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Original
de


- Vendrá,
tal vez, trayendo perspectivas
- que
tuve y olvidé, gocé y perdí;
- y
lucharé por mantenerlas vivas,
- y
me daré como jamás me di.
-
- Y
mi horizonte, que hoy desvanecido,
- se
perfila en silueta nebulosa,
- en
su presencia cobrará sentido,
- con
su línea quebrada luminosa.
-
- Volverá
mi paisaje a ser completo,
- en
mí, y en derredor, y en lejanía,
- colgada
de su cuello, su amuleto,
- muerta
la sombra de la noche fría.
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Número 76a |
Primera entrega
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Noviembre
2002
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- 965
- Me
refugio al abrigo del recuerdo,
- con
el empeño de abatir los muros
- que
me han impuesto tanta soledad;
- pero
en los sueños del ayer me pierdo,
- y
más aislado quedo, y más oscuros
- los
horizontes de esta realidad.
-
-
- 966
- Ladra
un perro lejano a la imprecisa
- sombra
sin voz, que al parecer se esconde,
- y
un motín de ladridos le responde,
- que
realidad tangible le improvisa.
-
- Un
rumor, una duda, una sospecha,
- aún
sin pies, andarán inapelables,
- clavándose
en el alma como sables,
- en
el alma, por siempre insatisfecha.
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-
- 967
- Ni
mares, ni mesetas, montes o meridianos,
- ni
kilómetros, millas, o quince horas de vuelo;
- dos
pueden estar lejos unidos de las manos:
- la
distancia está dentro del alma, no en el suelo.
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-
- 968
- Cuantos
miraste al pasar,
- algo
de ti se han llevado;
- y
algo de ellos ha quedado
- que
aún no has sabido aventar.
- Yo
deberé depurar
- cuanto
reposa en tu mente,
- y
recobrar diligente
- lo
que de ti se llevaron,
- que
es a mí a quien lo robaron,
- mientras
de ti estuve ausente.
-
-
- 969
- No
dejes, al hablarnos, que el recuerdo se evada,
- mendigando
limosnas de extraño o allegado;
- otros
podrán decirte la apariencia que agrada,
- yo,
que tu nombre llevo dentro de mí tatuado.
-
-
- 970
- La sombra
externa intimidar no puede
- si en el espíritu
la luz destella;
- la noche más
oscura es clara y bella
- si la luz
interior no retrocede.
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- Índice
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- 687 - Mi
lucha
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- En
guerra estoy contigo; te rodeo;
- no
tienes retirada, ni la quieres;
- mi
laurel es tu gloria; mis deberes,
- conciliar
tu deseo y mi deseo.
-
- Silenciosa
contienda que peleo
- de
idea a idea, por quien soy, quien eres,
- por
todo cuanto vives, cuanto mueres,
- por
la verdad que dudo y la que creo.
-
- Lucho
por ti y contigo, por hacerte
- enteramente
mía, sin perderte
- a
humo de ayer o sombra de mañana.
-
- Persistente
combate enardecido,
- sin
tregua, sin agravio, sin vencido,
- sin
la monotonía cotidiana.
-
- Los
Angeles, 1 de noviembre de 2002
- Índice
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- Piernas
de mujer
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- Dos
columnas sostienen tu universo
- sobre
móviles, leves pedestales;
- Atlas
no lo podría hacer mejor;
- y
entre sus capiteles me disperso,
- derramando
semilla en los umbrales
- de
tu alquería, yo, tu sembrador.
-
- Dos
columnas que avanzan paso a paso,
- pronunciándose
en ángulos agudos,
- firmes
y temblorosas a la vez;
- habrán
de progresar, en el ocaso,
- en
ángulos obtusos que, desnudos,
- ciñan
el arco de otra desnudez.
-
- Dos
columnas que al fin sobre la greda,
- la
sacudida erótica apagada,
- yacerán
en descanso horizontal.
- Convocado
el vigor que en ellas queda
- a
la voz de la luz de la alborada,
- se
erguirán en su propio pedestal.
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- Los
Angeles, 2 de noviembre de 2002
- Índice
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- Y un día te
hallará
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- Yo no soy sólo yo, que alguien me sigue
- como parte de mí, como yo mismo;
- alguien que se perfila y no se evade,
- aun siendo sigiloso y fugitivo;
- alguien tan fiel que permanece y calla,
- escoltando mis pasos clandestinos.
- Yo no soy sólo yo, soy yo y mi sombra,
- yunta que avanza en simultáneo ritmo
- sobre campos de vida, cuyas mieses
- acopiará la muerte en hórreos fríos.
- Me habré sentido solo, no lo he estado,
- compañía es mi sombra en el camino,
- dócil, leal, discreta, a mi remolque,
- sin pronunciarse en queja ni suspiro.
- Y un día, en mi descenso a las entrañas
- lóbregas de la tierra, en el preciso
- momento en que las puertas del reposo
- se abran para abrazarme, un remolino
- de protestas saldrá de mis talones,
- negándose mi sombra a estar conmigo.
- Y vagará perdida, desanclada
- de mi cuerpo, su cuerpo; su gemido
- horadará los aires, y otras sombras
- volverán, al pasar, ojos sin brillo,
- ojos tal vez de confusión o asombro,
- viéndola en ceguedad sin lazarillo.
