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Original de


Segunda entrega de Enero 2003


-
- Dame,
mujer, la mano, caminando conmigo
- por
la senda del tiempo, que es nuestra única senda;
- nada
es eterno, nada; sólo hay en nuestra agenda
- fechas
de días, meses, tal vez años; abrigo
-
- tanta
esperanza, tanta, tan pujante deseo
- de
abrir amplias mis puertas, dinamitar mis diques,
- implicarme
en tu vida, que en la mía te impliques,
- que
ya sólo en tu instante y en tu espacio me veo.



- 1007
- La
puerta es bienvenida, la ventana
es ensueño,
- con
la misma distancia de tacto a
fantasía;
- a
la puerta golpea persistente el
empeño,
- y
a la ventana el mundo muere de
lejanía.
-
-
- 1008
- No
sé si es el deseo de que me
hablen tus manos,
- o
el de gritar tu nombre con la piel
de las mías;
- pero
muerden mi vientre desvelos
cotidianos,
- y
las horas más bellas se me tornan
sombrías.
-
- Qué
diálogo de mudos desataremos,
tenso
- con
las ansias febriles de espera
anticipada;
- se
elevaran las almas en volutas de
incienso,
- y
exhaustos ambos cuerpos caerán a
la alborada.
-
-
- 1009
- Te
convido a estas lágrimas que me
has visto verter,
- con
sabor agridulce de naranja y limón;
- son
la expresión más pura que te
puedo ofrecer
- de
un amor que rebasa límites de
expresión.
-
-
- 1010
- Albérgame
en ti misma, sin carencias,
- como
la voz se hospeda en el oído;
- como
el agua en el vaso; sin ausencias,
- en
plenitud, sin huecos, sin olvido.
-
-
- 1011
- Te
copio en el recuerdo, mi diseño,
- mi
escritura, mi antojo, mi pasado;
- tu
perfil aparece en cada sueño,
- y
en cada despertar, en mí tatuado.
-
-
- 1012
- He
de remar tu cuerpo, de los pies a
la frente,
- sobre
la barca de oro de mi deseo en
flor;
- y
cuando inevitable la tempestad
reviente,
- naufragaré
en tu entraña, júbilo y
esplendor.
-
-
- 1013
- No
besaré tus labios en recámara
oscura,
- que
la sombra destila fragancia de
traición;
- sólo
a la luz, amada, la luz en que
perdura,
- de
mirada a mirada, la más clara
expresión.
-
-
- 1014
- Cada
nombre que invocas, en el eco me
alcanza
- multiplicado
en sombras tan amenazadoras...
- Lo
que antes fue guerrero blandiendo
única lanza,
- es
hoy avanzadilla de huestes
vengadoras.
-
- Qué
adusto es el recelo, qué prolífico
el miedo,
- cómo
extienden insidias, crean
interrogantes,
- y
transforman las torres del alma,
con su enredo,
- en
siniestra pirámide de ruinas
humeantes.
-
-
- 1015
- Los
surcos de mi tierra absorbieron
las semillas,
- y
en lágrimas de marzo, y en
caricias de abril,
- mis
espigas soñaban abrazos de
gavillas,
- y
coronas doradas bajo un cielo de añil.
-
- Pero
extrañas pisadas abatieron los
trigos,
- y
la mies esperada no alcanzó a
madurar;
- ay,
la esperanza hundida bajo pies
enemigos,
- y
el invierno de agosto, y el llanto
del pinar...
Índice
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- Venganza
-
- Ay
qué marea roja te sube por el pecho,
- desangrándote
el alma, nublándote la mente,
- qué
jauría de perros rabiosos al acecho
- te
cercan, sin que nadie te asista o
los ahuyente.
-
- De
la rosa amarilla, lánguida sobre el
vaso,
- arrancaste
los pétalos, dejaste las espinas;
- queda
el amor desnudo, al borde del
fracaso,
- y
tal vez caminemos al alba entre sus
ruinas.
-
- Tienes
en ti una dosis de fuego y energía
- que
sostiene tu espíritu, mantiene
nuestro lazo;
- si
abrazas la tiniebla de tu rabia
sombría,
- restringes
la firmeza de nuestro propio abrazo.
-
- No
puedes ir a un tiempo por ambas
direcciones,
- pues
si por una avanzas, por otra
retrocedes;
- púdranse
los cadáveres en grises panteones,
- y
en mí, pródiga hiedra, te dilates
y enredes.
-
- ¿Por
qué tanta porfía de acuchillar a
un muerto,
- aunque
su espectro a veces entre las
sombras vague?
- Abre
el puño, y cultiva con suavidad tu
huerto,
- y
proteje tu lámpara, que el viento
no la apague.
-
- Mira
más hacia dentro, donde contigo
estoy,
- ambos
podremos juntos cicatrizar tu herida;
- si
vas por el camino del odio y yo no
voy,
- una
parte en nuestra alma puede quedar
perdida.
