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Original de


- ¿Quién eres tú, que afluyes a la
mente
- en tan extrañas formas y actitudes,
- con esa intromisión irreverente
- que provoca deseos e inquietudes?
- Este nuevo perfil, esta vertiente,
- sueños inéditos a los que acudes,
- me sorprenden tal vez, mas no me
espantan,
- y hacia ellos mis sentidos se
adelantan.

| Nº 79b |
2ª
entrega |
Febrero
03 |
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- Dos mujeres, un
hombre (Tríptico):
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- 1022
- He
llegado a tu límite, y lo toco
- con
mirada carnal, manos que miran,
- y
ahora tu nombre en un susurro
invoco
- de
palabras que besan y suspiran.
-
-
- 1023
- Todas
las sombras hoy se te acumulan
- bajo
la piel del alma, envenenadas;
- despedazan
el gozo a dentelladas,
- y
la ilusión más ágil estrangulan.
-
- Pero
nubes serán a la deriva
- que
no enturbian la luz de tu
semblante,
- triste
tal vez, mas no menos radiante;
- queda
la luz, la sombra es fugitiva.
-
-
- 1024
- Con
húmeda sonrisa, descendiendo
- por
cauces paralelos,
- muere
el amor a veces, desahuciado;
-
- no
muere el mío, aunque me estoy
muriendo
- de
ausencias y desvelos,
- llanto
en leve sonrisa camuflado.
-
-
- 1025
- ¿Quién
eres tú, que afluyes a la mente
- en
tan extrañas formas y actitudes,
- con
esa intromisión irreverente
- que
provoca deseos e inquietudes?
- Este
nuevo perfil, esta vertiente,
- sueños
inéditos a los que acudes,
- me
sorprenden tal vez, mas no me
espantan,
- y
hacia ellos mis sentidos se
adelantan.
-
- 1026
- Me
siento amado y esperado,
- e
irreversible es mi destino
- hacia
ese amor que se me ha dado,
- entre
lo humano y lo divino;
- aún
sin estar enamorado,
- hacia
él hipnótico camino;
- su
entrega es fiel, su abrazo, fuerte,
- su
paz no requerida. Muerte.
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- Índice
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- Sueño
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- Te
revestí de un sueño: Luz de luna,
- nubes
blancas, azul de mar y cielo;
- te
ofrecí la ternura de la cuna,
- y
apacibilidad de terciopelo.
-
- Te
llevé de la mano por senderos
- en
que el viento murmura fantasías,
- deseo
y sentimiento tan sinceros
- como
efusivas las palabras mías.
-
- Una
romanza te canté al oído
- teñida
en sangre ardiente de arrebato,
- con
acento de bárbaro alarido,
- y
ronroneo seductor de gato.
-
- Y
un manojo de rosas en ofrenda
- de
mi íntimo jardín te dio mi mano,
- y
ensombreció mis ojos una venda
- de
secesión de todo ser humano.
-
- Sólo
por ti avanzó mi pie en la tierra,
- sólo
hacia tu cintura fue mi abrazo,
- mi
pensamiento sólo a ti se aferra,
- y
hallo descanso sólo en tu regazo.
-
- Y
soñaste y soñé, y en ocasiones,
- se
duerme el alma, la razón
despierta,
- y
el tiempo es una banda de ladrones
- que
dejan la esperanza medio muerta.
-
- Qué
raciocinios el cerebro emplea
- que
el alma desconoce o desestima,
- y
con su fría lógica la idea
- la
piel del sentimiento roe y lima.
-
- Yo
también me refugio en este sueño,
- amordazando
el grito de la mente;
- y
contra toda sensatez me empeño,
- si
tú no estás, en ver el mundo
ausente.
-
- Pero
a veces el grito se rebela
- con
el impacto de un pistoletazo,
- se
me fractura el sueño, se me hiela
- la
fe, y en decepción me despedazo.
