|












|

Original de

Primera entrega de Enero 2003

- Siento estallar tu
nombre en mis entrañas,
- en voz de grito, en
tono de murmullo;
- evoco tu presencia, en
ti me arrullo,
- y sin estar contigo, me acompañas.



- 1001
- No
quiero más remota lejanía
- que
la que veo al fondo de tus ojos:
- un
horizonte azul que desafía
- soledades,
obstáculos y enojos,
- mi
perenne reflejo, mi osadía
- a
tu puerta carente de cerrojos,
- y
nuestra firme fe en que la distancia,
- aunque
cruel, es sólo circunstancia.
-
-
- 1002
- En
las vastas llanuras desoladas
- de
la nostalgia, vagabundo y ciego,
- mis
esperanzas han sido diezmadas
- y
agonizante yace mi sosiego;
- cuanto
más hacia ti van mis pisadas,
- más
lejana pareces, menos llego.
- Al
arco iris de tu abrazo acudo,
- y
más que abrazo me parece escudo.
-
-
- 1003
- En
alquiler se te ha dado la Tierra,
- y
habrás de rendir cuentas al partir;
- el
mar es tuyo, y cuanto el mar encierra
- corresponde
a tu ingenio descubrir;
- pero
ay de aquél que se declara en guerra
- contra
el entorno que no sabe huir.
- Sobre
él han de caer las maldiciones
- y
el látigo de cien generaciones.
-
-
- 1004
- Tú
a mí, yo a ti, son pétalos de rosa,
- como
labios abiertos, perfumados,
- de
sonrisa sensual, labios callados,
- donde
el beso crisálida reposa.
-
- Madurarán
tus labios esa vida
- que
cálida se anuncia y palpitante;
- y
besarán los míos tu semblante,
- inversamente
sobre ti tendida.
-
-
- 1005
- Lentamente,
mi dulce exploradora,
- en
fluctuante suavidad de tacto,
- con
el roce impulsivo, el mimo exacto,
- desafiando
la ansiedad que implora.
-
- Sinuosa,
implacable, progresiva,
- con
la elasticidad de la serpiente,
- rastreando
la piel, que te consiente,
- extática
de ti, de ti cautiva.
-
-
- 1006
- Siento
estallar tu nombre en mis entrañas,
- en
voz de grito, en tono de murmullo;
- evoco
tu presencia, en ti me arrullo,
- y
sin estar contigo, me acompañas.
|
|
|
|

