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Me
sabes a fracaso; me sabías
desde que fuiste en mí sabor ligero;
al probarte mis labios, un reguero
de dudas, como pólvora, encendías.
Pero
escogí la fe de fantasías,
fe de alucinación, fe de extranjero
que nunca hallará patria, de granero
abarrotado de ánforas vacías.
Contradictoria
fe, duda y creencia,
vendar los ojos ante la evidencia,
y esperar que el fantasma se evapore,
sin
desandar ni detener mi paso;
más bien que mi revés, fue tu fracaso,
no seré yo quien esta muerte llore.
Los
Angeles, 13 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 977 de
Francisco Alvarez Hidalgo

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