-
- Tal
vez me alzo de cara contra un muro
- que
me impide avanzar, tal vez lo
salto,
- reiniciando
el camino hacia el futuro...,
- para
yacer de nuevo en el asfalto.
-
- Este
sueño en azul que fabricamos,
- tan
puro y frágil, terso y doloroso,
- en
el que ambos reímos y lloramos,
- reducto
de fatiga y de reposo;
-
- este
sueño en azul, quietud y
estruendo,
- nos
acuchilla, y mata, y resucita,
- y
aunque con él vayámonos muriendo,
- con
él vivimos, y en nuestra alma
habita.
-
- Los
Angeles, 14 de febrero de 2003
-
- Índice
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- Dos
mujeres, un hombre (Tríptico)
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-
- 715 – Mujer Nº 1
-
- Como
el mar, su sonrisa ilimitada,
- un
despertar de aurora en el
semblante
- de
cielo azul de mayo, tan radiante,
- y
un claro ofrecimiento en la mirada.
-
- Cabalgando
llegó en la llamarada
- de
cálidos deseos; susurrante
- como
el aire al pasar su voz de amante,
- derramándose
en flor sobre la almohada.
-
- Cascada
lúbrica de ardor y mimos,
- silenciosa
vendimia de racimos,
- rastreos
en recónditas regiones.
-
- Y
al fondo de los ojos el anhelo
- de
detener las horas en su vuelo,
- y
prolongar tan hondas sensaciones.
-
- Los Angeles, 15 de febrero de
2003
-
-
-
- 716 – Mujer Nº 2
-
- Con
temblores de virgen te ofreciste,
- presta
la voluntad, aunque indecisa;
- si
bailaba en tus labios la sonrisa,
- un
haz de nervios la abrazaba triste.
-
- Al
fin apareció, como quien viste
- manto
de estrellas y en claveles pisa,
- flotando
sus cabellos en la brisa,
- y
en llama toda entera te encendiste.
-
- Nació
a la realidad tu fantasía,
- y
rodó la más suave melodía
- sobre
el vivo piano de tu piel.
-
- Teclas
desconocidas prorrumpieron
- en
trémulos acordes, que adquirieron
- savia
de nardos y sabor a miel.
-
- Los Angeles, 15 de febrero de
2003
-
-
-
- 717 - Hombre
-
- Me
ha visitado inesperadamente
- la
soledad. ¿Por qué en este
momento,
- si
hay aroma de rosas en el viento,
- y
un proyecto de besos inminente?
-
- A
veces, al llamarla, se hace
ausente;
- y
a veces, con brutal atrevimiento,
- me
sofoca en los pliegues de su
aliento,
- sumiendo
en niebla corazón y mente.
-
- Soledad
que apacigua y exaspera,
- mi
dulce, abyecta, eterna compañera,
- ¿por
qué hoy precisamente en mi camino?
-
- Lágrima
leve y alborozo mudo,
- y
un brindis de sonrisas para el
nudo
- de
vuestro íntimo encuentro
clandestino.
-
- Los Angeles, 15 de febrero de
2003
-
- Índice
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-
- 718
- Irak
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- Resuenan
los tambores de la guerra
- con
insistentes, tenebrosos ecos,
- al
gigante se aferran los muñecos,
- y
la paloma herida se destierra.
-
- De
nuevo son los pobres de la tierra
- carne
de fuego, como troncos secos,
- y
la cuadrilla de cerebros huecos
- en
la farsa política se encierra.
-
- Ambiciones,
venganzas personales,
- enarbolan
banderas nacionales,
- teñidas
de nobleza y democracia.
-
- Pero
un sólo pendón, la hipocresía,
- tremola
al viento sobre la jauría
- en
búsqueda tenaz de la desgracia.
-
- Los
Angeles, 15 de febrero de 2003
-
- Índice
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-
- Abrázate
al instante
-
- Cómo
te sangra el alma por los ojos,
- y
se extingue la luz de tu candela;
- sigue
uncida la noche a tu cintura,
- aunque
la aurora espléndida alborea;
- y
el día te resbala en la mirada
- cual
si cubierta de compacta venda.