- Y un día te hallará llevando a rastras
- tu propia sombra, y sin pedir permiso
- se fundirá con ella, en seguimiento
- de cuanto nunca pude llamar mío.
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- Los Angeles, 9 de noviembre de 2002
- Índice
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- Cuando
yo te hable
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- Son viento las palabras, pero envuelven las cosas;
- las ideas son agua, flúidas, cristalinas;
- los sentimientos nacen como nacen las rosas,
- para una muerte pronta, con sangre en las espinas.
-
- Cuando yo te hable, escucha, pero que los rumores
- de mi voz no te engañen, brumosa melodía;
- ni despiden aromas, ni revisten colores,
- ni hay sabor en su acento, tañido en lejanía.
-
- Cuando yo te hable, piensa, pero que los conceptos
- arropados al fondo verbal de los sonidos,
- no alteren el mensaje, que a veces son ineptos
- para exhumar los sueños en la razón dormidos.
-
- Cuando yo te hable, siente; siente el dolor del alma
- que, más que por mis labios, por mis ojos te grita;
- y el tumulto encubierto tras la aparente calma,
- y la rosa que llevo dentro de mí marchita.
-
- Cuando yo te hablo, digo más de lo que te digo,
- pues, sin saber decirte cuanto decirte intento,
- se me revienta el alma, trocándose en testigo
- de lo que no te digo, de lo que sólo siento.
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Los Angeles, 9 de noviembre de 2002
- Índice
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- Mar
de fantasía
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- Son
tus brazos abiertos súbitos manantiales
- brotando
en las vertientes doradas de tus lunas,
- el
cerco de tu abrazo me ciñe en espirales,
- mis
labios son gaviotas volando entre tus dunas.
-
- En
ese mar de fondo de tu vientre se agita,
- entre
rumor y espuma, cálida marejada;
- y
es el tacto en mis manos trirreme que transita
- sobre
relieve de olas, en rítmica avanzada.
-
- El
verdiazul del agua se fragmenta en la roca
- en
estallido blanco de insistente marea,
- pero
es tu superficie que, al paso de mi boca,
- como
el mar se encabrita, como la ola se arquea.
-
- Ni
viento que fustigue, ni calor que adormezca,
- ni
penumbra que enlute; quiero ser la energía
- pródiga,
exuberante, sensual, que te estremezca
- como
si fueras agua de un mar de fantasía.
-
- Los
Angeles, 10 de noviembre de 2002
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- Sombras
de ayer
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- Esa
memoria tuya
- que
no sabe mirar hacia delante,
- evocadora
de áridas miserias,
- de
lágrimas de sangre,
- e
ignora la sonrisa
- que
supo iluminar ciertos instantes;
- ese
recuerdo, espejo tenebroso,
- reflejo
fiel de las adversidades,
- rechazando
los rayos de la aurora
- que
un día despertó sobre el paisaje;
- ese
eco reincidente de lamentos,
- esa
canción de lúgubre mensaje,
- ese
invierno opresor de primaveras,
- ese
mundo vestido de disfraces...,
- ese
acervo de grietas y de sombras,
- castillo
en ruinas es, irreparable,
- donde
ayer se luchó, pero hoy no quedan
- opciones
de defensas ni de ataques;
- puente
desbaratado a nuestra espalda,
- que
se cruzó en el fuego del combate,
- y,
victoria o derrota, ya no sirve,
- se
fraguan otros planes;
- río
cuya corriente
- no
retorna a su origen, va a los mares.
- Ayer
amaneció, y hubo crepúsculo,
- y
la noche apagó luces y aves,
- y
nació un nuevo sol, y hubo tormentas,
- y
siguió el mismo ciclo el mismo cauce.
- Claridad
o tinieblas, ya ¿qué importa?,
- aconteció;
ya fuera honor o ultraje,
- el
pasado siempre es irreversible,
- nudo
gordiano a desatar por nadie.
- Vive
el presente, lo anterior ha muerto,
- vívelo
con su gama de contrastes,
- sueña
con el futuro, aunque no es tuyo,
- como
si tuyo fuera, y no te engañen
- las
tinieblas de noches o de eclipses:
- Si
el sol se oculta, tú no eres culpable.
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- Los
Angeles, 12 de noviembre de 2002
- Índice
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- Retorno
-
- Vendrá,
tal vez, trayendo perspectivas
- que
tuve y olvidé, gocé y perdí;
- y
lucharé por mantenerlas vivas,
- y
me daré como jamás me di.
-
- Y
mi horizonte, que hoy desvanecido,
- se
perfila en silueta nebulosa,
- en
su presencia cobrará sentido,
- con
su línea quebrada luminosa.
-
- Volverá
mi paisaje a ser completo,
- en
mí, y en derredor, y en lejanía,
- colgada
de su cuello, su amuleto,
- muerta
la sombra de la noche fría.
-
- Los
Angeles, 12 de noviembre de 2002
Índice
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- La sombra externa
intimidar no puede
- si en el espíritu
la luz destella;
- la noche más
oscura es clara y bella
- si la luz interior
no retrocede.

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