escuches la voz que no quisieras
escuchar, porque es voz definitiva,
verás que el oropel que el tiempo archiva
es aventado al aire en mil maneras.
Fluctuante
estará entre dos riberas
tu espíritu en esa hora fugitiva,
mas no navegarás a la deriva,
que siguen ruta fija esas galeras.
Cuanto
viviste, amaste, padeciste,
pura sombra será, nada subsiste,
nada puedes llevar al otro lado.
Mas
la voz no ha gritado todavía;
ama, vive y no sufras, que este día
el único es que se nos ha otorgado.
Los
Angeles, 12 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 974 de
Francisco Alvarez Hidalgo
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