|
La
frágil rosa que en la noche ha muerto
no resucitará este mismo mayo;
silencio y sombra atenuarán el rayo
de un sol exuberante sobre el huerto.
Sólo
una vez se vive a cielo abierto,
y cada nuevo, compulsivo ensayo
de renacer, concluirá en desmayo,
más que vivir, sobrevivir incierto.
No
volverá esta rosa en primavera,
otra como ella, tan perecedera,
germinará sobre la misma rama.
Plena
de juventud y de belleza,
doblará en un florero la cabeza,
extinguiéndose al fin como una llama.
Los
Angeles, 5 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 955 de
Francisco Alvarez Hidalgo
|