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Para
la guerra el arma y el soldado,
y el botín, y el laurel de la victoria;
mas para el alma fiel, ni paz ni gloria,
el amor queda siempre derrotado.
En
su inocencia ha sido desarmado
de voluntad, análisis, memoria,
incapaz de estudiar su propia historia,
a merced de otras partes, maniatado.
Si
la rosa se escuda en las espinas,
el reptil se protege entre las ruinas,
la asustadiza liebre al guarecerse;
si
a los cachorros el león preserva,
si se ampara en veloz fuga la cierva,
¿por qué no sabe el alma defenderse?
Los
Angeles, 12 de diciembre de 2003
Soneto
Nº 976 de
Francisco Alvarez Hidalgo
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