-
- Hay
tanto que nos une, nada que nos
separa,
- concentra
en esto sólo las fuerzas de la
mente;
- que
no hay mejor venganza que una
sonrisa clara,
- ni
puñal más tajante que un porte
indiferente.
-
- Los
Angeles, 14 de enero de 2003
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- Odio
-
- Extinta
ya la última luz del alma,
- avanza
la tiniebla, fría y densa,
- disfrazada
de ardor; muere la calma
- en
su indecisa línea de defensa.
-
- Tímido
y débil, plácido sosiego,
- rinde
su plaza en actitud pasiva;
- yérguese
el odio, arrollador y ciego,
- amordazando
a la razón cautiva.
-
- A
corazón más insignificante
- mayor
rencor, encono más profundo;
- o
tal vez cuanto más intolerante,
- más
se restringe su pequeño mundo.
-
- Cólera
camuflada de firmeza,
- debilidad
en su raíz denota;
- más
odia el débil de alma y de cabeza,
- que
odia el fuerte que acepta la derrota.
-
- Y
tú no has sido en esto derrotada,
- que
tu enemigo yace en tierra muerto;
- muerto
por el olvido, no la espada,
- obstruído
el ayer, el hoy abierto.
-
- Garra
que axfisia en acritud, y oprime
- ternura
y emoción, y al fin las mata,
- porque
el amor por uno se comprime,
- cuando
el odio por otro se dilata.
-
- Qué
soledad absurda y tenebrosa,
- la
que el rencor inútil nos moldea;
- porque
se odia en los otros cada cosa
- que
dentro de nosotros nos asquea.
-
- Desprecia,
pero evita la venganza,
- ignora
en sequedad de indiferencia,
- y
salvaguardarás nuestra alianza;
- sin
ella, ¿qué tendrás? Frío y
violencia.
-
- Los
Angeles, 15 de enero de 2003
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- 707
- Duda
-
- Quiero
creer, desesperadamente,
- tantas
palabras que hacia mí vacilan
- ebrias
de incertidumbre, y se perfilan
- como
torvos fantasmas en la mente.
-
- Si
abro la puerta acogedoramente,
- en
desorden sonámbulas desfilan,
- y
astutas en mis tímpanos destilan
- la
toxina de plática elocuente.
-
- Veo
graves fisuras en sus bloques,
- que
no enmascaran parches ni revoques,
- y
el muro entero se programa en ruina.
-
- Ay,
si pudiera yo, arrimando el hombro,
- impedir
la miseria del escombro
- que
en cada nueva grieta se avecina.
-
- Los
Angeles, 17 de enero de 2003
- Índice
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- Olvidado
de ayer
-
- Antes
del frío beso de la muerte,
- tú,
mujer, mi penúltimo descanso,
- abres
la oferta de esperanzas verdes
- cerrando
en torno a mi perfil los brazos.
- Este
viejo velero, malherido
- de
las fieras borrascas de los años,
- en
tu dársena hoy lanza las amarras,
- punto
final de largo itinerario.
- Quiero
cerrar los ojos en tu orilla,
- abandonar
mi piel sólo a tus manos,
- y
cerrar el baúl de la memoria;
- a
quedarme he venido, no de paso.
- En
la tersa, radiante superficie
- de
tus aguas yacer, balanceando
- mástiles
y velamen a la brisa,
- hundida
en ti la mole de mi casco.
- Cantarán
las sirenas a la aurora,
- zarparán
en su búsqueda otros barcos,
- y
rodará la voz, sobre las olas,
- de
horizontes azules y lejanos.
- Unos
quizá en exuberancia vuelvan,
- otros
serán madera de naufragio;
- olvidado
de ayer, yo estaré asido
- al
remanso de paz de tu costado.
-
- Los
Angeles, 18 de enero de 2003
- Índice
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- 708
- Grito
-
- Alzo
en la noche silencioso grito,
- perdido
fuera de mis soledades,
- sólo
resuena en las concavidades
- del
alma que me habita, y en que habito.
-
- Mi
voz clama tu nombre, a él me limito;
- con
él no hay confusión ni ambigüedades,
- pues
las más entrañables realidades
- que
forman tu entidad en él visito.
-
- Al
llamarte, mi sangre te reclama,
- y
el alma, compulsiva, se derrama
- como
un río incapaz de detenerse.
-
- Y
como el río arrastro tu paisaje,
- y
ese es el íntimo, integral mensaje
- que
de mi grito puede desprenderse.
-
- Los
Angeles, 18 de enero de 2003
- Índice
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- Tu
rostro
-
- Tu
rostro no refleja la realidad del
mundo,
- refleja
solamente tu propia realidad;
- el
mundo no es tan bello, tan denso,
tan profundo
- como
el milagro ardiente de tu
sensualidad.
-
- De
amor desnudo, el mundo se reviste de
frío,
- es
un globo sin brazos, en rotación
constante;
- esfera
llena de aire, tan banal, tan vacío,
- que
es la antítesis hueca de tu propio
semblante.