- 702
- Tibieza
-
- Están
mis ojos de tu imagen llenos,
- mis
palabras desbordan tus oídos;
- y
aunque hoy te llegan todos mis latidos,
- me
amabas más cuando te amaba menos.
-
- Alejaré
mis labios de tus senos,
- silenciaré
el rumor de mis gemidos,
- dejaré
voz y tacto adormecidos,
- y
a mis impulsos dotaré de frenos.
-
- No
caerá el andamiaje en que me elevo
- para
erigir tu fábrica; te llevo
- tan
vinculada que no sé negarte.
-
- Pero
al enmudecer, al retraerme,
- tal
vez te grite el alma y logres verme
- en
plenitud de mí, sin entibiarte.
-
- Los
Angeles, 3 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Mujer
en la playa
-
- Mujer
en la penumbra de la noche,
- arrastrando
tus huellas en la playa,
- absorbiendo
el monólogo insistente
- del
mar brumoso que hacia ti resbala;
- sin
más luz que la luna vergonzosa
- camuflando
su rostro de fantasma,
- y
las farolas tímidas del muelle
- columpiando
sus luces en el agua.
- Sin
prisa vas, pero la mente inquieta
- alas
de viento tiene y se desata.
- Misteriosos
amores de horizontes,
- los
que te piensan con mirada clara,
- o
sumergen sus vidas en tu vida,
- o
te rasgan el alma y la desgastan;
- los
que te añoran sin que en ellos pienses,
- los
que maduras sin que en ellos nazcas.
- En
esta noche oscura vienen todos,
- con
cada golpe de ola, cada ráfaga
- de
viento sacudiendo tus cabellos,
- cada
rumor que la quietud quebranta.
- No
sé si es paz lo que en tu pecho anida,
- o
congoja de un nudo en la garganta,
- o
agonía, arrancándote a pedazos,
- el
último vestigio de esperanza.
- Pero
en la noche trazas tu sendero
- sobre
la húmeda arena de la playa
- como
quien huye de un pasado negro,
- sin
esperar la nueva madrugada.
- Aunque
este mar, galán de medianoche,
- tienda
su abrazo a ti en lúbrica danza,
- y
te llame su voz, fragor y estruendo,
- y
eche a tus pies una guirnalda de algas,
- que
la sonrisa de su leve espuma
- no
te seduzca en esta noche amarga.
- Mujer
en ciega reflexión sombría,
- no
te niegues la luz de la mañana.
-
- Los
Angeles, 3 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- 703
- Casa
rural
-
- Desatendimos
páramo y montaña,
- y
olvidamos el mar en nuestra cita;
- no
hubo Alhambra, Giralda ni Mezquita,
- y
hasta la primavera se hizo extraña.
-
- Casa
rural con talle de cabaña
- donde
el tiempo hierático dormita,
- donde
vive el silencio, y sólo grita
- la
efervescencia de la propia entraña.
-
- Llamaba
el sol a la ventana, el viento
- galanteaba
al humo soñoliento,
- cimbreante
y sensual sobre el tejado.
-
- El
fuego en el hogar, yo en ti absorbido,
- el
mundo externo inerte y en olvido,
- y
tú, mi entero mundo, a mi costado.
-
- Los
Angeles, 4 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Tu
milagro
-
- Me
rodean milagros,
- y
sin embargo habito lo mediocre.
- He
dejado muriéndose la rosa,
- y
el murmullo del río, y en los robles
- y
encinas del camino
- pasar
raudos los vientos al galope,
- para
enterrarme en la ciudad sombría
- de
luces de neón, cúbicos bloques;
- dado
la espalda al mar para encallarme
- en
plazuelas de anárquicos rumores;
- abandonado
el sol que en el ocaso
- tiñe
de intenso rojo el horizonte,
- por
la tibia penumbra
- de
callejas bordadas de faroles.
- He
abrazado el cemento, el hierro, el ruido,
- rechazando
el aroma de las flores;
- vivo
en papel, en plástico,
- y
aún escuchando voces,
- no
me producen el calor humano
- de
quien podría pronunciar mi nombre.
- Si
tú, si tu milagro se acercara,
- con
su mágico roce,
- y
mezclara su aliento con el mío,
- y
se abrazara a mí al llegar la noche,
- esta
ciudad sombría
- con
su tumulto disfrazado de orden,
- sus
mujeres anónimas,
- y
desabridos hombres,
- parecería
estar iluminada
- por
la luz deslumbrante de mil soles.
- Pero
sin tu milagro
- sigo
en la oscuridad, sigo tan pobre...
-
- Los
Angeles, 4 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Ascensión
-
- He
alcanzado la bóveda a que el alma
- rara
vez se remonta,
- y
floto arrebatado en el espacio
- de
su cámara cóncava.
- Repté
a veces columnas estriadas,
- envuelto
en las volutas caprichosas
- del
incienso elevándose en plegaria;
- me
acariciaron las solemnes notas
- del
órgano, al tocar los capiteles;
- y
en ocasiones deslicé mi sombra
- hacia
el vértice grácil de la ojiva,
- lanzada
al cielo en pétrea salmodia.
- Arido
esfuerzo, pródigo en sudores,
- al
que las lágrimas jamás afloran,
- producto
del subsuelo del afecto,
- más
que del corazón, de la memoria.
- Nadie
