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No
has percibido el roce de la mano
que desmorona el alma a sacudidas,
deja sus energías abatidas,
y la desnuda de sabor pagano.
Ignoras
la endeblez del ser humano,
tan frágil en ausencias y partidas,
porque albergando en ti múltiples vidas
degradas lo magnánimo a liviano.
Las
manos que te rozan son rodillos
sobre tus superficies, o nudillos
llamando a alcobas íntimas vacías.
El
tacto que penetra y transfigura
ni soledad implica ni amargura,
y amarga y sola vivirás tus días.
Los
Angeles, 12 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 972 de
Francisco Alvarez Hidalgo
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