-
- Veo
en tu aspecto el soplo de divina
destreza
- que
no supo o no pudo o no quiso plasmar
- tanto
encanto en las formas de la
naturaleza,
- ni
en la noche del cielo, ni en el día
del mar.
-
- Y
no siento la acucia de mirar el
paisaje
- para
absorber belleza, percibir armonía;
- basta
la diligencia de emprender un viaje
- por
tu mirada inmóvil incrustada en la
mía.
-
- Los
Angeles, 18 de enero de 2003
- Índice
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- 709
- Redención
-
- He
descendido al Hades, rescatado
- del
reino de la sombra a Proserpina;
- y
un rayo abrasador de luz divina
- sobre
la frente de ambos ha estallado.
-
- Hice
de su cuidado mi cuidado,
- ella
mira a través de mi retina,
- y
si la sinrazón se arremolina,
- la
sensatez disipará el nublado.
-
- No
dejaré que a lobreguez regrese,
- donde,
como antes, sólo explore y bese
- la
imagen del dolor enlagrimada.
-
- Yo
la rodearé de primaveras,
- y
mis brazos serán enredaderas
- en
su contorno de alma liberada.
-
- Los
Angeles, 21 de enero de 2003
- Índice
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- Aflicción
compartida
-
- Para
ti llevo un alma de espuma,
ilimitada,
- sin
montañas que obstruyan la vista,
como el mar;
- una
llanura blanda, tersa, verdiazulada,
- donde
tus largos ríos puedan desembocar.
-
- Amargos
ríos turbios, de corriente
sangrienta,
- vertederos
de tanto dolor y desengaños;
- cuyo
rumor no canta, sino más bien
lamenta
- los
miedos de mañana, los fracasos de
antaño.
-
- Deja
que huyan del antro de la oscura
memoria,
- desde
las frías sombras hacia la claridad;
- y
tu historia en mí fluya, deviniendo
mi historia,
- y
te diluyas toda sobre mi inmensidad.
-
- No
hay entrega más firme, más
absoluta y pura,
- que
el abrazo que extiende su más vivo
dolor;
- la
aflicción compartida no es tanta
desventura:
- Si
me das tu sollozo, me estás dando
tu amor.
-
- Los
Angeles, 22 de enero de 2003
- Índice
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- Tal
como eres
-
- Manténme
en la ignorancia, pero dímelo todo,
- que
agonizo al saberlo, y la omisión me
aflige;
- ya
ves, es mi destino sufrir de
cualquier modo,
- pues
si la mente cede, el corazón exige.
-
- Dame
sedoso pétalo, no espina lacerante,
- que
estoy enrojecido de sangre derramada;
- pero
no, no me exhibas sonrisa en el
semblante
- si
el alma herida llevas del filo de
una espada.
-
- Que
al oir tus palabras y al percibir tu
canto
- vibre
en mí, y en ti vibre, campana de
cristal;
- pero
que también doble por el dolor y
llanto
- de
haber perdido tantas rosas de tu
rosal.
-
- Tal
como eres te quiero, sombras y
resplandores,
- alborozo
y tristeza, delirio y desaliento,
- susurros
apacibles, redobles de tambores,
- cuanto
me aporte calma, éxtasis o tormento.
-
- Y
si al amarte entera, si al aceptar
lo que eres,
- a
veces de lamentos o sangre me
revisto,
- me
iré muriendo un poco, como tú
misma mueres,
- pero
entretanto, vivo; sin amor sólo
existo.
-
- Los
Angeles, 23 de enero de 2003
- Índice
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- 710
- Te
amé
Te amé bajo la lluvia persistente,
- sobre
la verde hierba en la colina,
- en
el atardecer que se reclina,
- y
al alba despertándose indolente.
-
- Te
amé en la noche densa y absorbente,
- cuando
en silencio el alma se ilumina,
- y
de día, a la sombra de la encina,
- y
en el mar, en el aire, en el
torrente.
-
- Donde
mi evocación te convocaba,
- allí
emergías tú, y allí te amaba,
ensoñación tornada en realidad.
Tanto te amé, mi dulce amor lejano,
- que
percibía el toque de tu mano,
- y
olvidaba mi hueca soledad.
Los
Angeles, 25 de enero de 2003
Índice
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- 711
- Este
instante
-
- Para
el amanecer quedan cien horas,
- o
tal vez diez minutos solamente;
- detén
la idea, impide que la mente
- precipite
en el alma las auroras.
-
- Este
momento prófugo en que lloras,
- este
soplo de tiempo insuficiente,
- tórnese
inmóvil como lo es ardiente,
- o
alárguese en penumbras soñadoras.
-
- Será
en ti la alborada falsa vida,
- resurrección
inversa en que la huída
- no
es del morir, sino a la misma muerte.
-
- Aférrate
a este instante, no hay mañana;
- si
la luz te llamara a la ventana,
- diré
que duermes, y se irá sin verte.
-
- Los
Angeles, 27 de enero de 2003
- Índice
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