me dio las alas que me diste;
- volé,
volé por ti, blanca paloma,
- volé
contigo a anónimas alturas,
- que
ahora, por ti, mi medianoche nombra.
- Se
me perdían antes los recuerdos,
- y
ahora mi mente sin cesar te evoca;
- de
flores de papel orlé mi casa,
- sin
colores vitales, sin aroma,
- y
hoy sobre el vaso de cristal se curvan
- las
más fragantes y sangrientas rosas.
- Tú
me has resucitado
- en
esta azul, definitiva aurora,
- y
en ascensión me elevo a unas alturas
- donde
nadie, tan sólo tú te asomas.
-
- Los
Angeles, 5 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Ofrécete
a los lobos
-
- Los
placeres prohibidos han saltado
- los
muros de sus cárceles siniestras,
- y
en manada los lobos del deseo
- te
buscan y me siguen en la niebla.
-
- Se
impusieron confines a la carne,
- se
circundó la mente de cadenas,
- pero
hoy se agitan los desheredados,
- y
exigen su derecho y su parcela.
-
- El
tiempo del profeta se ha extinguido,
- inefectivos
ya sus anatemas,
- y
amanece el momento inevitable
- de
la embriaguez dorada del poeta.
-
- Lanza
el corsé estrangulador del alma
- a
las llamas, arranca la careta,
- que
las reglas de antaño ya no sirven,
- y
hemos de fabricarnos otras reglas.
-
- Un
nuevo orden está siendo erigido,
- los
valores del viejo están en quiebra,
- y
una mordaza se ha puesto en la boca
- de
los remordimientos de conciencia.
-
- Esa
caricia que en tu rostro nace
- no
es del ala del viento de la sierra,
- es
de la libertad recién nacida
- que
ve la luz, que antes estaba ciega.
-
- Ofrécete
a los lobos, a mis lobos,
- que
son también los tuyos. Despereza
- el
nervio adormilado, reconstruye
- la
voluntad sumida en aquiescencia.
-
- Los
placeres prohibidos, que sin leyes,
- corren
el campo libres de cadenas,
- taladrando
la noche sus aullidos,
- sobre
la hierba impúdicos te esperan.
-
- Los
Angeles, 7 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Desánimo
-
- Tal
vez te di las tijeras
- para
recortarme el tiempo.
- Los
racimos de las horas
- parecen
yacer deshechos,
- y
sólo escuálidos granos
- permanecen
en el suelo.
- No
sé si vas de la mano
- conmigo
por mi sendero,
- o
si eres sólo una sombra
- por
los campos de mis sueños.
- Se
entrelazaban ayer
- mis
manos en tus cabellos,
- mis
brazos en tu cintura,
- y
tus dedos en mis dedos.
- Hoy
entretejen mi trama
- aflicción
y pensamientos,
- el
dolor, rojo de sangre,
- y
los pensamientos negros.
- Te
quise con esperanza,
- con
desánimo te quiero,
- y
sigo viendo tu rostro
- al
fondo de cada espejo.
- Y
si un día se quebraran,
- aún
te seguiría viendo,
- gritándome
tu semblante
- cada
uno de sus fragmentos.
-
- Los
Angeles, 12 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Leve
sonrisa
-
- Ay,
tu sonrisa, gala vagabunda,
- arropada
en sutil melancolía,
- que
abandona el hogar, y extraviada,
- en
harapos de lágrimas camina.
- O
tal vez por veredas familiares,
- tantas
veces en niebla recorridas,
- por
donde el alma va sin encontrarse,
- por
donde viene sin saber que arriba,
- por
donde no verá sus propias huellas,
- sonrisa
errante, que no es ya sonrisa.
- Viene
y se va, bajo un imperativo
- de
rodar y rodar a la deriva,
- perdida
la frescura y la fragancia,
- lamento
ya, negándose a sí misma.
- Cómo
quisiera detener su fuga,
- frenar
su pie, llevarla de la brida,
- y
apropiarme su gesto y su sendero,
- leve,
insegura, efímera sonrisa.
-
- Los
Angeles, 12 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|

- Armas
de guerra
-
- El
amor es un campo de batalla
- donde
dos, si no tres, libran combate;
- y
habrá quien hiera, como habrá quien mate,
- y
habrá quien muera al pie de la muralla.
-
- Los
celos son relámpagos y truenos,
- en
el desdén hay sangre derramada,
- y
aún en los pliegues suaves de la almohada
- puede
haber cuchilladas y venenos.
-
- Puede
el amor ser íntima dulzura,
- como
puede ser tórrida agonía;
- puede
vibrar bajo la luz del día,
- o
refugiarse en noche de amargura.
-
- El
amor es inquieto, estremecido,
- con
temor de perder, con la ansiedad
- de
la ausencia, de su fugacidad,
- y
la sombra de muerte en el olvido.
-
- Lleva
el amor al puño arco de guerra,
- y
hay multitud de flechas en su aljaba;
- con
heridas empieza, y cuando acaba,
- en
sangre y sombra y muerte se lo entierra.
-
- Y
además de sonrisas, hay lamentos,
- y
además de ternura, virulencia,
- y
además de armonía, intransigencia...;
- tal
es el mundo de los sentimientos.
-
- Los
Angeles, 12 de enero de 2003
- Índice
|
|
|
|
|