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Salta
mi beso al aire, sin destino,
sin saber para quién, ni dónde o cuándo;
permanezco en mis bases, esperando
que alguien tal vez lo encuentre en su camino.
En
esta urgencia de besar me obstino,
mientras se van mis ánimos diezmando,
absurdo gladiador, desenvainando
en vez de espada, apero campesino.
Sé
que el beso es objeto de conquista,
y allanado el terreno, es el artista
quien planifica, esboza y elabora.
Por
hoy dejemos el asedio a un lado;
recógeme ese beso emancipado,
y te daré una noche sin aurora.
Los
Angeles, 9 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 969 de
Francisco Alvarez Hidalgo
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