- Mi
barco de papel, frágil, inerme,
- si
sobre el agua verdiazul navegas,
- te
ceñirás corona de naufragios
- bajo
el lastre oneroso de la pena.
- Tienes
gusto a amargura, la que nunca
- de
verdad te dejó, que tambalea
- cada
conato de sentar la planta
- sobre
la tierra firme de la entrega.
- Ese
tenaz recuerdo
- que
tus brazos estrechan,
- es
beso de humo, de aire,
- y
le quieres dar cuerpo, y no se
deja.
- Se
vuelve uno a mirar lo que ha
vivido,
- sueños
de oro tallados en la arena,
- rosas
que el viento deshojó, fatiga,
- treguas
rotas, estériles promesas;
- y
el pasado nos llama
- decorando
de flores sus miserias,
- sonando
bronces sobre la chatarra,
- dando
disfraz de gozo a la tristeza.
- Muerto
el ayer está, y hoy resucita,
- con
reiterada, joven persistencia,
- cada
momento que desaparece,
- verso
a verso engendrando su poema.
- Abrázate
al instante que amanece,
- sólo
al instante, con tesón, con
fuerza,
- que
fluye para ti como un arroyo
- de
corriente incesante, siempre nueva.
-
- Los
Angeles, 21 de febrero de 2003
-
- Índice
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-
- Si
me pidieras un hijo
-
- Si
me pidieras un hijo
- tal
vez no te lo daría,
- porque
me llama la muerte,
- y
a ti te llama la vida.
- Si
me pidieras un hijo,
- qué
tristeza, qué alegría;
- yo
al renunciar a sus ojos
- una
madrugada tibia
- cuando
doblen las campanas
- anunciando
mi partida;
- y
tú, al verme, sin mirarme,
- al
fondo de sus pupilas,
- y
sentir que os acompaño
- cuando
a su lado caminas.
- Si
me pidieras un hijo,
- tal
vez no te lo daría.
- Mi
voz, sin estar contigo,
- estaría
en su voz viva,
- y
en su rostro, iluminada,
- jugaría
mi sonrisa.
- Quizá
pensaras tenerme,
- qué
alegría, qué alegría,
- o
quizá mi negra ausencia
- te
coronara de espinas.
- Surgirían
sus palabras
- vacilantes,
pero en rima,
- como
gaviotas al viento,
- como
ramo de caricias.
- Y
allí estaría mi sombra,
- silenciosa,
dolorida,
- sin
más abrazo que el leve,
- leve
tacto de la brisa.
- Y
tú en el lecho, desnuda,
- desnuda
y estremecida,
- con
tu soledad de hierro
- limándote
las aristas.
- Y
allí estaría mi sombra,
- silenciosa,
dolorida,
- sin
más abrazo que el leve,
- leve
tacto de la brisa.
- Si
no te quedara un hijo,
- qué
triste y definitiva,
- qué
desoladora y muda
- mi
ausencia, mi despedida.
- Si
me pidieras un hijo,
- mujer,
yo te lo daría.
-
- Los
Angeles, 21 de febrero de 2003
- Índice
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-
- 719
- Mujer
-
- Seas
colega, amiga, esposa, amante,
- en
seriedad, silencio, o sonriente,
- seas
opaca, oscura o transparente,
- desorientada,
junto a mí o distante;
-
- seas
gregaria, rústica, elegante,
- tímida,
sosegada, vehemente;
- luzcas
bisutería indiferente,
- u
ostentosa presumas de diamante;
-
- esto
es la superficie desalada,
- el
humo que huye de la llamarada,
- la
campana que puede enmudecer.
-
- Tú
eres más, mucho más, eres la
herida
- que
sangra por el mundo, eres la vida,
- eres
sencillamente una mujer.
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- Los
Angeles, 25 de febrero de 2003
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- Índice
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