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Un
contrato de mármol te firmé,
columnas sólidas en templo griego,
firme a los años, resistente al fuego,
no profanado por extraño pie.
Tu
contrato, ilegible, escrito fue
en agua, en humo, en aire, absurdo juego
del que en parte me culpo; no fui ciego,
vi su progreso, y no lo rechacé.
Hoy
paso a demoler la arquitectura
del templo que erigí; si hay amargura,
permanezca inhumada entre las ruinas.
Descienda
el agua sobre ti en tormenta,
tórnese humo la llama que te alienta,
gima tu aire perdido en las esquinas.
Los
Angeles, 1 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 953 de
Francisco Alvarez Hidalgo
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